Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Forjando una izquierda que lucha por el cuidado del planeta


Fernando Estañol Tecuatl


Cada día son más las voces que, desde todos los rincones de la Tierra, dan cuenta de la gravedad de la catástrofe ecológica en curso, así como también son cada vez más los movimientos sociales que emergen, se articulan y luchan por los cambios civilizatorios necesarios para frenar este proceso de devastación. Sin embargo, a pesar de dichas alertas y esfuerzos, el sistema capitalista continúa en marcha, acelerando su metabolismo intrínsecamente destructor de la naturaleza y arrastrando a la humanidad hacia condiciones ecológicas globales en que la vida como la conocemos tiende a deteriorarse.

En medio de esta alarmante situación, es indispensable desarrollar una profunda conciencia ecológica entre las masas trabajadoras que conformamos el 99% de la humanidad y que hacemos funcionar al mundo con nuestra labor. Dicha conciencia debe estar fundada en el reconocimiento de que nuestra especie es parte del gran entramado de la vida en el planeta; no su centro, su cúspide ni su propietaria. Más aún, debe reconocer que nuestra relación con la naturaleza es modulada por el tipo de relaciones sociales imperantes, las cuales deben ser radicalmente modificadas para permitir a su vez una relación más armoniosa con el planeta. Dichos planteamientos guía para la lucha por un mundo más justo son de importancia mayúscula, sobre todo desde la perspectiva que los movimientos ecologistas de izquierda enfatizan de diversas formas: si no ganamos la lucha por el planeta, no quedará nada por lo que luchar. Así pues, tenemos un límite no sólo en términos de la capacidad del planeta para sostener la vida, sino también del tiempo del que disponemos para frenar y mitigar la devastación ambiental.

La cuestión ecológica no es entonces algo que las corrientes revolucionarias podamos darnos el lujo de omitir, minimizar o subordinar mecánica y reduccionistamente a los aspectos de clase y género que configuran y atraviesan los principales problemas de la humanidad. Por el contrario, la centralidad de esta cuestión y la urgencia por resolverla imponen complejos desafíos en las luchas del día a día, los cuales van más allá del binomio: “desarrollar una perspectiva anticapitalista entre los movimientos ecologistas y promover consideraciones ambientales entre las luchas por los derechos y la emancipación de sectores oprimidos”. Es preciso tender todos los puentes necesarios y fomentar todas las sinergias posibles entre el conjunto de fuerzas sociales que podemos disputar y reorganizar el mundo.

Para asegurar y generalizar el cuidado de la naturaleza en la actualidad, es necesario desmontar y trascender la dinámica enajenada y destructiva del capitalismo global e instaurar en su lugar la regulación consciente del metabolismo de toda nuestra civilización mediante la planificación democrática de la economía, orientándola al bien común. Se trata entonces de una lucha indisolublemente ligada a la defensa y conquista de derechos laborales, a la autogestión, al cuidado del territorio y patrimonio biocultural, a la autonomía de los pueblos y a todo esfuerzo que lleva consigo el embrión de la revolución social para redistribuir la riqueza, colectivizar los medios de producción y suprimir la opresión hacia todo sector, grupo étnico o clase oprimida. Tal es la propuesta cotidiana de lucha y el horizonte histórico de construcción del ecosocialismo.

Así pues, en la Cuarta Internacional y en su sección mexicana, el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT), asumimos como un eje programático central el ecosocialismo, como guía para instaurar el cuidado de la Tierra para su disfrute común y equitativo por toda la humanidad, incluyendo a las generaciones futuras. Dicha orientación no solo plantea tareas y propuestas concretas para rubros como la biodiversidad, el manejo de recursos naturales, el calentamiento global, la contaminación y la soberanía alimentaria; sino que permea y relaciona todos nuestros campos de acción, articulándose con el conjunto ejes de nuestro programa comunista, tales como el internacionalismo, el feminismo, la liberación sexual, la autodeterminación de los pueblos y la democracia radical.

Considerando la complejidad ecológica y social que configura la crisis de nuestra civilización, tenemos claro que el ecosocialismo no puede concretarse bajo un esquema unívoco, que refleje únicamente las aspiraciones particulares de un sector en una sola región del mundo, como podrían ser los trabajadores varones blancos de Europa Occidental. Ello negaría no solo la gama de opresiones y adversidades que enfrentan de manera específica otros sectores en distintas partes del planeta, sino también la rica diversidad de propuestas, visiones y experiencias que la humanidad puede brindar para resolver problemas. En ese sentido, comprendemos que no existe un solo pensamiento ecosocialista monolítico, sino una órbita de planteamientos ecosocialistas que nutren y se nutren de las luchas cotidianas de mujeres, trabajadores urbanos, trabajadores del campo, pueblos originarios y demás sujetos en movimiento por la dignidad y por la vida.

Así, el programa ecosocialista del PRT no se limita a calcar las formulaciones de nuestros camaradas europeos y estadounidenses, sino que también abreva de las experiencias y propuestas de las resistencias indígenas y campesinas. Teniendo México una basta diversidad biocultural principalmente en ejidos y tierras comunales— y un importante porcentaje de la población campesina con una larga tradición de luchas, es estratégico que nuestra política impulse la defensa del territorio, así como el fortalecimiento y extensión de la propiedad colectiva como base para el cuidado de los bienes comunes. Esta orientación nos vincula con el movimiento agroecológico, desde el cual se construyen alternativas para la soberanía y seguridad alimentarias, la conservación y aprovechamiento sustentable de la biodiversidad, la coordinación —local, regional y global— de redes de productores y consumidores asociados, así como otros pilares de lo que aspiramos a que se convierta en la futura dirección planificada y democrática de la economía, con base en los recursos naturales disponibles.

Otra mención especial merecen las luchas en las ciudades por la democratización de la vida pública, por el beneficio de los servicios públicos —incluyendo al transporte ecoeficiente—, y por el acceso a espacios saludables para la convivencia y el esparcimiento; demandas que se articulan en un programa ecosocialista por la colectivización de la riqueza colectivamente producida, así como por la supresión de las diferencias entre la ciudad y el campo. Así mismo, hay mucho que aprender de los planteamientos ecofeministas, que clarifican el paralelismo y causalidad en las formas de opresión tanto entre humanas y humanos como de nuestra especie hacia la naturaleza; dotando de profundidad a nuestro análisis y planteamientos éticos, e impulsando desde ya transformaciones radicales desde el ámbito personal hasta el de los fundamentos mismos de la civilización.

Tales son algunas de las ideas centrales de nuestra orientación ecosocialista, de nuestra praxis como marxistas. Es desde esta visión que, bajo principios irrenunciables de independencia de clase, contribuimos a construir una izquierda capaz de disputar el presente y el futuro en todos los frentes a la oligarquía ecocida que hoy conduce a la humanidad a su autodestrucción.