Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

CONTRA TRUMP Y PEÑA: UNIDAD, DESDE ABAJO Y SIN FRONTERAS

January 16, 2017

 

Este 2017 comenzó con el dramático “gasolinazo” y el aumento al precio en los servicios de electricidad y de agua en todo el país. Ello provocó un mes de ininterrumpidas protestas masivas en todo el país, profundizando la crisis política del régimen oligárquico del país. A ello hay que agregarle, ahora, los efectos de los primeros pasos de la nueva administración de extrema derecha, xenófoba, machista, racista y anti mexicana de la Casa Blanca, que no pueden sino traer mayores complicaciones al escenario político mexicano.

 

La timorata respuesta del gobierno de Peña Nieto pone en evidencia, una vez más, su incapacidad para hacer frente a las medidas contra México del gobierno de Trump y sus continuas amenazas. El giro proteccionista del nuevo gobierno estadounidense está en marcha: no sólo bloqueó inversiones en México y liquidó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), también amenaza con una “renegociación” del Tratado de Libre Comercio (TLCAN) a su favor, así como el imponer aranceles del 20% a las exportaciones mexicanas para financiar el muro de la ignominia en una frontera ya militarizada. A ello debemos sumarle las masivas deportaciones en puerta. Con esas iniciales políticas de Trump comienza la demolición de las bases sobre las que se erigieron décadas de políticas económicas neoliberales que sólo buscaban asegurar a México como el patio-taller trasero de Estados Unidos. Incluso las últimas reformas estructurales de Peña Nieto, en especial la energética, causante del gasolinazo, se diseñaron e impusieron sobre el presupuesto de mantener la fuerte dependencia (casi única) de la economía mexicana a los intereses del vecino del norte.

 

Sobre este supuesto neoliberal, es que el TLCAN destruyó el campo mexicano, desmanteló la incipiente industria nacional para favorecer al modelo maquilador, entregó a empresas estadounidenses (y canadienses) los minerales del país. Para favorecer la inversión extranjera destruyeron los derechos laborales y precarizaron el trabajo, por mencionar algunos de los efectos más claros de las políticas neoliberales. Desde Miguel de la Madrid a la fecha, gobiernos neoliberales del PRI y PAN justificaban su sumisión a los intereses estadounidenses, afirmando que era mejor tenerlos de “aliados” que como “enemigos”. Estos tecnócratas nunca pensaron que, al subordinarse a la Casa Blanca, el inquilino en turno podría prescindir de ellos, pues esos gobernantes y funcionarios mexicanos nunca fueron estadistas ni representantes de una nación soberana aliada: eran un grupo de corruptos subordinados de poca monta. Es por eso que del gobierno mexicano y de los partidos del “Pacto por México” no podemos esperar nada de cara a las “nuevas negociaciones del TLCAN”, a los abusos contra mexicanas y mexicanos en Estados Unidos. De ellos no podemos esperar una respuesta digna y soberana ante la inminente construcción (en realidad, extensión) del Muro de la Ignominia. Más allá de algunas frases hechas, en el bando neoliberal (PRI, PAN, PRD y otros partidos satélites) sólo habrá, nuevamente, subordinación y cabeza baja, lo cual no traerá sino peores consecuencias para los trabajadores de ambos lados de la frontera.

 

Para una verdadera izquierda, para los movimientos sociales y para el pueblo trabajador, no debe haber temor por una renegociación del TLCAN pues éste no ha traído sino terribles consecuencias para quien vive de su trabajo. Sería un grave error, que ya cometió el PRD, el intentar “defender el TLCAN” frente a Trump. Por el contrario, la izquierda socialista pero también los campesinos y los sindicatos democráticos llevamos décadas luchando contra el TLCAN y sus consecuencias. Nosotros luchamos por una nación soberana e independiente que aproveche sus recursos naturales para levantar una fuerte economía que favorezca a las mayorías, que somos los trabajadores.

 

El “giro proteccionista” de Trump, no implica que Estados Unidos deje de tener interés en hacerse de nuestros recursos naturales y aprovechar la mano de obra barata y precarizada para sobreexplotarla. Desde la perspectiva de los intereses de los trabajadores, ante la política comercial proteccionista de Trump no es una alternativa el “mirar a otros países” para seguir siendo un país semicolonial y dependiente. Esas relaciones desiguales y subordinadas no mejorarán la situación ni del país ni de los trabajadores pero seguramente que sí mantendrán los privilegios de la casta gobernante.

 

El fin del México neoliberal debe ser la oportunidad para unirnos, organizarnos y luchar por rehacer una México independiente y soberano, justo y democrático, libre e igualitario, ecologista, sin explotación ni opresiones de ningún tipo.

 

Todo indica que la “negociación favorable para Estados Unidos” que pregona Trump en relación al TLCAN va a significar mayor destrucción de la infraestructura mexicana y mayor subordinación de la economía mexicana a las necesidades del vecino del norte; en esta reestructuración productiva de Estados Unidos, el imperio intentará asegurarse de hacerse de los insumos básicos necesarios para que ésta se haga realidad al menor costo posible.

 

Ante el hundimiento económico y político de los neoliberales mexicanos con el giro proteccionista del nuevo gobierno estadounidense resultan patéticos e insultantes los llamados a forjar una “unidad nacional” frente a Trump. Es comprensible que Peña Nieto grite desesperado mientras se hunde, pero no lo es el que López Obrador se sume a esa supuesta “unidad”.

 

¿Unidad nacional? ¿Qué tenemos en común las y los trabajadores mexicanos con los políticos neoliberales que sólo buscan acomodarse  ante el nuevo amo? ¿Unidad con vendepatrias y corruptos? Nada puede ser más venenoso que supuestos llamados a la “unidad nacional” con quienes nos han sumido en esta situación.

Es urgente, por supuesto, forjar la más amplia unidad contra las políticas de odio, de negación y opresión del otro. Pero ésta debe ser una unidad desde abajo y sin fronteras. Trump y Peña representan al enemigo de los trabajadores, de las mujeres, de los diferentes: el primero en Estados Unidos y el segundo en México. Los trabajadores estadounidenses, los sioux, las millones de mujeres feministas que inundaron las calles de EEUU son nuestras principales aliadas del otro lado de la frontera. Aunque el panorama se oscurece, también es cierto que los golpes draconianos (de Trump y Peña) están ya enfrentando el obstáculo de la resistencia, de movilizaciones nunca vistas. De aquel lado, la toma de posesión de Trump fue recibida por multitudinarias protestas, con las mujeres en primera línea, y con el anuncio de nuevas luchas unitarias y masivas. De este lado, los cientos de marchas y bloqueos contra el gasolinazo y las reformas estructurales anuncian un nuevo periodo de luchas y resistencia. Es urgente que los pueblos en lucha de ambos lados de la frontera se exitendan la mano y, juntas, juntos, enfrentemos al monstruo capitalista. No es el tiempo de una falsa “unidad nacional” sino el de la unidad sin fronteras, el de la unidad desde abajo, el de la unidad en la diversidad, el de la unidad para resistir y proponerse ganar.

 

En el caso mexicano, es urgente que el descontento social que se ha expresado en multitudinarias y espontáneas movilizaciones en todo el país -que en casos excepcionales, como en Baja California, han logrado obtener victorias parciales y aún no aseguradas- puedan canalizarse y organizarse en frentes de lucha más amplios, permanentes y democráticos, al tiempo que los distintos referentes organizados puedan impulsar y confluir en estos espacios de encuentro de manera unitaria.

 

Hoy, tal vez como nunca antes, es urgente que los movimientos sociales de ambos lados de la frontera busquen espacios de encuentro y diálogo para llevar a cabo campañas conjuntas. La solidaridad es crucial para frenar al odio. El espíritu internacionalista es la única salida para derrotar al nacionalismo xenófobo.

 

Para unidad desde abajo y sin fronteras existen no pocos puntos de encuentro: los cientos de movimientos que durante años han resistido los megaproyectos ecocidas en México bien pueden enseñar y aprender de la lucha de los sioux en Standing Rock; las decenas de presos políticos en cárceles mexicanas y los manifestantes recientemente detenidos que pueden enfrentar penas de hasta diez años, son parte de una misma política de represión que debe ser combatida con campañas conjuntas; las mujeres que desde el año pasado salen a las calles en México y toda Latinoamérica contra la violencia a las mujeres y los feminicidios, tienen en las millones de “pinks pussy hats” a sus hermanas.

 

Peña y Trump: ¡No pasarán! ¡Unidos venceremos!

Proletarios, mujeres, pueblos originarios de todos los países unámonos

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