Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Congreso de Nuevo León: YO DECIDO, TÚ RESPETAS

March 15, 2019

 

Sobre la reforma al Artículo 1 de la Constitución de Nuevo León

 

 

Pareciera que no nos debería de extrañar que situaciones como la modificación a la ley del Artículo 1 de la Constitución de Nuevo León contra el aborto sean aprobadas, en especial por una mayoría de los legisladores en el Congreso del Estado, no importando el color del partido. Los argumentos a favor de esta iniciativa prohibitiva por parte de esa “mayoría” se sostienen en que el feto es un ser humano con derechos de vida a protegerse. Por otro lado, la lucha a favor del aborto en Nuevo León y en el mundo entero no se centra en abortar, sino en poder decidirlo sin ser criminalizadas las mujeres en caso de proceder.

 

En la capital neolonesa, cumbre de la carne asada, la cerveza y el fútbol, la ciudad donde no hay regulaciones claras y efectivas para el transporte, ni para la contingencia ambiental que cada vez es más dañina, dónde no hay control de planeación urbana ni leyes que la reglamenten; resulta que lo que sí hay es el control sobre el útero de las mujeres, ahora sin el derecho a decidir sobre su cuerpo.

 

Quizás no sea sorprendente tampoco, que en la mayoría de los hospitales privados de la zona metropolitana de Monterrey la práctica de cesáreas sea mayor al 90%, haciendo de la ciudad la “capital de las cesáreas” incluso según la revista Newsweek de los E.U.A. donde se destacó desde el 2001 que ésta práctica está por encima de hacerla capital industrial o del progreso”. 

 

También no es de asombrarnos que en los directorios médicos existan más ginecólogos que ginecólogas, tal pareciera que a la mujer le atemoriza confrontarse con su cuerpo y es más fácil seguir lo que se le indica y es socialmente aceptado. Todo lo anterior, claro está, hablando de la clase media alta y la alta burguesía, donde se manifiestan grupos de activismo religioso y de Pro Vida, principalmente. Porque a las mujeres de clase media baja y baja no las convocan ni las defienden y el tema del aborto es el más delicado, pues en las peores condiciones, sin supervisiones médicas, son ellas las de escasos recursos las que más arriesgan sus vidas.

 

El feminismo regiomontano apenas despierta, con consciencia y voluntades recientemente unificadas gracias a redes sociales, a las agrupaciones con mujeres que llevan años encabezando su lucha se suman las jóvenes que dirigen y principian marchas, tal y cómo se vivió el 8 de marzo. Sin embargo, la batalla será progresiva en una ciudad como Monterrey, donde organismos estatales de cultura, por ejemplo, cumplen con certificados ISO, cual empresas públicas, donde en el 100% de los colegios privados son bilingües, y en algunos casos trilingües a razón de la excelencia académica, donde los niños reciben talleres y prácticas de finanzas, para administrar el dinero, por encima de las artes; donde la cultura emprendedora se cultiva desde las secundarias y preparatorias. Además, por otro lado, una ciudad quebrantada y desgastada por la violencia, las malas condiciones laborales y de viviendas, entre otros factores, hacen que el feminismo el NL tenga uno de los caminos más sinuosos y retadores.  

 

Es incomprensible lamentable que el gobierno federal de AMLO haya caído en el absurdo de tocar el tema de los derechos de la mujer manifestando el propósito de hacer una consulta ciudadana. Los derechos de las mujeres, como los de todo ser humano, no deben someterse a consulta, sino verse reflejados con integridad y respeto en la ley que proceda a defenderlos. Tal pareciera que las mujeres somos un capítulo aparte, una especie diferente que tiene que tratarse como si fuésemos un ser extraño. El aborto, como la eutanasia, e incluso como el suicidio, tienen que ver con el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, es un derecho humano indiscutible y respetable.

 

En nuestra lucha, debemos como mujeres forjar una verdadera consciencia feminista y reconocer en nuestro libre albedrío los derechos que nos hacen ser pilares de una cultura, que, aunque impuesta sobre un patriarcado, forjada por la resistencia y tolerancia.

 

Las mujeres debemos tomar en cuenta una base de derechos internacionales ya aprobados y puestos en práctica para imponer en nuestra batalla que el Estado ponga sobre la mesa actuar en las reformas que nos permitan a todas las mujeres beneficiarnos de los mismos derechos: decidir sobre nuestro cuerpo sin ser criminalizadas y los derechos relacionados con la fuerza laboral que representamos, entre otros.

 

El papel de la mujer en la cultura y las artes, en la ciencia, en el ámbito laboral, en la educación, los deportes, los medios de comunicación, las humanidades y las ciencias sociales, y otros tantos ámbitos debe ser respetado y reconocido por el mayor de los derechos y por encima de cualquier ley: el de decidir sobre nuestro cuerpo. ¡La Revolución será feminista o no será!

 

 

 

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