La revolución es feminista ¡y es ahora!

Editorial

Bandera Socialista #3 Marzo 2020



8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Día internacionalista y feminista por excelencia. Día en que, durante los últimos años, congrega mundialmente a una marea verde, violeta y multicolor que no solo ha llegado para quedarse, sino que se extiende aceleradamente. El ascenso de la lucha de las mujeres es un acontecimiento mundial que, sin duda, está ya marcando por el curso de los acontecimientos políticos de la época. En sus propias expresiones e historias locales, a veces articulando movilizaciones masivas por la conquista del derecho al aborto; en otros siendo la primera línea de defensa de las extremas derechas (también en preocupante ascenso mundial), o siendo el catalizador de protestas populares contra las oligarquías neoliberales; un ascenso irreverente, cuestionador, contradictorio, pero sobre todo esperanzador que invita a pensar que la crisis, si se lucha, se acaba y a la rabia que genera tanto dolor, que si se organiza se transforma en victorias y promesas de futuro. En México, no cabe duda que el 2020 está iniciando con la puesta sobre la mesa de las demandas que las organizaciones feministas vienen levantando hace décadas: alto a la violencia patriarcal y plena garantía de derechos sexuales y reproductivos.


Y no es para menos, bien sabido es que México atraviesa una crisis de violencia muy profunda y desgarradora en la que ha tenido en los últimos años al feminicidio como una de sus más barbáricas expresiones. No sólo por el dolo y la crueldad de los casos que, gracias al movimiento de mujeres, a pesar de su cotidianidad, nos negamos a normalizar. Sino porque, también señalan las mujeres en las calles, los victimarios, sanos hijos del patriarcado, y contrario a cualquier retórica conservadora, dejan de ser “locos”, “bestias” o “enfermos mentales” para develarse como lo que son: hombres comunes y corrientes producto también de una sociedad patriarcal en crisis. Los claroscuros de esta conclusión son muchos y contradictorios, pero no hay más que afrontarla sin rodeos; apostar a procesos sociales de transformación profunda y de acción política organizada que minen las bases de la dominación capitalista y patriarcal. Horizonte que, por cierto, se antoja mucho más amplio que cualquier política pública o medidas estatales.


En paralelo, los derechos sexuales y reproductivos, a los que en este país se tiene acceso, no como derechos sino como condición geográfica o económica vienen también avanzando: lento (Oaxaca) y también con algunos contratiempos (Hidalgo). Pero es imposible separar la lucha contra la violencia patriarcal de la plena garantía de derechos para que las mujeres decidan sobre sus cuerpos, sobre aborto, sí, pero también sobre cómo relacionarse y cómo desarrollar una vida plena, que valga la pena vivirse. Garantía, por cierto, de la imposible cooptación de la rabia feminista organizada por parte de las derechas.

Como en otros países de Latinoamérica y el mundo es en las universidades donde se catalizan y articulan algunas de las expresiones vitales de este oleaje. Cuando las estudiantes rompen el silencio y denuncian a violadores, abusadores y violentadores no interpelan sólo a sus victimarios, sino también, poniendo en evidencia, a instituciones conservadoras, burocráticas, simuladoras, antidemocráticas y a la expresión transfigurada de los juegos de poder en escala nacional. No sólo es la UNAM, cada vez más universitarias de otras instituciones se articulan, denuncian, se organizan y sanan, construyen.


Es así que para el momento político actual en el país, los movimientos feministas y de mujeres se han venido constituyendo como una actriz central, indomable, en el escenario político, hasta hace unos meses monopolizado por el nuevo gobierno. Una aparición además intempestiva, no prevista por sesudos analistas políticos (hombres en su mayoría) de casi cualquier adscripción política. La sorpresa y miedo ha expuesto sin miramientos las carencias de los principales actores políticos del país. Por un lado, puso al descubierto tanto los límites de la experiencia lopezobradorista para darle un vuelco real a la tragedia mexicana, así como su incapacidad para posicionarse en un escenario en que sólo hay dos bandos. Pero también evidencia a la ridícula “oposición” institucional al gobierno de AMLO quienes, desesperados por su derrota en 2018, corren a alinearse hipócritamente tras de cualquier fenómeno que incomode al gobierno, mostrando solo su cara más miserable.


El peor error para medir el pulso de la realidad política mexicana es caer en las conspiraciones de propios y extraños, ya sea pensar que hay una “mano peluda” moviendo a miles de mujeres (infantilizándolas y despreciándolas como protagonistas de la historia de este país) o a poner en el centro la interpelación que hacen las mujeres al gobierno en turno (que como es este, sería cualquiera). El único resultado de lo anterior es, de nuevo, la invisibilización de las demandas feministas así como de las mujeres como sujetos políticos.


Por supuesto que las interpelaciones feministas y los ecos de la acción organizada de las mujeres en los últimos años también sacan a la luz las propias carencias de las culturas políticas y ciertas tradiciones de las izquierdas, incluida la socialista. Más allá del básico apoyo incondicional e integración de estas corrientes, como la que representa el PRT entre otras, al amplio y multicolor movimiento feminista, el momento nos exige más. Nos llama a repensar nuestras vidas políticas, a dejarnos interpelar en diálogo, con nuestro programa y ética política firmes, por el nuevo feminismo, a no atrincherarnos en nuestra memoria, sino a compartirla y volver a ella, reinterpretarla para construir futuro. El compromiso de las corrientes socialistas con el feminismo y las luchas de las mujeres no puede ser sólo alrededor de las fechas conmemorativas, nos llama a un esfuerzo de autocrítica permanente, sin la cual, no hay alternativas de izquierda posibles hacia el futuro. La revolución es feminista y es ahora.

Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional