Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Argentina: Luz verde para el desastre

October 23, 2017

Con el 22 por ciento de abstención, el bloque derechista proimperialista que apoya al presidente Mauricio Macri obtuvo 107 diputados mientras la oposición también conservadora pero justicialista-kirchnerista logró 145 y el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) avanzó en votos (consiguió 1 300 000) pero sin llegar a su record de 2013 y tiene dos diputados (que podrían llegar a tres si logra uno en Jujuy, actualmente en disputa) contra cuatro que tenía anteriormente. La candidata macrista para la ciudad de Buenos Aires logró más del 50 por ciento de los votos a pesar de sus declaraciones infames sobre Santiago Maldonado tendientes a encubrir su desaparición y asesinato por la Gendarmería, desmentidas por la aparición del cuerpo del joven un día antes de la elección.

 

En Argentina, como en Europa, salvo en el Reino Unido, en las elecciones se consolida la derecha y una parte de los votos que la repudian va a la abstención.

 

Cristina Fernández, primero con su llamado a todos los ciudadanos (patrones y obreros, fascistas y demócratas, racistas o indígenas) y después con una campaña basada en el recuerdo de Perón y de Evita (el primero, promotor “de casa al trabajo del trabajo a casa” y ambos enemigos declarados de las huelgas y de la izquierda) no consiguió ganarle al macrismo ni siquiera en la provincia de Buenos Aires porque los obreros no comen reivindicaciones de democracia ni con ellas se cubren de la intemperie en los temporales. Su lema electoralista y puramente defensivo “¡Pongámosle un freno a los ajustes” pretendía hacer creer que basta con un simple freno ante la ofensiva capitalista y que será el Parlamento el que o aplique.


El FIT, con su campaña fundamentalmente electoral mechada con la exigencia de la aparición con vida de Maldonado, tampoco trató de movilizar por un programa inmediato de interés general (aumento de salarios y jubilaciones del 40 por ciento, anulación de la deuda externa y de las privatizaciones, plan para la creación de empleos masivos, derechos plenos para los indígenas, fin de la represión) y recogió muy poco de la diáspora obrera del kirchnerismo, salvo en Las Heras, centro petrolero en Santa Cruz, violentamente reprimido durante el gobierno kirchnerista. 


La derecha, aunque con bases frágiles, vence por carencia de oposición seria y se traga lo que queda del centro, una parte del cual llamó a votar por el FIT cuando ya había perdido sus seguidores.
El macrismo aprovechó la venal pasividad de los dirigentes de la Confederación General del Trabajo, que siempre fueron peronistas y así se siguen caracterizando, que pasarán a cobrar su colaboración y comenzarán a teñirse de amarillo. 


Buena parte del país, incluidos muchos trabajadores, es ahora macrista porque cree, como creía durante los gobiernos de Menem, en las bellezas del mercado (monopólico) y en la hermosura de lo privado y en el carácter eterno del sistema y piensa que éste no tiene alternativa ya que ni el FIT ni nadie lucha en el terreno de las ideas para explicar qué es el capitalismo, cuáles son las perspectivas mundiales, qué está pasando ante los ojos de todos Macri, socio de Trump en negocios inmobiliarios y Trump argentino, aunque no tiene mayoría absoluta en ninguna de las dos Cámaras podrá legislar comprando diputados y se lanzará contra los salarios, las magras jubilaciones, la cultura, los derechos democráticos esperando golpear el hierro mientras está caliente para asegurarse la reelección en 2019. Nada ni nadie está a salvo de este retroceso de muchos años, ni siquiera la senaduría de Cristina Fernández, que podría perder sus fueros y ser encarcelada.

 

Lo único que podría pararlo es una nueva explosión como la de 2001 cuando inevitablemente se hunda la política macrista o la posibilidad –por ahora remota- de que una ola de huelgas y movilizaciones barra a la burocracia sindical antidemocrática y corrupta y al gobierno macrista. El movimiento obrero ha sufrido duros golpes, pero no una derrota decisiva. Qui vivra verra, (quien está vivo, verá) dicen los franceses.

 

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