Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

1 de julio de 2018, un nuevo periodo histórico se abre

July 2, 2018

 

Alrededor de las 11 de la noche del 1 de julio, después de una jornada electoral que mantuvo al país sosteniendo el aliento, Lorenzo Córdoba anuncia, confirma, una tendencia que sólo habría podido ser conjurada con un ignominioso fraude electoral de proporciones inéditas (lo que ya es mucho decir) en la historia reciente de México. La votación por López Obrador, que rebasará el 53%´de la votación efectiva, se obtendría con niveles de participación récord (por arriba del 60%), lo convertirá en un presidente con una legitimidad democrática histórica. En tiempo récord todos los actores de importancia del régimen (candidatos opositores, el Instituto Nacional Electoral, Peña Nieto, Trump, cámaras empresariales y medios de comunicación) reconocieron el triunfo de Obrador.

 

Durante la jornada, varias casillas registraron retrasos en su apertura y en no pocos lugares las “mapacherías” fraudulentas operaron a tope, especialmente en zonas donde, además de  la compra y coacción de votos, la violencia política cobró (como a lo largo de la campaña) un número indeterminado de vidas.  En Iztapalapa, Ciudad de México, personas armadas asaltaron y robaron la papelería electoral. Los reportes de violencia, ya no en la candidatura presidencial (en la que el PRI y el PAN se apresuraron a reconocerse vencidos), sino en los pocos cotos de poder local, que sustentan máquinas clientelares más sólidas y, por lo tanto, centrales para la supervivencia política de quienes hoy salen en medio de abucheos y desprecio social del poder nacional. Tal es el caso del Estado de Puebla, que vivió una de sus jornadas más violentas en su historia y donde la diferencia en los conteos es muy estrecha; lo que avisa un posible conflicto post electoral.

 

La derrota histórica del PRIAN(RD)

 

Y sin embargo, el fraude en su forma común (“caídas de sistema”, cifras imprevistas, etc.) se conjuró. Antes que la victoria de AMLO, el gran acontecimiento es la estrepitosa derrota del PRI, PAN, PRD, y partidos periféricos. El PRI atraviesa la que esperemos sea su crisis terminal (pues con alrededor del 15% de la votación global, la pérdida de las gubernaturas en estados de importancia como Veracruz; y aunque mantiene la gubernatura, perdiendo el congreso y la inmensa mayoría de municipios del Estado de México; hacen difícil la supervivencia al mediano plazo de la máquina clientelar y mafiosa que significa). Sin embargo, la “cultura política del PRI” si bien sufrió un duro revés por medio de una jornada electoral llena de ilusión y alegría, aún está lejos de ser enterrada por la historia.

 

El PAN sale de la elección dividido, confrontado y en franca diáspora política; aunque se sitúa como la principal fuerza opositora, por la derecha, ante el nuevo gobierno. Si bien muy disminuido ante el alud electoral de MORENA, mantiene aún una suficiente fuerza parlamentaria y al menos dos gubernaturas (destacadamente Jalisco). Pero nada se compara con la terrible crisis del PRD, que salva su registro legal con las uñas, su alianza pragmática con el PAN lo condena a ser su sombra incómoda y a un desdibujamiento absoluto. En el PRD, su historia, desarrollo, degeneración y trágico final, debería MORENA ver su espejo. Ganar elecciones a toda costa tiene sus costos, el PRD los pagó, sin llegar nunca a la presidencia.

 

La debacle electoral del llamado PRIAN(RD) expresa el punto culminante de la ruptura del pacto gobernante anterior, vigente desde el fraude de 1988, entre las cúpulas priístas y panistas. Apostaron por un modelo de identidad en políticas y un falso juego de transiciones de funciones en el gobierno. En algún momento del sexenio de Peña, el pacto entre el PRI y el PAN se rompió, esto se observa  en las elecciones estatales previas con promesas de encarcelar a la administración anterior (Chihuahua, Veracruz, Coahuila), en la aplicación de las reformas estructurales, después del consenso cupular que fue el Pacto por México, y el manejo y cobro de los costos políticos de las distintas crisis políticas en el sexenio de Peña (reforma educativa, ayotzinapa, gasolinazos, espionaje, etc.).

 

La victoria democrática y el reconocimiento de la mayoría

 

Las anteriores razones son suficientes para explicar la alegría desmedida que se vivió en el país la noche del 1 de julio. El cúmulo de rabia y agravios sociales, la violencia desmedida y la corrupción impúdica sentaron las bases de la mayoría de MORENA. Cuando el candidato oficialista José Antonio Meade, acudió a votar, una mujer espontáneamente le gritó “sin fraude, Meade, sin fraude”; cuando el exgobernador (priísta) de Veracruz Fidel Herrera fue a las urnas, y trató de saltarse la fila de votantes; no generó sino la ira y griterío de la gente que esperaba su turno para votar. Incluso tras varias de las agresiones (armadas incluso) en casillas en Puebla, la gente alrededor buscaba la forma de retomar el orden y continuar con la jornada electoral “¡ya sabemos que es el pinche gobierno el que hizo esto, vamos a seguirle que les estamos dando en la madre!”, se escucha en las grabaciones.

 

Por primera vez México tiene un proceso electoral que, a pesar de las trabas fraudulentas y su marca violenta, también fue, paradójicamente, el primero en la que la voluntad popular se escuchó fuerte y claro. La caída del PRIAN y la fiesta social que le siguió representó para millones un momento de fiesta, que les anuncia justicia tras la larga lista de derrotas. Muy distintas de las noches electorales de 2006 y 2012, cuando la rabia, frustración e incredulidad se imponían. El 1 de diciembre de este año, cuando AMLO tome protesta (si no ocurre algún giro inesperado, lo que es muy poco probable) distará mucho de la toma de protesta de Peña, que enfrentó protestas callejeras. Los sectores movilizados podrán ver la toma de protesta, analizarla y pensar en los retos que vienen, en vez de enfrentar la angustia del número de detenciones, de heridos, y tener que correr de los gases lacrimógenos.

 

El enojo social que se expresó en las urnas es tanto, que de nada sirvieron las campañas de guerra sucia, las concesiones y giros a la derecha de Obrador durante la campaña, las escandalosas alianzas que en otro momento habrían costado la victoria y la credibilidad, éstas ahora fueron nimiedades para el electorado. Pero AMLO cometería un error al pensar que la mayoría electoral que lo lleva a la presidencia le será incondicional. Por el contrario, el hartazgo es tanto por el estado de cosas que las millones de voluntades que hoy festejan no aceptarán de buenas a primeras una decepción o vuelta de espalda del nuevo gobierno, más allá de una retórica progresista, inclusiva y conciliadora. Es central en el nuevo momento, hacer énfasis en la importancia del empoderamiento popular, si las mayorías pusieron al nuevo gobierno, tienen el derecho primario a decidir sobre sus acciones y movimientos. La alegría de anoche tiene que quedar en la memoria colectiva como la prueba de que cuando se quiere, se puede y que la organización y voluntad popular es capaz de todo.

 

En contraparte, es importante detenerse y analizar los porqués de la tan rápida aceptación del triunfo de MORENA. Pareciera que la oligarquía tradicional ante la abrumadora derrota en las urnas quita las manos y deja pasar sin más a AMLO. Pero pensar que los Meades, Anayas y Peñas son en efecto “demócratas que saben reconocer derrotas” sería mucho más que una simple ingenuidad. Aunque es cierto que la mayoría electoral fue tan grande que la única manera de echar atrás la victoria de Obrador sería prácticamente con un golpe militar hiperviolento, y que como se vio no era una opción para la oligarquía; prefirieron por el contrario, tomarle la palabra a AMLO y creer en las múltiples garantías de continuidad con la política económica, relaciones de propiedad y política comercial que a lo largo de la campaña ofreció el candidato ganador y que reafirmó en su discurso de victoria.

 

El nuevo gobierno

 

Es importante analizar con cabeza fría, las verdaderas potencialidades y perfil del nuevo gobierno de Obrador. No hay que dejar que recordar que, pese a la mayoría electoral indignada, antineoliberal y popular que pone a estel gobierno; no pocos representantes de las capas oligárquicas se encuentran en posiciones clave (Romo, Ebrard, Espino, por mencionar algunos). Lo que da una idea de lo que realmente serán las políticas impulsadas por el gobierno de AMLO.

 

Como a lo largo de la campaña, todo apunta a que importantes temas de la situación nacional seguirán ausentes. ¿Se impulsará un nuevo modelo de desarrollo que aleje al país de su dependencia estructural de los combustibles fósiles y la minería; los megaproyectos seguirán en marcha? Parece que no. ¿Los derechos y exigencias de las mujeres, se respetarán e incluso avanzarán en sintonía con la nueva ola feminista en Latinoamérica? más que nunca depende de la lucha.

 

Existe una gran incógnita sobre la política fiscal y de gasto público del nuevo gobierno. Por muy escandalosa e ignominiosa que es la corrupción, que Obrador avisa con desterrar; su costo real difícilmente sería suficiente para capitalizar los recursos necesarios para echar a andar las medidas sociales que hoy promete AMLO. La negativa a, por ahora, echar atrás la reforma energética  y limitarse a “revisar” los contratos otorgados, eventualmente chocará con la promesa de detener los gasolinazos (íntimamente ligados al nuevo marco energético). ¿Qué pasará con la reforma educativa? ¿Y con el nuevo aeropuerto?

 

A nivel local, la mayoría de nuevos puestos de elección popular conquistados por MORENA son la expresión más cruda del costo pragmático de la victoria de Obrador. ¿La cascada de “impresentables” que hoy representan a MORENA en el espacio regional inmediato, entrarán en contradicción con la voluntad de cambio expresadas en las urnas?

 

En síntesis, las expectativas que el propio AMLO ha levantado en torno a los alcances de su gobierno, encuentran un entorno económico que no hacen sencillo su concreción real. ¿El enorme paraguas pluriclasista, ideológico y con intereses encontrados que significa MORENA, a la hora de ser gobierno, se mantendrá después de la toma de protesta? En el medio plazo, dados los candados institucionales que protegen hoy a las reformas estructurales, la única manera de obtener muchas promesas de campaña sería la convocatoria a una asamblea constituyente y construir un nuevo pacto social (dado que el de 1917 fue liquidado antidemocráticamente en las tres décadas de neoliberalismo clásico). Esta posibilidad, al día de hoy, no se ve cercana.

 

 

Un nuevo espectro político y retos para una nueva izquierda anticapitalista

 

Cualquiera que sea el desarrollo inmediato de los acontecimientos, es claro que se acelera y consolidará un proceso de reacomodo político general. A pesar del importante acceso que tendrá el evangelista PES al poder legislativo, también corre el riesgo de perder el registro legal. En peor situación se encuentran Nueva Alianza y el Verde. Las fuerzas políticas y el espectro político se reorganizará en los próximos meses.

 

En este nuevo marco histórico y abanico político, la pregunta es ¿qué pasará con la  izquierda anticapitalista? En lo inmediato, ésta se enfrenta a dos peligros simétricos: por un lado se corre el riesgo de, buscando acompañar la experiencia popular en MORENA, se sacrifique independencia política, ideológica y táctica; este fue el caso, de la inmensa mayoría de la izquierda socialista cuando el PRD se fundó y el resultado no fue sino su suicidio político. Igual de terrible sería, el caso contrario, que en la búsqueda de mantener autonomía política, la izquierda anticapitalista sufra de atrofia sectaria y se automargine del curso de los acontecimientos políticos en el nuevo marco. Similar situación sucede con los movimientos sociales. En lo inmediato es importante aprovechar el nuevo momento para que las luchas avancen, manteniendo su independencia política y social. Es urgente, que para afrontar el nuevo momento histórico, se puedan lanzar iniciativas audaces que permitan construir polo anticapitalista y antipatriarcal.

 

En este sentido, la experiencia de la campaña por el registro de Marichuy, vocera del Concejo Indígena de Gobierno, como candidata independiente, fue un acierto político en el marco de todo el proceso electoral que hoy concluye. Lo fue porque sentó una experiencia inédita para hacer llegar una alternativa política anticapitalista a escala nacional, muchas lecciones deben de seguirse sacando de ésta. Así mismo, el que distintos sectores de la izquierda anticapitalista no llamaran explícitamente al voto crítico a AMLO es también una señal de la posibilidad de la construcción de una izquierda a la izquierda de MORENA, siempre y cuando no se caiga en un sectarismo vulgar, sino por el contrario, que es mucho más difícil, se sepa dialogar con la nueva situación política y el espíritu de las masas que hoy empuja hacia adelante.

 

La algarabía y sacudida política no debe de hacernos olvidar que hoy, 2 de julio, la violencia en el país sigue desatada, que los megaproyectos avanzan, que las mujeres siguen siendo asesinadas, que la carestía ahí sigue, que nos siguen faltando 43 y miles más. Por el contrario, la hay que traducir la alegría de la victoria en organización, en más lucha, en más calle; en levantar proyectos políticos autónomos. La conquista democrática que significa la debacle del PRIAN(RD) tendría que volverse un primer paso, el cual se concrete en que las urnas no sean más el único camino de participación política; es necesario, en medio del reacomodo político una profunda reforma política que democratice la vida pública del país. Hay que poner al centro a la gente, pues la de ayer fue su victoria, de millones que buscan una transformación y que sólo la lucha lo conseguirá. Esta no fue ninguna victoria final (ni derrota de la derecha), sino la apertura de un momento histórico inédito que planteará nuevos retos, contradicciones y posibilidades.

 

Y sin embargo, anoche, por primera vez décadas miles se congregaron en el zócalo de la ciudad, ya no para hacer catarsis política, sino para defender la vida, para exigir presentación con vida, cese a la represión. Por esas razones,  la noche del primero de julio, la gente se encontró para sonreír, cantar, bailar, abrazarse y encontrarse. Nuestra lucha es por la vida, sí, pero la vida sin alegría no es nada.

 

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