SEPTIEMBRE DE 1938 – LA FUNDACIÓN DE LA CUARTA INTERNACIONAL


Reproducimos el conjunto de artículos elaborados por Arthur Nicola, Laurent Ripart, Léon Crémieux, Michael Löwy, Penelope Duggan.


Este conjunto de artículos fue originalmente publicado como un centro de propagación en el periódico semanal l’Anticapitaliste del NPA en Francia. También disponibles en inglés en: IVP


Traducción: Martín Ochoa para PRT


INTRODUCCIÓN


Desde inicios de los años 30, los revolucionarios marxistas enfrentaban un reto: la herramienta creada tras la Revolución de octubre de 1917, la Internacional Comunista, había sido transformada en una rama de la diplomacia Estalinista, habiendo “purgado” los partidos nacionales, traicionado los levantamientos revolucionarios en China y conducido a una derrota sin combate en contra del Nazismo.


Reconstruyendo una Internacional


Desde agosto de 1914, ya había sido necesario, para resistir, la sumisión de los líderes de la Internacional Socialista a los gobiernos imperialistas. Entonces, menos de 20 años después, en medio de la guerra, cuando se dieron los levantamientos revolucionarios y el triunfo del fascismo, fue necesario reconstruir la organización internacional de revolucionarios militantes.


Lejos de limitarse a sí mismo a la red Bolchevique-Leninista, Trotsky y sus camaradas trataron primero, sin éxito, de reunirse con los “centristas” del departamento Londinense que había resistido el embate del Estalinismo y que había hablado a favor de la creación de una Cuarta Internacional. El propósito era reconstruir una internacional masiva. Era esencial para continuar el camino abierto por la Internacional Comunista en 1919 y para organizar firmemente de cara a la inminente guerra y a los levantamientos revolucionarios por venir. La Cuarta Internacional fue finalmente creada en 1938 con la esperanza de que un pequeño número de activistas reunidos pudieran crecen como venían haciéndolo, entre 1915 y 1919, alrededor de los internacionalistas.


Un proyecto con relevancia actual


La Cuarta Internacional no se transformó a sí misma en una organización revolucionaria de masas después de la guerra, pero la necesidad de construirla es una pujante aún hoy. El mundo ha sido sacudido en 80 años: la extensión y después el colapso del bloque Estalinista, Rusia ha regresado al sistema capitalista internacional, revoluciones en China y Cuba, guerras de independencia en colonias imperiales que condujeron a sus caídas. Todos estos sucesos, habían puesto en movimiento a decenas de millones de hombres y mujeres que buscaban el camino hacia una sociedad democrática libre de explotación capitalista y opresión, que satisficiera sus necesidades sociales. Los cientos de miles de mujeres y hombres que han sido sacados de sus hogares por guerras, el cambio climático, el calentamiento global, el surgimiento de nuevos grupos reaccionarios en varias partes del mundo vienen de la mano con el daño constante de las políticas capitalistas de austeridad.


Las tareas trazadas por los revolucionarios de 1938 están aún en la agenda, y depende de los activistas de hoy responder a ellos en los conflictos y movimientos sociales construyendo, así, de frente a los estrechos excesos chauvinistas, una fuerza política revolucionaria anticapitalista e internacional, que lidere la batalla feminista, ecológica, antirracista, antidiscriminación y que extienda la ambición del Manifiesto Comunista que inspiró la Primera Internacional. – León Crémieux





DE LA OPOSICIÓN DE IZQUIERDA A LA FUNDACIÓN DE LA CUARTA INTERNACIONAL


La fundación de la Cuarta Internacional no supuso solo la llegada de una nueva estructura: fue, además, el resultado de un proceso de lucha política que duró más de 15 años, liderado por Trotsky y la Oposición de Izquierda, de los Partidos Comunistas y la Tercera Internacional (de la que fueron expulsados), para la reforma de la Internacional fundada después de la Revolución de Octubre. Esta lucha política abrazó entera la política de Stalin y sus secuaces, desde la independencia de los partidos hasta la política agraria de la Unión Soviética.


En 1933, cuando Hitler ascendió al poder y Trotsky buscó reunir a todos los revolucionarios anti-Stalinistas, un bosquejo del programa para la Oposición de Izquierda apareció; “Once Puntos”, que se convertirían en la médula espinal del Programa de Transición publicados cinco años después. Estos once puntos resumían las preocupaciones centrales de Trotsky acerca de los Estalinistas. Uno de los puntos más importantes es, indudablemente, aquel sobre “la independencia del partido proletario, siempre y bajo cualquier condición”. En China, Stalin había obligado a los comunistas chinos a unirse al Guomindang, el partido nacionalista liderado por Chiang Kai-Shek, deformando la política de frente unido acordado en el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista. De esta alianza, la única cosa que emergió fue el desarme de los comunistas frente a la represión nacionalista durante la insurrección de Shanghái en abril de 1927: a pesar del lanzamiento de una huelga general y la toma del poder del principal pulmón económico de China, los comunistas fueron masacrados por las tropas de Chiang Kai-Shek, que ellos habían traído a la ciudad.


En contra del “socialismo en un solo país”


Otro de los puntos centrales en la lucha contra el Estalinismo fue la lucha por “el reconocimiento del carácter internacional y por lo tanto permanente de la revolución proletaria, el rechazo a la teoría del socialismo en un solo país”. De hecho, tan pronto se tomó el Palacio de Invierno, todo el partido Bolchevique tomó conciencia de la necesidad de extender la revolución a Europa y a todo el mundo; El Estalinismo, en su intento por liquidar la revolución, revisó todos los principios Marxistas mediante el establecimiento de la idea de que era posible establecer “el socialismo en un solo lugar”. Obviamente, este mito fue acompañado por la idea de que Rusia ya había entrado al socialismo, un mito desarrollado por una política económica que Trotsky describió como “oportunista” de 1923 a 1928, cuando Stalin apoyó a los campesinos ricos (kulaks) en contra del desarrollo de la industria, luego como “aventurada” entre 1928 y 1932, cuando la URSS se volvió contra los kulaks para marchar hacia una industrialización forzada.


Mientras estas batallas políticas se luchaban primero en el Partido Comunista de La Unión Soviética (PCUS) y en la Internacional Comunista, Trotsky fue rápidamente excluido: tan pronto era 1927, “el Viejo” era excluido del PCUS junto a la Oposición de Izquierda. Pero esto no impidió que los miembros de la oposición dejaran de considerarse a sí mismos como una fracción del PCUS y de la IC, con el objetivo de reformar el partido y la internacional, para poner a ésta última una vez más al servicio de la revolución. Contrariamente a lo que uno pudiera pensar, no fueron ni purgas ni asesinatos los que impulsaron a la Oposición de Izquierda hacia una nueva Internacional para la revolución. Cualquier fundación de una nueva Internacional, asumía que la anterior había sido superada por una prueba histórica tal, que mostrara que su bancarrota se había convertido en algo indiscutible. Y cuando se refiere a la total insolvencia del poder, significa la necesidad de su derrocamiento por la vía de la insurrección.


Insolvencia de la Tercera Internacional


La insolvencia de la Tercera Internacional ocurrió en 1933, con el ascenso de Hitler al poder: mientras el fascismo se apoderaba de Alemania, la KDP (Partido Comunista Alemán) simplemente se rindió sin pelear. Fueron derrotados sin luchar, y los comunistas, social demócratas y sindicalistas Alemanes fueron enviados al matadero bajo los culpables ojos de Stalin, cuyo política llamada “tercer período”, que llamó a los partidos social demócratas “social-fascistas”, prohibió todo posible desarrollo de un frente unido contra el fascismo.


Por lo tanto, un nuevo partido de la revolución era necesario, incluso en la URSS. En los países capitalistas, esto implicaba la necesidad de fundar nuevos partidos cuyas tareas serían las de luchar contra el Estalinismo, una nueva forma de reformismo contra-revolucionario. En la URSS, sin embargo, solo en el estado obrero de la década de 1930, aunque la tarea era también la revolución, su contenido era diferente, esencialmente político, ya que la Revolución de octubre ya había destruido la propiedad privada de los medios de producción.




LA CUARTA INTERNACIONAL COMO RESPUESTA ANTE LA GUERRA INMINENTE


La toma de poder por parte de Hitler en enero de 1933, condujo a Trotsky a poner en su agenda la creación de una nueva Internacional, no sólo porque la política seguida en Alemania por la Tercera Internacional hubiera demostrado el fallo de la burocracia Estalinista, sino también porque la victoria Nazi lo llevó a creer que la guerra era ahora inevitable.


Para Trotsky, el ascenso del fascismo solamente podía llevar a la guerra, la cual él creía que sería mucho más atroz que la de 1914, pero también pensaba que abriría posibilidades revolucionarias, si los proletarios hubieran tenido un líder capaz de guiarlas correctamente. Por lo tanto, el primer texto teórico de Trotsky para la breve historia de la Internacional, fue un panfleto sobre “La Guerra y la Cuarta Internacional”, que publicó en Junio de 1934 en varias lenguas para explicar que la guerra alzaría nuevas cuestiones sobre dirección.


Contra el “defencismo nacional”


Por supuesto, Trotsky fue parte del rechazo hacia el “defencismo nacional”, que había llevado a las secciones de la Segunda Internacional a mostrar solidaridad con su burguesía en 1914, al unirse a los gobiernos de la “Unión Sagrada”. Trotsky percibió esta misma lógica, renovada en la política de alianza de las “democracias” contra el fascismo que los gobiernos del frente popular habían puesto ahí con la bendición de la Segunda y la Tercera Internacional. Para Trotsky, esta posición solo podría llevar a los movimientos trabajadores a alinearse, bajo la máscara del conflicto antifascista, a las políticas de los estados imperialistas de Inglaterra y especialmente de Francia.


Mientras que rechazaba firmemente las políticas de “defensa nacional”, Trotsky consideraba que el “derrotismo revolucionario”, que había estado en el corazón de las políticas Bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial, ya no era un eslogan apropiado para la situación. El alzamiento de la resistencia al colonialismo y al imperialismo en los países en la periferia mostraba que no todos los nacionalismos podían ponerse al mismo nivel, lo que llevó a Trotsky a solicitar apoyo para el estado invadido de Etiopía por Italia en 1935, o la República China atacada en 1937 por Japón. Este mismo razonamiento también lo llevó a oponerse a aquellos que ponían al gobierno de la República Española y a los Franquistas al mismo nivel: aunque él consideraba que el proletariado debía mantener su independencia de clase, evitando mostrar solidaridad con los burgueses y así entrar al gobierno republicano, debería, de cualquier forma, apoyar menos el conflicto anti-Franco.


Sobre todo, las cuestiones de la URSS hicieron la situación mucho más compleja. Para Trotsky, era necesario proveer “apoyo incondicional” a la Unión Soviética, para que así, el proletariado no perdiera los beneficios de la Revolución de Octubre. Como quiera que sea, la insolvencia de su política alemana llevó a Stalin a buscar la alianza Franco-Británica, lo que llevó a la Tercera Internacional a alinearse con uno de los principales bloques Imperialistas. Estos elementos impusieron algo así como una orientación compleja, como Trotsky señalaba cuando replicaba a la Comisión Dewey, que le cuestionaba qué haría si la URSS entrara en guerra contra Alemania aliada con Francia: que era necesario desarrollar una política de sabotaje del esfuerzo de guerra en Alemania, mientras que en Francia se vería satisfecha con propaganda para la revolución proletaria.


Después del pacto Germano-Soviético


Estas cuestiones de la orientación se volvieron más difíciles cuando, solo cuatro semanas después de la fundación de la Cuarta Internacional el 3 de septiembre de 1938, las “democracias” rompieron con Stalin para concluir con Hitler los Acuerdos de Múnich que le entregaban la Sudetenland. Trotsky entonces entendió que la burocracia Estalinista buscaría la alianza con Alemania, y no se sorprendió ante la conclusión en agosto de 1939 del pacto Germano-Soviético que desestabilizó a los líderes de los movimientos obreros. Trotsky también entendió que el colapso de las tropas Aliadas en junio de 1940 era una redistribución de las cartas, enfatizando que la ocupación Nazi de la Europa continental creaba una situación de opresión que necesariamente permitiría el desarrollo de una legítima resistencia proletaria, social y nacional.


La complejidad de las contradicciones expresadas en la guerra representaba varios problemas de orientación para la nueva internacional, así como a todo el movimiento obrero. Decapitada por el asesinato de Trotsky en agosto de 1940, la Cuarta Internacional se encontraba en una situación aún más difícil porque la guerra hizo imposible a las secciones continuar contactándose. Mientras era “medianoche en el Siglo”, no estaba por lo tanto en posición de darle a los proletarios el liderazgo necesario que hubiera sido necesario para transformar la guerra imperialista en una guerra de clases, de acuerdo al objetivo que Trotsky originalmente había propuesto para la Cuarta Internacional. – Laurent Ripart




LA FUNDACIÓN DE LA CUARTA INTERNACIONAL: EL PROGRAMA DE LA TRANSICIÓN


Como preparación para el congreso de la fundación de la Cuarta Internacional en 1938, León Trotsky escribió un documento esencial: “La Agonía de Muerte del Capitalismo y las Tareas de la Cuarta Internacional”, conocido como el “Programa de la Transición”.


El Método de la Transición


Como todo texto político, tienen limitación que corresponden a un momento histórico específico. El más obvio es aquel que aparece en el título mismo del documento: la convicción de que el capitalismo está “muriendo”, que las fuerzas productivas han parado de crecer, que los burgueses están desorientados, y que no hay salida a la crisis económica. Como sea, Trotsky no cae en la trampa del “optimismo fatalista”: está plenamente consciente de que el capitalismo nunca morirá de forma natural. El futuro no está decidido, tampoco está determinado por “condiciones objetivas”: si el socialismo no triunfa, la humanidad experimentará una nueva y terrible guerra, y una catástrofe que amenaza a la civilización humana misma. Proféticas palabras… El Marxismo Trotskista atribuye un rol decisivo al “factor subjetivo”, a la conciencia y acción del sujeto histórico: “Todo depende de los proletarios”.


Lo que es importantísimo, incluso brillante, acerca del documento es un cierto método de intervención política, lo que podría ser llamado el medo de la Transición. Este método, que está inspirado en la experiencia de la Revolución de Octubre y los conflictos sociales de la década de los 20’s y 30’s, tienen como su punto de partida la filosofía de la praxis Marxista, que es, el entendimiento de que la conciencia social de los explotados, sus demandas concretas e inmediatas, condujeron a una confrontación con la lógica del capitalismo, a un conflicto con los intereses de la gran burguesía. Por ejemplo: la abolición del “secreto comercial” – o “secreto bancario”- y el control de los trabajadores sobre las fábricas; o la escala móvil de salarios y horas de trabajo, como respuesta al desempleo; o la expropiación de grandes bancos y la nacionalización del crédito. Una vez más, más de lo que nadie dice, lo que es decisivo en este documento es su acercamiento dialéctico, la “transición” de lo inmediato al reto del sistema.


Lo que inspiró el “Programa de Transición” de 1938 es, a pesar de las terribles derrotas y las crisis del movimiento obrero de la década de los 30’s, una apuesta racional sobre la posibilidad de una solución revolucionaria al punto puerto del capitalismo, en la habilidad de los trabajadores para concientizarse, a través de su experiencia práctica de lucha, sobre sus intereses fundamentales; en resumen, una apuesta en la vocación de los explotados y los oprimidos de salvar a la humanidad de la catástrofe y el barbarismo. Éste reto no ha perdido nada de su relevancia en éste comienzo del Siglo XXI. – Michael Löwy



EL CONGRESO FUNDACIONAL


La sesión plenaria del congreso fundacional tuvo lugar en un día, el 3 de Septiembre de 1938, en la casa de campo perteneciente a Alfred Rosmer, en Périgny, en los suburbios de París – aunque por razones de seguridad se dijo por algún tiempo que se había llevado a cabo en Lausanne.


El acuerdo en la necesidad de una nueva Internacional fue casi unánime en las filas de la Oposición Internacional desde 1933. Una “Carta abierta para la Cuarta Internacional” fue publicada, a petición de Trotsky, en 1935. Pero el fracaso en los intentos de reagrupamiento con organizaciones como el POUM o el IRMC (Buró de Londres), y las dificultades que planteaban las organizaciones Bolcheviques-Leninistas, fueron obstáculos para su proclamación en la Conferencia para la Cuarta Internacional en Julio de 1936, también con el argumento de que esta nueva Internacional carecía de un partido de masas, y de que la decisión sería malinterpretada. No fue sino hasta la conferencia de 1938 que se tomó éste paso.


Un congreso preparado por varios meses


Para el mismo Trotsky, “la celebración de esta conferencia es un gran éxito. Una tendencia revolucionaria intransigente, sujeta a persecuciones que ninguna otra tendencia política había soportado, ha mostrado de nuevo su fortaleza”.


Delegados representando organizaciones de once países – los Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, la Unión Soviética, Italia, Brasil, Polonia, Bélgica, Países Bajos y Grecia – proclamaron el “Partido Mundial de la Revolución Socialista”. El reporte del congreso lista como afiliadas a las organizaciones de los siguientes países: Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, China, Cuba, Checoslovaquia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Grecia, Indochina, México, Países Bajos, Noruega, Polonia, Rumania, Santo Domingo, Sudáfrica, España, Suiza, La Unión Soviética, Estados Unidos, Uruguay.


El congreso fue preparado con varios meses de antelación por una comisión, bajo condiciones de gran represión del movimiento, en particular el asesinato de Léon Sedov – Hijo de Trotsky – en Febrero, y el de Rudolf Klement, el secretario del movimiento, en Julio. La muerte de este último, está explicado en las minutas, impidió la distribución al Secretario Internacional del reporte que había estado preparando, habiendo desaparecido todos sus papeles al momento de su asesinato.


Adopción del “programa transicional”


Como quiera que sea, en su reporte introductorio, Vilain (El Francés Pierre Naville) insiste en el progreso real hecho a un nivel político desde la conferencia de 1936, particularmente a través de la intervención política de las secciones. Cita los juicios de Moscú, los Frentes Populares en Francia y España y la Invasión de Etiopía por Italia y la de China por Japón como Hitos. Como sea, él enfatizó que a nivel organizacional el Concejo General no podía funcionar debido a la dispersión geográfica de sus miembros y que el trabajo debía ser llevado a cabo por la Secretaría Internacional.


El texto más importante presentado en el congreso era de Trotsky, el Programa de Transición (véase más arriba). La discusión de este texto estuvo dividida en tres puntos: la cuestión de los sindicatos, en particular la cuestión de las huelgas con ocupación de fábricas en torno a las enmiendas propuestas por los Polacos; la cuestión Rusa, en particular la actuación de la burocracia basada en una enmienda por los Americanos; y la cuestión de la guerra y España.


El borrador fue adoptado con 21 votos a favor y uno en contra (aquel de Iván Craipeau quien, después de haber continuado estando activo en las sombras durante la guerra, dejó la Internacional en 1948).


“El Partido Mundial de La Revolución Socialista”


El borrador de los estatutos que enmarcarían a la Cuarta Internacional después de los años del “movimiento de la Cuarta Internacional” y el debate acerca de si se declaraba o no, no pudo ser preparado debido a la muerte de Klement. Como quiera que sea, un esbozo fue discutido y adoptado, proclamando así la fundación de “La Cuarta Internacional (El Partido Mundial de la Revolución Socialista)”. Los delegados polacos no estuvieron de acuerdo con esta proclamación de la Internacional pero afirmaron su lealtad y asumieron la responsabilidad de implementar sus decisiones.


Además de estos dos textos, el Congreso discutió “La Resolución al Conflicto de Clases y a la Guerra en el Lejano Oriente”, un texto sobre “El Rol Mundial del Imperialismo Americano”, y una serie de resoluciones sobre situaciones particulares en diferentes países, incluyendo una bien detallada resolución de las tareas de la sección francesa. También dirigió una carta a León Trotsky, y apeló a la organización de solidaridad mundial, particularmente con la clase trabajadora española.


La conferencia también hizo un pronunciamiento acerca de la juventud afirmando que “sólo el entusiasmo y el poder transgresor de la juventud puede asegurar el primer triunfo del conflicto”. Continua “a todas nuestras organizaciones juveniles, a todas nuestras secciones, nos dirigimos para decirles: solo podemos ganarnos a los jóvenes trabajadores para la Cuarta Internacional si hablamos su lenguaje, expresando sus aspiraciones, entregándoles una organización que es para ellos. No partidos políticos juveniles. ¡No academias para viejos jóvenes! Organizaciones luchadoras, ardientemente combativas involucradas con la juventud: en la fábrica, en los cuarteles, en los campos, incluso involucrado con sus entretenimientos, buscando imbuir todas las acciones de la juventud con voluntad para luchar que ya está latente y que sólo busca expresarse a sí misma”. Una conferencia de organizaciones juveniles que reunió a 6 países tuvo lugar un lunes 11 de Septiembre en París. - Penelope Duggan



Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional