Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Puerto Rico: La lógica mezquina del Congreso… y lo que necesitamos

October 31, 2017

Un conocido economista neoliberal afirmó ayer en un medio radial que durante el próximo año o varios años Puerto Rico recibiría $20 mil millones en fondos federales y que la economía crecería entre 2 y 2.5 por ciento. Supongamos que estos planteamientos son correctos. Las consecuencias serían interesantes.

 

Para empezar, se demostraría que el gobierno federal cuenta con los recursos para hacer una aportación significativa a la reconstrucción de Puerto Rico sin que este le represente una crisis o una carga onerosa. Desde 2014, para no ir más atrás, nosotros hemos planteado la necesidad de que el Congreso haga una aportación significativa a la recuperación económica de Puerto Rico. Siempre se nos decía que era imposible. Pero ahora resulta que es posible. Lo que no había era interés o voluntad. No sé en cuanto tiempo se supone que lleguen los supuestos $20 mil millones, pero supongamos que son cinco años. Eso equivale a $4 mil millones anuales. Y si se puede hacer por cinco no dudo que se puede hacer por diez. El punto es que el dinero está, que los fondos, independientemente de las agencias en que hoy está distribuido, existen. Las aportaciones que hemos planteado hace tiempo, y que se nos decían eran imposibles, son, al contrario, realizables. Lo triste, lo absurdo, lo ilógico, lo mezquino es que haga falta un desastre como María para que se haga lo que se podía y debía hacer mucho antes y aunque el huracán jamás nos hubiese visitado.

 

Algunos preguntarán, pero ¿por qué tiene el Congreso que asumir los costos de reconstruir la economía de Puerto Rico? No sería difícil demostrar que la crisis de la deuda (aspecto más visible de la crisis) es producto de las limitaciones de nuestra economía colonial y demostrar cómo el Congreso ha sido y es el mayor responsable (no el único: ese mérito lo comparte con nuestras clases empresariales) de perpetuar ese carácter colonial de nuestra economía. Aparte de que el Congreso no ha dejado de afirmar sus "plenos poderes" sobre Puerto Rico y de reclamarlo como "posesión". Pero dejemos eso de lado por ahora: el Congreso debiera aportar a la transformación económica de Puerto Rico sencillamente porque es lo que más conviene el pueblo de Estados Unidos. Recuérdese que el gobierno federal emplea una cantidad considerable de fondos para mitigar (inadecuadamente) las carencias de una economía colonial, desarticulada, estancada, de la cual se fugan miles de millones en ganancias cada año, pero que nunca ha sido capaz de generar empleo suficiente para su fuerza laboral (entre otros problemas). Del colonialismo en Puerto Rico se han beneficiado y se benefician grandes empresas estadounidenses, desde la época de las centrales azucareras hasta la de las farmacéuticas, pero el colonialismo le cuesta al pueblo de Estados Unidos, parte de cuyos recursos se dedican a amortiguar el impacto de las primeras. Es decir, conviene al pueblo de Estados Unidos que Puerto Rico adquiera una economía propia, sustentable, que pueda proveer empleo e ingreso adecuados para su población. Invertir en eso es lo mejor que se podría hacer para el pueblo de Estados Unidos y de Puerto Rico. Si el Congreso actuara según los intereses del pueblo de Estados Unidos, esto es lo que debiera hacer y lo que debió haber hecho hace mucho. Es lo que hemos planteado desde hace tiempo. Era posible hacerlo. Las aportaciones que se mencionan como resultado del huracán demuestran que era posible. Pero no había que esperar al huracán.

 

El problema, claro está, es que el Congreso, más que los intereses del pueblo de Estados Unidos, representa los intereses de los más grandes intereses corporativos y financieros. Por eso aprueban constantemente medidas que afectan negativamente al pueblo trabajador de Estados Unidos. Por eso, en Puerto Rico, en lugar de hacer una aportación a la reconstrucción, aprueban PROMESA, que no aporta nada a la recuperación económica e impone políticas de austeridad que aumentan la pobreza y perpetúan la depresión económica. Esto quiere decir que lograr lo que Puerto Rico necesita no es fácil y que para lograrlo tenemos que movilizarnos aquí y que también debemos vincularnos a los que luchan por lo mismo en Estados Unidos.

 

No puedo pasar por alto el hecho de que los economistas neoliberales del patio celebren la llegada de fondos federales como estimulantes de una posible recuperación económica. No es el mercado con su sabiduría espontánea, no es el resorte milagroso de la competencia, no es la creatividad irreprimible de la iniciativa privada lo que sacará a Puerto Rico del estancamiento de una década. No, es la intervención masiva del gobierno, de fondos públicos para revivir una economía privada en estado crítico: esto dicho por los neoliberales y demás adoradores del mercado como resuélvelo todo. Hay que tomar nota.

 

Insistimos a grandes rasgos en el programa mínimo que hemos indicado y detallado en otros escritos: cancelación de la deuda por razón de fuerza mayor y estado de necesidad, significativa aportación federal a la reconstrucción, reforma contributiva progresiva y recuperación de ganancias que se fugan, plan de reconstrucción productiva, reforma gubernamental democrática con participación laboral y ciudadana, iniciativa para la descolonización a través de una asamblea constitucional de status. 

 

Por ser el Congreso representante de los intereses que ya indiqué, me sospecho que las aportaciones mencionadas de $20 mil millones y al crecimiento augurado es más wishfhul thinking que otra cosa. Pero la conclusión, en ese caso, es que la lucha por el programa indicado es más necesaria y urgente que nunca.

 

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