Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

A 50 años del 68: Emerge un nuevo Movimiento Estudiantil

September 20, 2018

 

 

“Una herencia sin propietarios, ni manual de uso”

Daniel Bensïd.

 

El pasado 3 de septiembre una manifestación pacífica llegó a la explanada de la rectoría en Ciudad Universitaria para exigir a las autoridades de la UNAM la solución al pliego petitorio del CCH Azcapotzalco: asignación de profesores, respeto de los murales, además de otras mejoras en las condiciones de estudio; y para cuestionar el silencio que habían mantenido tras el feminicidio de Miranda Mendoza, estudiante del CCH Oriente quien fue secuestrada en el trayecto de la escuela a su casa y encontrada calcinada días después en la carretera México-Cuautla. El fin de semana previo fueron convocadas en redes sociales dos movilizaciones que decidieron marchar juntas en solidaridad con ambas demandas. Tarde o temprano ambas movilizaciones coincidirían pues desde hace años las autoridades universitarias han optado por dar respuestas insuficientes o mantenerse en silencio ante la exigencia de justicia en decenas de casos de agresiones a la comunidad universitaria: feminicidio, acoso sexual y laboral, desaparición forzada, asesinato, entre otros; aunada a las distintas políticas que en el marco del neoliberalismo han precarizado el trabajo docente, abandonando la responsabilidad de proporcionar condiciones materiales de estudio, implementar un esquema de seguridad que violenta a la comunidad universitaria, una apertura a la iniciativa privada por la vía de los institutos de investigación, una privatización filtrada por cobros ilegales, entre otras.

 

La gota que desbordo el vaso fue la agresión porril que sufrieron las y los manifestantes del pasado 3 se septiembre. Ese día el silencio de las autoridades universitarias fue sustituido por una respuesta represiva en el instante en que un grupo de aproximadamente 70 “porros” provenientes de distintos planteles de la UNAM, armados con piedras, palos, explosivos y armas blancas, atacaron la manifestación pacífica en el momento que la madre de Miranda Mendoza estaba haciendo uso de la palabra, dejando un saldo de catorce estudiantes heridos de los cuales dos fueron hospitalizados por la gravedad de sus heridas. La respuesta inmediata de la comunidad universitaria fue la de repeler el ataque y convocar a una asamblea emergente en la Facultad de Filosofía y Letras la cual por unanimidad aprobó un paro de actividades en repudio al ataque porril y convoco a otras escuelas para que se sumarán realizando lo antes posible asambleas, paros de actividades y acciones de solidaridad. Inmediatamente comenzaron a surgir dudas sobre ¿Quién lo ordeno? ¿En beneficio de quién o quiénes? ¿Con qué objetivo?

 

Una respuesta masiva y veloz

 

La respuesta de la comunidad universitaria fue impresionante, pues en menos de dos días cerca de 50 escuelas habían realizado asambleas en las cuales se acordaron paros de 24, 48 y 72 horas, respaldados por votaciones de miles de estudiantes. Toda esta acumulación de fuerza e indignación inundo las calles de Ciudad Universitaria el día miércoles 5 de septiembre con una histórica movilización de decenas de miles, algunos medios de comunicación calcularon entre 30 mil y 60 mil personas, cuyas consignas expresaban las demandas inmediatas de un naciente movimiento estudiantil: desaparición de los grupos porriles, verdad y justicia ante las agresiones del 3 de septiembre, no más violencia contra las mujeres, democratización de las estructuras de gobierno, además de solidarizarse con otras luchas como Ayotzinapa o Atenco. La ola del movimiento dio una segunda demostración de su masividad cuando en la primera Asamblea Interuniversitaria, a la que llegaron voceros de más de 60 escuelas tanto de la UNAM como de otras universidades públicas y privadas, se necesitaron cinco espacios (tres auditorios y dos espacios al aire libre) para su realización, mientras que en uno sesionaba el pleno de representantes, en los otros cuatro se instalaron transmisiones en vivo, a las cuales asistieron centenas de personas abarrotando en algunos casos los auditorios; a esto tendríamos que agregar las 800 personas que siguieron por internet la transmisión en vivo. El tercer momento de despliegue masivo fue en la marcha del 13 de septiembre, día que además se conmemoró la marcha del silencio convocada por el Consejo Nacional de Huelga en 1968; siendo la primera movilización fuera de los recintos escolares, contó con la participación de poco más de 40 mil estudiantes, quienes fueron flanqueados a su paso por miles de personas que fueron a expresar su solidaridad con los contingentes estudiantiles de múltiples maneras: con pancartas, aplausos y gritos de ánimo, destacando el gesto trascendente de quienes alzaban la mano haciendo la V de la victoria haciéndonos recordar la combatividad  del movimiento estudiantil de 1968, gesto que fue replicado por la joven multitud, no solo con la V de la victoria, sino además marchando en silencio la primera mitad del recorrido.

 

Organización y demandas

 

Aunque es impresionante el ánimo que ha despertado en la comunidad universitaria por participar en este nuevo movimiento esto no necesariamente se traduce en una incorporación organizada y con claridad en los objetivos, esto podría traducirse en al menos dos grandes retos a vencer en el corto plazo: la construcción de una plataforma de demandas que emane de las bases movilizadas, que se sintetice en un pliego petitorio el cual oriente al movimiento, y por otro lado, la de dotar de una estructura organizativa, legitima ante la comunidad universitaria, que logre mantener la unidad y la movilización, además de incluir a otras escuelas más allá de la UNAM. Sobre el pliego petitorio se han perfilado tres demandas, que no necesariamente niegan otras como el aumento al presupuesto para las universidades, la mejora en las condiciones materiales de estudio o la solución de los pliegos petitorios internos de las escuelas.

 

Si partimos de las cientos de denuncias, ante las autoridades o en redes sociales, que en los último años han hecho diversas alumnas, profesoras, investigadoras y trabajadoras sobre casos de agresiones sexuales, laborales, académicas, físicas y psicológicas que han sufrido por parte de algún profesor, directivo, compañero de clase o trabajo, dentro y fuera de los planteles de la UNAM, podemos afirmar, que el principal problema al que se enfrenta la comunidad universitaria es la violencia contra las mujeres; de ahí que una de las principales demandas del movimiento apunte a la erradicación de la violencia contra las mujeres en las universidades, un hecho histórico para el movimiento estudiantil pues no hay antecedente de que esta demanda apareciera en pliegos petitorios pasados, que además no nació en el seno de esta coyuntura, sino que es resultado del nuevo impulso del movimiento amplio de mujeres y feminista que tiene como una de sus principales expresiones la movilización de estudiantes, profesoras y trabajadoras universitarias, las cuales se han organizado de distintas maneras y en distintos momentos, confluyendo en iniciativas de articulación amplia como la Asamblea Interuniversitaria de Mujeres, planteando la necesidad de una universidad libre de violencia.

 

Una segunda demanda está atravesada por el fracaso y crisis de la política de seguridad impuesta por las autoridades, y el hartazgo por los casos de asesinato, feminicidio, desaparición, asaltos, porrismo, entre otras. Con la llegada de Enrique Graue a la rectoría se intensifico un esquema de seguridad basado en la disuasión, hostigamiento, criminalización, vigilancia y cierre de espacios con la instalación de cercas metálicas; este esquema en lugar de generar un ambiente de seguridad, por la vía de los hechos ha demostrado su fracaso, pues en el periodo de esta rectoría (2016-2018) se han documentado numerosos casos de asesinatos de estudiantes dentro de algunos planteles de la UNAM: como Luis Roberto Malagón, Víctor Manuel Orihuela o el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio; balaceras, criminalización de espacios autogestivo, aumento de robo de bicicletas, además de la violencia que vive la comunidad universitaria fuera de las escuelas como las desapariciones de Marco Antonio Sánchez o Mariela Vanessa Díaz. Al fracaso evidente de este esquema de seguridad se agrega la falta de acceso a la justicia y el desentendimiento de las autoridades universitarias.

 

Frente a todo este hartazgo, la demanda de democratización podría ser entendida como la consigna política, pues esta garantiza que las transformaciones planteadas en las asambleas puedan realizarse no solo con la participación del movimiento, sino que puedan ser gestionadas por estructuras representativas, paralelas a las instituciones y legitimadas por la comunidad universitaria, pues es esta la que resulta mayormente afectada por las condiciones en la que se encuentra actualmente la UNAM. Aunque esta si ha sido una demanda constante en el movimiento estudiantil (desde la reforma universitaria de 1918 que tuvo un impacto en Latinoamérica) no siempre se expresa de la misma manera, pues mientras que en algunos momentos puede traducirse en congresos universitarios, en otros se ha llegado a ensayar el autogobierno. Por otro lado, lo que esta demanda evidencia es la insostenibilidad de estructuras de gobierno como la Rectoría, la Junta de Gobierno, los distintos Consejos, el Patronato Universitario o el Tribunal Universitario, pues son estas instituciones las que no han podido dar respuesta a la acumulación de exigencias, pues han demostrado ser estructuras que funcionan sin ningún vínculo de rendición de cuentas o consenso que tome en cuenta a la comunidad.

 

Los ecos del 68

 

Para concluir es importante remarcar que esta movilización se presenta en el marco del cincuenta aniversario del movimiento estudiantil de 1968, aquel que enarbolo demandas que le exigían al gobierno ampliación, apertura y garantía de las libertades democráticas, que representó un antes y un después en la vida política del país. Las y los estudiantes del 68, que pertenece a una generación mundial de militantes y activistas, dejaron una herencia (sin propietarios, ni manual de uso) en la que el movimiento actual podría hurgar para encontrar herramientas útiles para su lucha presente. Sea como sea ¡Bienvenida esta nueva generación del movimiento estudiantes!

 

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