Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

El nuevo auge del movimiento feminista sitúa a las mujeres en la vanguardia de la contraofensiva

Imagen: Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Chiapas, México. Marzo 2018. Foto: producciones y milagros 

 

 

El ciclo de las movilizaciones masivas de mujeres abierto en los últimos años ha mantenido su dinámica y ha vuelto a organizar una huelga de mujeres este 8 de marzo en más de cincuenta países desde Argentina a Italia, desde Francia a Estados Unidos, desde Brasil a Gran Bretaña y desde Islandia a Irán, así como movilizaciones en innumerables países en todos los continentes.

 

La huelga se ha convertido en una herramienta del movimiento feminista. La huelga de mujeres demuestra no solo de quién es el trabajo remunerado que hace funcionar el mercado, sino también de quién es el esfuerzo y la actividad –remunerados o no- que hacen que funcione la sociedad en su conjunto y sostienen las condiciones de vida para todos y todas. En un período en que el trabajo informal, el proceso de devolver el trabajo remunerado al hogar a través del trabajo a domicilio o las condiciones de semi-esclavitud se generalizan, la huelga de mujeres posibilita la organización de estas esferas invisibles y feminizadas.

 

La huelga de 2018 ha profundizado el impacto que tuvo la de 2017. En 2018, en el Estado Español por ejemplo, participaron 5,3 millones de mujeres con el apoyo de 10 sindicatos, mientras en Argentina más de un millón de mujeres salieron a la calle en todo el país. En Polonia, las mujeres volvieron a organizarse en 2018 recordando que sus movilizaciones a favor del derecho al aborto consiguieron la primera victoria hasta la fecha contra el gobierno reaccionario del PiS. En Gran Bretaña, las mujeres que ya estaban realizando acciones en defensa de sus pensiones o sus empleos establecieron lazos con el movimiento de la huelga de mujeres. En Italia, el movimiento Non Una di Meno contra la violencia contra las mujeres, conjuntamente con algunos sindicatos, convocó una huelga que tuvo una fuerte repercusión en el transporte y la enseñanza.

 

La diversidad de las demandas planteadas el 8 de marzo sigue creciendo. En Túnez, por ejemplo, más de mil mujeres se manifestaron para reivindicar la igualdad de derechos en materia de herencias, mientras que en Filipinas las mujeres denunciaron al presidente Duterte como uno de los peores violadores de los derechos de las mujeres y en la República Centroafricana el tema principal fue el acceso de las mujeres a la educación. En Irán, seguramente continúan las protestas contra el porte obligatorio del velo.

 

En Pristina, la capital de Kosovo, las mujeres llevaban pancartas que ponían “Nos manifestamos, no celebramos”. En Turquía, las mujeres se manifestaron bajo consignas como “No nos callamos, no tenemos miedo, no obedecemos”. En Pakistán, al lado de las amplias protestas contra la violencia instigada por los fundamentalistas talibanes, las mujeres aprovecharon la ocasión del 8 de marzo para fundar una nueva organización socialista-feminista, el Frente Democrático de las Mujeres (WDF), a favor de la democracia y el socialismo, mientras en Irlanda se avanzó en la preparación del nuevo referéndum sobre la derogación de las disposiciones anti-aborto de la constitución previsto para finales de mayo.

 

La respuesta al llamamiento a la Huelga Internacional de Mujeres lanzado en 2017 por el movimiento argentino, así como las Marchas de las Mujeres de todo el mundo, ha sido el punto de partida de un nuevo ciclo de movilizaciones.

 

Un vector central de radicalización en este ciclo es la lucha contra la violencia machista que sigue impune en todo el planeta, el terreno para la cual había sido preparado en años anteriores. Ya en diciembre de 2012 hubo manifestaciones gigantescas en la India. El 7 de noviembre de 2015, medio millón de mujeres se movilizaron en Madrid; en 2015, en Argentina se movilizaron miles de mujeres en respuesta a varios asesinatos que causaron un gran impacto en ese país. El aumento de los asesinatos y desapariciones de mujeres en México, marcado por el tráfico de drogas, a unos niveles hasta entonces desconocidos, también dio lugar a grandes movilizaciones. Más recientemente, el fenómeno #MeToo ha puesto de relieve el alcance de la violencia y el acoso sexuales a través del mundo y también de una resistencia cada vez más colectiva.

 

Además, esta nueva ola ha permitido que las que antes estaban relegadas e invisibilizadas dentro del movimiento feminista tuvieran un papel más grande. Las mujeres racializadas y las inmigrantes, así como los personas LGBTI+ y las trabajadoras sexuales han constituido una parte importante de las movilizaciones en los últimos años.

 

Desde el año pasado, la preparación de las huelgas de mujeres ha proporcionado la posibilidad de explicitar el vínculo entre la violencia sexista y la precariedad laboral y de las condiciones de vida que padece la mayoría de las mujeres, pero también de denunciar la ofensiva reaccionaria del capitalismo en crisis. Las primeras huelgas y movilizaciones masivas que tuvieron que afrontar tanto Macri (Argentina) y Trump (EEUU) eran de carácter feminista, sobre todo las enormes movilizaciones del 21 de enero de 2017 en ocasión de la investidura de Trump, lo que sentó la base para que la convocatoria de la huelga feminista pasara a los Estados Unidos y más allá.

 

Este ciclo de luchas de las mujeres se enfrenta a una ofensiva reaccionaria en muchos países con el auge de corrientes neoconservadoras y fundamentalistas, así como formas progresivamente más autoritarias del neoliberalismo y ataques contra los derechos democráticos que socavan la libertad de expresión y de protesta en cada vez más lugares en el mundo. La agenda política de la reacción implica poner en entredicho unos derechos fundamentales: el derecho a la vida, la independencia económica y social en relación a los hombres (padres, hermanos o maridos), los derechos reproductivos como el aborto y el refuerzo del papel de la familia. La crisis capitalista va empeorando las condiciones de vida de la mayoría de las mujeres en el mundo; este es el contexto de las contraofensivas actuales.

 

El papel de las mujeres en la vanguardia de la resistencia social durante la última década demuestra que no se trata de una irrupción puntual, sino que tiene un potencial que abarca el mundo entero y luchas muy diversas. Las principales tareas de las revolucionarias consisten en explorar este potencial y de formar parte de las experiencias de las mujeres, aprendiendo de ellas; generar lazos estables entre las distintas luchas y resistencias; así como profundizar y madurar la crítica sistémica manifestada por amplias capas de mujeres, dando cuerpo a esta dinámica anticapitalista implícita.

 

Este 8 de marzo, el movimiento de mujeres y los movimientos feministas han demostrado que hay alternativas a las políticas capitalistas xenófobas y autoritarias – donde estas levantan muros de odio, la mujeres tienden puentes de solidaridad.


Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional

 

13 de marzo 2018

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