Amilcingo: hacia una articulación de fuerzas anticapitalistas


Amilcingo y Chinameca, ambos en el estado de Morelos, fueron los lugares donde se realizaron los actos de mayor transcendencia e importancia de todo el país, en el marco de la conmemoración de los cien años del asesinato del general Emiliano Zapata. Convocados por el Congreso Nacional Indígena- Concejo Indígena de Gobierno (CNI-CIG), los días 9 y 10 se abril se realizaron, el primer día en Amilcingo, una Asamblea nacional entre los pueblos del CNI-CIG y los adherentes a la sexta, redes de apoyo al CIG, colectivos y organizaciones que luchan y se organizan contra el capitalismo, y el segundo día, una movilización en Chinameca con el objetivo de evitar el evento oficial del gobierno federal y, en su lugar, darle la palabra a los pueblos que resisten contra los megaproyectos. Cerca de un millar de personas acudieron a la convocatoria, asistiendo a título individual o en representación de poco más de 130 organizaciones sociales o políticas, colectivos y redes.


Que Amilcingo y Chinameca fueran las sedes de dichos actos no es casual. Desde principios de febrero Amilcingo se convirtió en uno de los principales epicentros de la lucha contra los megaproyectos en este país, tras el anuncio de AMLO de reactivar la termoeléctrica en Huexca y con ello el Proyecto Integral Morelos (PIM), que atraviesa con un gasoducto los estados de Morelos, Puebla y Tlaxcala. Un proyecto iniciado y respaldado por los pasados gobiernos estatales y federales panistas, priistas y perredistas, al cual AMLO se opuso durante su campaña presidencial; pero sobre el cual el pasado 10 de febrero cambió de opinión al anunciar, en un mitin en Cuautla, la realización de una consulta para reiniciar las operaciones de la termoeléctrica. Ante las críticas y protestas de los pueblos opositores a dicho proyecto, como el Frente de Pueblos en Defensa de la tierra y el agua de Morelos Puebla y Tlaxcala, AMLO respondió llamándolos “conservadores radicales de izquierda” cerrando las posibilidades de diálogo y comenzando su campaña en favor de la termoeléctrica, con la participación del delegado federal en Morelos, Hugo Éric Flores (aliado evangelista del nuevo gobierno) como principal operador. Por su parte, los pueblos comenzaron una campaña de información, realizaron asambleas para trazar una ruta de resistencia y convocaron a rechazar la consulta, pues ésta no respetaba los usos y costumbres de las comunidades, además de ser convocada para realizarse trece días después de su anuncio. La disputa se desarrollaba a contrarreloj cuando la mañana del miércoles 20 de febrero fue asesinado frente a su casa Samir Flores Soberanes, en Amilcingo, Morelos.


Samir era uno de los principales opositores al PIM, campesino, indígena nahua, quien a través de la radio comunitaria “Amillzintko” hacía un activismo permanente en defensa del territorio. Su asesinato levantó una ola de indignación y protesta señalando la responsabilidad del gobierno, la cancelación de la consulta y del PIM en su conjunto, ejemplo de esto fue la marcha de miles de personas en la Ciudad de México, donde confluyeron distintas organizaciones políticas y sociales, las cuales se posicionaron en un mitin frente a Palacio Nacional contra el asesinato de Samir y contra la política de despojo mantenida por el gobierno actual, la cual resulta contradictoria con relación al anuncio mediático que convertía al año 2019 en el año de Zapata. Si desde el 1º de diciembre del 2018 se había abierto la disputa con el nuevo gobierno por el legado de Zapata, con el asesinato de Samir en tierras zapatistas se volvió imperativo evitar que los responsables de este crimen asistieran a Chinameca.


A principios de marzo el CNI-CIG realizó una asamblea en la CDMX en la cual se comenzó a delinear un balance político nacional colocando, entre otras cosas, los retos de la lucha contra los megaproyectos (PIM, Tren Maya, Proyecto Transístmico, mineras, etcétera), las implicaciones que tienen las consultas que el gobierno está imponiendo para legitimarlos, la aprobación de la guardia nacional, la continuidad del proyecto neoliberal y de integración imperialista que se mantiene con el nuevo gobierno; relacionado con esto, el CNI-CIG acordó convocar a una jornada de lucha que contemplaba la realización, en Amilcingo, de una asamblea con otras fuerzas anticapitalistas y la toma de Chinameca, ambas acciones como respuesta al contexto de confrontación con el nuevo gobierno.


El 9 de abril, desde muy temprano se aparecieron largas filas a las afueras de la primaria de Amilcingo, rebautizada con el nombre de “Samir Flores Soberanes”, lugar donde se llevaría a cabo la Asamblea nacional entre los pueblos del CNI-CIG y los adherentes a la sexta, redes de apoyo al CIG, colectivos y organizaciones que luchan y se organizan contra el capitalismo. Los trabajos de la asamblea se desarrollaron en cinco mesas de trabajo y una plenaria, a partir de tres preguntas que buscaban elaborar una primera caracterización del nuevo gobierno, intercambiar información sobre las luchas que cada organización sostiene, y plantear algunos pasos a seguir para hacer frente a las políticas de despojo, represión y violencia capitalista que continúan en este nuevo periodo político nacional.


La caracterización que la asamblea hizo de la nueva administración giró en torno a varios elementos: la confirmación de una continuidad neoliberal, principalmente en el ámbito económico (respetar el pago de la deuda externa, la renegociación del TLC, mantener las reformas estructurales aprobadas por el Pacto por México); la continuidad en el proyecto de integración con Estados Unidos; la militarización por vía de la Guardia Nacional; las alianzas del gobierno con empresarios (como Salinas Pliego), evangelistas o expriístas (como Olga Sánchez Cordero o Esteban Moctezuma), todos ellos expresiones de la oligarquía y principales favorecidos de este nuevo gobierno; la peligrosa continuidad de las políticas extractivas y de despojo; la amenaza de un nuevo corporativismo social, por la vía de los programas sociales o de nuevas organizaciones (nuevos partidos políticos o centrales). Estos elementos apuntan a un escenario futuro de desilusión con el nuevo gobierno, idea que contrasta mucho con la narrativa lanzada la noche del 1º de julio del 2018, que acompañada del fenómeno de los 30 millones, anunciaba una nueva legitimidad, dando paso a un nuevo gobierno que se distanciaba de los anteriores, afirmando que no seguiría la senda neoliberal.


Pese a que el 17 de marzo el nuevo gobierno anuncio que se ponía fin “formalmente” al neoliberalismo en México, la realidad sigue siendo otra, y muy contradictoria. Una de las principales contradicciones se vive al interior de las organizaciones y movimientos, pues varias se plegaron a la idea de que con la llegada de AMLO a la presidencia se resolverían sus conflictos (producto de gobiernos pasados), bajo esta ilusión se desmovilizaron; sin embargo hay otras expresiones del movimiento que se han mantenido movilizadas hasta la fecha, manteniendo sus objetivos de lucha muy claros y resistiendo a los nuevo embates que se inauguran con las políticas del nuevo gobierno. De estas últimas expresiones no solo podríamos destacar la movilización contra la termoeléctrica y el PIM, sino además la lucha contra la reforma educativa, sostenida por el magisterio democrático, en especial por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE); la resistencia del Sindicato Mexicano de Electricistas que durante casi diez años ha estado luchando por la reinserción laboral; la defensa de las comunidades autónomas que sostiene el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional y las Juntas de Buen Gobierno, frente a proyecto del Tren Maya y la militarización. Lo común que tienen estas organizaciones es que actualmente se encuentran en confrontación contra las políticas de continuidad neoliberal del nuevo gobierno: la CNTE contra la recién aprobada reforma educativa, producto de un albazo que sabe a traición por parte de los diputados de MORENA; el SME contra el golpeteo de la CFE que busca censurar los logros del sindicato y criminalizarlo, mientras el gobierno promueve una disidencia que le permite intervenir en los asuntos internos del sindicato; el CNI-CIG contra los megaproyectos y la represión del gobierno que ya dejó su primera víctima en Amilcingo, y que amenaza con imponerse en el Istmo; el EZLN contra las amenazas de agresión militar que han informado en su desplegado del 10 de abril.


Todas estas fuerzas sociales, algunas declaradas anticapitalistas, asistieron a la asamblea en Amilcingo y acordaron, junto a otras tantas organizaciones, comenzar un proceso de confluencia que permita coordinar las luchas en la perspectiva de mantener el combate contra el neoliberalismo y el capitalismo; acordaron declararse en alerta ante cualquier intento de imposición de megaproyectos o de cualquier agresión; intercambiaron agendas de lucha, se propusieron realizar encuentros regionales o por sectores que les permita potenciar sus demandas en el territorio; convocaron al segundo encuentro nacional de mujeres que luchan a realizarse el 27 y 28 de Julio; además de acordar una próxima asamblea para conocer los resultados de la consulta que cada organización necesita hacer, para acordar la constitución de un bloque de fuerzas anticapitalistas.


La perspectiva de construir un polo anticapitalista es posible y necesaria. Posible porque actualmente el desencanto con respecto al nuevo gobierno es gradual, pero puede acelerarse, producto del rumbo político y económico que se mantiene en el carril neoliberal; sin embargo también como resonancia de la crisis de legitimidad del periodo pasado iniciado en 2012, con su máxima expresión en las movilizaciones del 2014, pero que han logrado contener tras las elecciones de 2018. Necesaria porque el periodo actual está confirmando que la tormenta capitalista no sólo ya está aquí, sino que está comenzando a arreciar.


Un primer acto de este polo anticapitalista fue la movilización y el mitin a las puertas de la hacienda en Chinameca, donde fue asesinado hace 100 años Zapata. Este acto hace recordar la firma del Plan de Ayala, donde los zapatista convocaron a mantener la lucha contra el gobierno de Francisco I. Madero para lograr el reparto de tierras y profundizar las transformaciones que se habían planteado, las cuales fueron una promesa al inicio de la revolución, incumplidas y traicionadas por Madero cuando llegó a la presidencia. Actualmente para el polo anticapitalista será una tarea no sólo discutir sus mecanismos de funcionamiento o elaborar un programa nacional de lucha contra el capitalismo, sino además, la de convocar a otras fuerzas sociales en el marco de un nuevo Plan de Ayala que le permitan colocarse como una alternativa política frente a la continuidad neoliberal, la amenaza que representa la oposición de derecha y las nuevas ofensivas del capitalismo.

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