Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Los chalecos amarillos y la lucha de clases en Francia

 

 

La situación política y social en Francia está marcada por una inestabilidad llena de contradicciones: entre la ofensiva neoliberal de la burguesía y las explosiones de cólera populares, de resistencia de la juventud, de las trabajadoras y los trabajadores.

 

Estas últimas semanas Macron intentó torpemente generar compasión al decir sentirse agotado y al borde del colapso emocional y laboral, al mismo tiempo el gobierno acaba de hacer una reorganización ministerial para permitirles a 3 miembros de su camarilla saciar sus ambiciones personales lanzándose a campañas electorales (elecciones municipales de París y elecciones europeas). Sin embargo, más allá de los cuentos gubernamentales y sus preocupaciones electoralistas, el elemento esencial que hay que retener, es la persecución de la ofensiva de la clase dirigente contra los trabajadores(as). Esta ofensiva liberal se expresa, por ejemplo, con el anuncio del aumento de los gastos de inscripciones en la universidad (para los estudiantes extranjeros en un primer momento), los cierres de servicios públicos (estancias maternales etc.) y con los cierres de fábricas. El cierre de la fábrica de Ford Blanquefort, que va a arrojar a la calle a 800 trabajadores de la fábrica (que Philippe Poutou, militante y candidato del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), en las últimas elecciones presidenciales) y 3,000 trabajadores indirectamente, a pesar de los 28,5 millones de euros de beneficios de la fábrica del año 2017, es emblemático. Esta ofensiva también va a plasmarse el 6 de mayo con los anuncios oficiales del detalle de las reformas de desmantelamiento de las jubilaciones y de la seguridad social, en el marco general de la austeridad presupuestaria.

 

La ola neoliberal es acompañada, por supuesto, por una ola de represión violenta y encarnizada para quebrantar todas las resistencias al gobierno y al empresariado. El gobierno acaba de adoptar una ley anti manifestación muy dura (legalización de registros preventivos con posibilidad de detención, la prohibición de cubrirse el rostro) que acompaña la represión policial violenta de las manifestaciones de estos últimos meses: 1 defunción, 1700 heridos de los cuales 150 presentan heridas graves (17 en los ojos y 4 manos mutiladas)  entre los chalecos amarillos y alumnos de bachillerato, 2000 manifestantes sancionados, cerca de 800 a prisión (y todavía 1800 en espera de juicio). La represión no se detiene únicamente en las manifestaciones, los despidos y las persecuciones judiciales en contra de los sindicalistas y militantes se multiplican: a la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles), en Geodis (es la parte de SNCF que se encarga del transporte de mercancías y logística), en el correo (la Poste), entre los estudiantes. Por ejemplo, 3 estudiantes de la Universidad de Nanterre, entre ellos 2 compañeros del NPA, son perseguidos en respuesta a las movilizaciones de 2018: el primer juicio condenó a 2 de los estudiantes a penas de prisión y al mismo tiempo la Universidad tiene intenciones de expulsarlos de la facultad con una comisión disciplinaria a las semanas venideras.

 

A corto plazo el movimiento social parece ir más despacio, incluso si las manifestaciones de los chalecos amarillos perduran y desafían las prohibiciones de manifestación, éstas ya perdieron su carácter masivo. La falta de una perspectiva clara -en particular el hecho que el arma de la huelga no emergió seriamente en el seno del movimiento- y el fracaso de unión con el movimiento sindical para afrontar conjuntamente al gobierno de Macron es parte de este debilitamiento. De su lado las direcciones de las centrales sindicales, como la Confederación General del Trabajo, negocian las regresiones sociales en los salones del gobierno en lugar de construir relaciones de fuerza en la calle. No hay fecha de huelga y manifestación nacional en perspectiva que permitiría expresar el descontento y construir un verdadero enfrentamiento contra la burguesía y el gobierno a su servicio.

Sin embargo, a mediano plazo debemos tener en cuenta que estamos en un período de ascenso de las luchas y de intensos enfrentamientos de clase con las huelgas contra la Ley de trabajo de 2016, la huelga de los ferrocarrileros y el movimiento estudiantil de 2018, los chalecos amarillos este año. ¡Nuevas secuencias de luchas llegan y responderán a los ataques del gobierno! Desde ahora la combatividad existe y, a falta de movilización nacional, el descontento explota localmente: huelga victoriosa en COGEPART LYON, huelga de los basureros de Lyon, movilización de los trabajadores sociales en París, Lila, Lyon, Grenoble, jornadas de huelga nacional de los profesores, huelga indefinida en la central eléctrica de Gardanne desde el 7 de diciembre de 2017, manifestaciones masivas de los alumnos de bachillerato contra el cambio climático, huelgas de los trabajadores del sistema de salud. Entre estas huelgas sectoriales, la huelga de los empleados de correos del departamento de los Altos del Sena es un ejemplo. La huelga fue iniciada el 26 de marzo de 2018 contra la autorización de la Ministra del trabajo para despedir al delegado sindical (y militante del NPA) Gaël Quirante. Esa fue la chispa que encendió la pradera, y 150 trabajadores del correo, el 20 % de los  asalariados del departamento están desde hace más de 1 año en huelga, contra la represión sindical; pero sobre todo para poner un alto a la reestructuración que aumenta las cadencias, degrada las condiciones de trabajo, roba tiempo de trabajo a los empleados. A pesar de una dirección de la empresa que prefiere hacer tierra quemada en lugar de responder a las reivindicaciones de los huelguistas, y a pesar del encarnizamiento policial y judicial (5 huelguistas han sido inculpados en abril para reventar su huelga), los trabajadores continúan su huelga, y su política de convergencia de las luchas yendo a sostener otras huelgas y luchas (represiones sindicales, luchas contra las violencias policiales, las movilizaciones estudiantiles). Una huelga tan larga es posible gracias a la solidaridad de clase que permite suministrar fondos a la huelga; pero también con la solidaridad internacionalista y las iniciativas de apoyo España e Italia particularmente.

 

Por lo tanto hay que tener en cuenta que en cada una de estas luchas de clase, sectoriales o nacionales, nuevas franjas de la juventud y de los trabajadores han adquirieron la experiencia de la lucha, de la confrontación con la policía, contra el gobierno, la burguesía y su Estado, y sus experiencias van a alimentar las futuras movilizaciones. Estas movilizaciones deberán ser más masivas, más determinadas, para plantear un bloqueo de la economía y así obligar a ceder a la burguesía. Para esto hace falta un partido revolucionario implantado en la juventud y la clase obrera para empujar las movilizaciones lo más lejos posible, reunir las luchas y el descontento, para hacer emerger y madurar en las conciencias la perspectiva de la huelga general, y así, estar en condiciones de tomar el poder.

 

* Militante del Nuevo Partido Anticapitalista de Francia (NPA)

 

 

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