Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Los resultados en EEUU, una primera impresión

November 14, 2016

 El resultado en las elecciones estadounidenses ha significado sorpresa y desconcierto. Cuando parecía que la victoria era para la candidata demócrata (apoyada por la mayoría de corporaciones estadounidenses, que por supuesto se terminarán acomodando a la nueva condición), el resultado final, sobre la base de votos de trabajadores blancos, pero no solo (1/3 de la votación latina, parte importante de mujeres, por mencionar algunas otras particularidades), abre una nueva situación mundial marcada, por ahora, por la incertidumbre. Una tragedia que puede devenir en catástrofe.

 

Incertidumbre por la poca claridad que hay sobre los verdaderos alcances del programa anunciado en campaña, más allá de declaraciones y retórica. La supuesta vuelta al proteccionismo, a “traer de vuelta” los trabajos, tiene para un país con tentáculos en todo el mundo una dificultad estructural de entrada. Incertidumbre por los bandazos del presidente electo en su campaña. Incertidumbre porque su torpeza y cretinismo pueden generar reacciones y complicaciones que alterarían el complicado “equilibrio” global entre potencias y abriría, hasta por caprichos menores, procesos regionales en el mundo aún mas trágicos que los que ya se viven, como por ejemplo, en Medio Oriente o en la cuenca del Pacífico.

 

El problema no se puede centrar en la figura caricaturesca de Trump, sino algunos de los personajes que empiezan a asomar la cabeza detrás de él. Destacadamente, por ejemplo, Giuliani quien en su momento instaló un estado policiaco en Nueva York (y asesor del Gobierno del Distrito Federal en el periodo de López Obrador).

 

Hay sin embargo dos cosas seguras de qué se puede esperar. Por un lado ataques directos a la población, a migrantes, mujeres, la diversidad sexual, y por supuesto, también a la clase trabajadora, incluida la blanca que le dio su voto. También parece asegurado que las expresiones más conservadoras, reaccionarias y fascistas (que nunca se fueron) tengan un mejor campo para desarrollarse y crecer. Apenas al día siguiente de la elección, violencia en calles y escuelas, amenazas de muerte y agresiones racistas, misóginas y homófobas se comenzaban a dar a lo largo de todo el territorio estadounidense. Sería, por ahora, una exageración pensar que los mas de 50 millones de votantes por el candidato republicano sean a la vez afiliados al KKK o similares, pero el resultado del 8 de noviembre les da a estos últimos un mayor margen de acción y un público sobre el cuál posicionarse.

 

Otros peligros a la vista ya están:  las amenazas de la desmantelación total de lo que queda de salud pública (que el programa obamacare, por ejemplo, ha engordado ya las bolsas de las grandes corporaciones de seguros), una ley nacional anti-sindical que volvería ilegales de facto a sindicatos en toda la Unión Americana, una reinversión en carbón, gas natural, más oleoductos y megaproyectos que atacan a los pueblos originarios y los recursos naturales de toda la población (como en Dakota), por mencionar algunos.

 

Se impone la pregunta, entonces de cómo se llegó a esta situación tan desastrosa. De poco ayuda, como bien apuntan los editores de la revista Jacobin, culpar al pueblo estadounidense. Esto no haría sino reafirmar prejuicios “los gringos son estúpidos” o pensamientos conservadores según los cuáles “cada pueblo tiene el gobierno que merece”. La respuesta más bien debe de enfocarse en los grandes capitalistas, quienes en su mayoría, y en un margen menor, “también perdieron”. 

 

Y es que, además del clima que el reaccionario discurso, xenófobo y misógino, de Trump, se está generando, paradójicamente, su triunfo refleja también la crisis del neoliberalismo, o al menos contra una forma de verlo. El apoyo, incluso de sectores de la clase trabajadora, al discurso que promete regresar al "proteccionismo" y acabar con los tratados de libre comercio, como el TLC con Canadá y México, además de la visión nacionalista reaccionaria (el nacionalismo de un país imperialista) converge con la insatisfacción de trabajadores que han perdido sus empleos y encuentran ciudades como Detroit convertidas casi en "ciudades fantasmas" por la política de desindustrialización (más bien reordenamiento industrial) de empresas que buscan lugares como México o países de Asia donde pueden explotar mano de obra barata. El discurso antimigrante tiene ahí también una base de apoyo al pretender culpar a los migrantes de la pérdida de empleos y derechos de los trabajadores de Estados Unidos.  

 

Cancelar los tratados de libre comercio (Canadá ha dicho estar dispuesto a "revisarlo"), traer a la empresas imperialistas de nuevo a Estados Unidos, incrementar los impuestos de importación de productos extranjeros a Estados Unidos, implican un giro en la política que ha sostenido durante varias décadas y que ha impulsado Wall Street (y que Hillary Clinton defendía su continuidad sin sobresalto alguno) y que aunque Trump cuenta con la mayoría del Senado y de la Cámara de Representantes no es seguro que pueda forzar rápidamente a realizar tal giro (más aún si se recuerda que la cúpula del Partido Republicano, que es quien tiene en realidad la mayor representación en el Legislativo, al final no estaba apoyando a Trump). Pero incluso si lograra realizar algunas de sus promesas de campaña, como la revisión si no cancelación de tratados de libre comercio, eso no implicará de inmediato recuperación de empleos y mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores que votaron por él. En los hechos, porque distintos sectores, como el agrícola industrial, depende en gran medida de trabajo migrante, no resulta tan fácil una deportación masiva (a pesar, a la fecha, de los anuncios de Trump que promete una deportación por millones); pero al menos, si precarizaría aún más el trabajo migrante, y que, por la dinámica del llamado mercado de trabajo capitalista, presionará los salarios generales a la baja.

 

Con TLC o sin TLC, la deportación de esa cantidad de trabajadores mexicanos -que habían ido a Estados Unidos por la falta de oportunidades en México- y la consecuente interrupción del envío de remesas (principal ingreso a México, incluso sobre la del petróleo) si no es que el bloqueo del envío de esas remesas, detonaría de inmediato una crisis en nuestro país de grandes dimensiones. Por supuesto, que el neoliberalismo y por tanto el modelo industrial (maquilador deslocado) empujados por el TLC también han sumido a México en un campo devastado en el terreno de derechos laborales y condiciones de vida.

 

El otro aspecto contradictorio del voto por Trump es la crisis del sistema político de representación. El discurso de Trump contra un sistema "amañado", controlado por Wall Street y con el desprestigio de partidos y políticos por igual permitía conseguir la simpatía de otro sector harto del "establishment" político que especialmente Hillary Clinton representaba. Y este es el otro afluente, el hecho de que Hillary Clinton, pese a los que llamaban a un voto por "el menos malo" no podía ser una alternativa creíble frente al desprestigio del "establishment" y de Wall Street que ya venía siendo denunciado desde el movimiento del Occupy . Esto explica, incluso, el impresionante hecho de que hubiera más mujeres votando por Trump que por Clinton (aunque fueran mujeres blancas mayoritariamente). Clinton no era alternativa creíble o confiable, incluso frente a un depredador sexual como Trump. La crisis del sistema político de representación en EU, incluso, se expresa también con la elección de Trump. Al final resulta que nuevamente, hay una discordancia entre el voto popular y el del Colegio Electoral, como en elecciones previas. En este caso, aunque sea por pequeño margen, pero en realidad Clinton tuvo más votos populares que Trump y sin embargo el mecanismo del Colegio Electoral, le otorga la Presidencia a Trump.

 

El sistema político predominante en EU desde siempre, está en crisis. El bipartidismo, el Colegio Electoral, el control de Wall Street están cuestionados por varios lados y deformadamente el triunfo de Trump lo expresa. Lo que no  hay claro todavía es una alternativa  democrática y de clase frente a ello. Sin embargo, es significativo que en esta campaña (especialmente en las internas del Partido Demócrata) se expresara ya una opción que abiertamente hablaba de nuevo de "socialismo" y que contara con amplias simpatías entre la juventud. La candidatura de Bernie Sanders, independientemente de que al final se haya plegado a votar por Clinton, refleja también los cambios políticos que se están avanzando en la conciencia de la juventud y los trabajadores estadunidenses, el rechazo al "establishment" político, pero también a Wall Street. Ese cambio en la base de la sociedad, que se ha expresado nuevamente, durante varios días consecutivos, en las protestas en muchos lugares de EU contra Trump es una posible luz en el camino para una reorganización y fortalecimiento de la clase trabajadora y la izquierda socialista en nuestro país vecino.

 

La elección de 2016 ha sido marcada por el odio y el desprecio. No fue una competencia de convencimiento, sino una lucha por ser los menos odiados. Los votantes a Clinton, eran mas bien votantes anti-Trump y viceversa. El llamado establishment entró en crisis desde 2008; ellos, sus ganancias, salieron de la crisis, el pueblo trabajador no. Ellos, apostaron por continuidad, Donald Trump se supo vender como una novedad “outsider”, cuando por supuesto, su condición de millonario lo hace parte del 1%, si no es que menos, que mencionaba en 2011 el movimiento ocuppy wall street.  Entonces, el resultado final, si bien inesperado en la coyuntura y los análisis de proyección electoral, es en realidad la conclusión de una tendencia que se viene cocinando de años, y que los propios dueños de EUA, dejaron por negligencia o desprecio de clase, crecer.

 

Y sin embargo, el que también, al día siguiente de la elección se hayan suscitado protestas por miles en las calles de las principales ciudades del país es, en medio de la noche, un signo de esperanza. Guardadas todas las proporciones, sobretodo su emergencia tras la elección y no antes, al ser éstas manifestaciones conformadas principalmente por jóvenes estudiantes universitarios hace muy difícil que no venga a la memoria mayo de 2012 en México y el movimiento #yosoy132, es decir, un movimiento juvenil abiertamente en contra de una de las peores figuras de la política del país, que germinalmente (y el que millones de jóvenes tengan una idea favorable sobre socialismo, what ever that means, es un síntoma) carga con una conciencia más profunda de los problemas sociales y por lo tanto la apertura de un espacio para la construcción de referentes y alternativas anticapitalistas, que la izquierda estadounidense pueda dar como un paso importante para salir de la marginalidad.

 

Sin ser una certeza, pues ahora todo es incertidumbre, estas manifestaciones, como también lo han sido las resistencias de los docentes de Chicago o el movimiento Black Lives Matter, o los pueblos originarios resistiendo a megaproyectos tal como pasa en América Latina, pueden anunciar que, a pesar de la catástrofe, habrá un gobierno permanentemente cuestionado, con nuevos movimientos sociales, si se supera rápidamente el shock por el resultado y el clima de miedo y desconcierto en las zonas migrantes, latinas y negras.

 

Para nosotros, desde este patio trasero "tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos", las consecuencias a corto plazo son preocupantes. De concretarse las promesas de deportaciones masivas de trabajadores mexicanos, las remesas (una de las principales fuentes de dólares al país) caerían. Por tanto la debilidad del peso, ya por la sola especulación post electoral golpeado, se incrementaría, apretando más la situación económica general. Al tiempo que el regreso masivo de fuerza de trabajo que en un principio se fue por la crisis económica local no haría sino agravar la crisis profunda que atraviesa el país. Durante muchos años, la migración ha sido una válvula de escape para el régimen ante su incapacidad de solucionar los severos problemas sociales que atravesamos. En relaciones bilaterales entre ambos gobiernos, es de esperarse, como se vio durante la campaña un gobierno mexicano doblado, subordinado y presto a obedecer, como siempre, al inquilino en turno de la Casa Blanca.

 

Evidentemente pensar, desde la izquierda y los movimientos sociales en México, que los cambios por venir en el centro del imperialismo mundial no nos afecten por aferrarse a la ilusión de que somos “una nación soberana”, es miope, por no decir tonto o falaz. Por el contrario, es urgente construir puentes entre las luchas de ambos lados de la frontera, en concreto campañas contra la violencia a la población migrante, establecida y en tránsito. Contra las deportaciones en ciernes y las agresiones ¡Ningún humano es ilegal!

 

Los puentes de comunicación y colaboración necesarios a ser reforzados se requieren tanto al nivel de los movimientos sociales de resistencia al neoliberalismo, así como también desde el anticapitalismo, pero también requerirá mayor relación y colaboración entre militantes y fuerzas organizadas de la izquierda socialista de ambos lados de la frontera. Para el PRT, definido desde siempre como internacionalista, la grave situación que se ha creado con la llegada de Trump obligará a reforzar su compromiso internacionalista, ahora más urgentemente, con movimientos y militantes socialistas en ambos lados de la frontera y particularmente con una clase trabajadora mexicana que se encuentra en ambos lados. Las antiguas tradiciones solidarias entre socialistas y revolucionarios de ambos países deberían renovarse ahora.

 

No se trata de centrarse en la construcción de un muro, que ya existe, en la frontera, sino de hacer frente a un nuevo periodo, marcado por el ascenso al poder de uno de los presidentes más (¡más!) retrógradas, conservadores, misóginos, homófobos, sexistas, xenófobos, y un largo etcétera en la historia de EU. La crisis continúa, la mentira que decía que se puede conjugar democracia y capitalismo se concreta, las derechas en el mundo avanzan bajo distintas formas. O los paramos en seco y construimos alternativas globales, internacionalistas, o el monstruo de la barbarie, que ya se manifiesta, desde hace mucho, frente a nuestros ojos, nos acabará por tragar.

Ciudad de México, noviembre 14 de 2016.

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