¡El capitalismo va desnudo!


Imagen: Mario Rangel Faz


Andrés Lund


1. El ser humano, conviene recordarlo en estos tiempos aciagos, es un ser material, natural, vivo, entrelazado con la naturaleza y dependiente de ella. Por eso mismo, es un ser finito: mortal, con una vida breve y opciones existenciales limitadas. Es, también, un ser frágil: casi cualquier cosa afecta su organismo y hasta diminutos virus pueden disminuirlo, enfermarlo o hasta matarlo. Además, siempre vivimos expuestos a las contingencias, amenazados permanentemente por el caos que implica muerte y destrucción. Tal es la condición humana y los sueños tecnocientíficos que pretenden cambiar eso y eliminar nuestra finitud, sólo sueños son.


2. El ser humano es, asimismo, un ser social, inter y ecodependiente, que crea relaciones sociales, valores de uso e instituciones, comunidades de vida que funcionan como tentativas de cosmos que aseguren la existencia (humana y no humana) y nos protejan del caos amenazador para el cual todo es pasajero.


3. El capitalismo, se ve claramente ahora, no es un cosmos protector de la vida (humana y no humana) sino un caos instituido que amenaza toda forma de vida, que es incapaz de cuidarla, porque, decía Marx desde el siglo XIX, el Capital es el poder enajenado (ajeno al control social) de la Cosa muerta (mercancía, dinero, máquinas, mercado) que somete al trabajo vivo (el que permite la producción y reproducción de la vida) a su lógica productivista y consumista que sólo busca valorizar el valor, incrementar las ganancias, maximizar los beneficios y minimizar los costos, explotando sin límites a los seres humanos y a la naturaleza.


4. Hoy, que rebasaremos el millón de infectados por el coronavirus a nivel mundial, cuando la pandemia se acelera, cuando los políticos afrontan el dilema de escoger entre cuidar la economía y cuidar las vidas de la población trabajadora, el sistema capitalista, que funciona según Marx como un "sujeto automático", ya optó por la economía: por encubrir una crisis financiera intentando volver una crisis sanitaria en una típica crisis económica capitalista más, esas que sirven de purgas financieras, productivas y comerciales para continuar sus ciclos de relanzamiento económico, en donde solo los capitales más fuertes prevalecerán.


5. Para la pandemia se utiliza el mismo criterio: se trata de resguardarse y esperar a que pase, de modo que los que tienen recursos podrán aislarse y subsistir mientras que los que no los tienen y están más frágiles no prevalecerán. Una de las personificaciones más cínicas del Capital lo ha dicho abiertamente, el inefable Donald Trump, no como mera opinión sino como política oficial del que se supone es el país capitalista más poderoso del mundo, significativamente carente de un sistema de salud público.


6. Entre proteger a la población o a la economía, Trump defiende a la economía. Con desvergüenza, Trump ha dicho que la pandemia podría matar a 200 o 100 mil estadounidenses, esperando que sólo mate a 100 mil. En el falso dilema de escoger entre la economía (producción, distribución, consumo) y la vida humana, Trump y muchas otras lamentables personificaciones del Capital que tienen el poder político han optado por proteger a la economía: una economía enajenada  al servicio del Capital.


7. Ante ese falso dilema no se ve otra opción, la humana y anticapitalista: optar por la vida y la economía, es decir, poner la producción, distribución y consumo de bienes al servicio de la vida. Esto significa dedicar todo el esfuerzo productivo en los bienes básicos que se requieren para enfrentar la pandemia (hospitales, camas, equipo médico, medicinas, trabajadores) y para enfrentar la crisis económica (salarios, empleos, alimentos, servicios básicos), distribuirlos sin afán de lucro, de manera pública y gratuita, garantizando que llegue a todas y todos de manera igualitaria, sin importar la condición social, género, raza, nacionalidad...


8. ¿Por qué no se vislumbra esa opción por la vida en esta terrible crisis en donde miles, tal vez millones, ven en peligro sus vidas? Porque, decía Marx, vivimos en un mundo al revés, en donde la economía no funciona para la salud y la vida sino que éstas funcionan para el Capital. Por eso Marx hablaba de la necesidad de una revolución para superar al capitalismo: darle la vuelta al mundo al revés para poner la economía (y la política, y la cultura, y todo) al servicio de la vida. Para el que mire lo que ocurre en estos terribles días con ojos desengañados podrá observar el grotesco espectáculo del capitalismo desnudo.



Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional