Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Una perspectiva disidente sobre el acuerdo de migración Trump-AMLO

 Zenaida, la adolescente salvadoreña asesinada en el estado de Veracruz el viernes 14 de junio de 2019, por policías mexicanos (o personas disfrazados así) no es la primera víctima de la política anti inmigrante orquestada desde Estados Unidos, en combinación con la violencia encarnizada que asola al territorio mexicano. Sin embargo, es el primer caso de un asesinato en el que las acciones tomadas por el gobierno de López Obrador tienen una gran proporción de responsabilidad. Ya desde antes del asesinato de la salvadoreña, el solo hecho de que Trump esté complacido con los esfuerzos de AMLO para evitar que las y los refugiados centroamericanos lleguen a la frontera con Estados Unidos debía ser motivo de profunda preocupación para la izquierda. 

 

La izquierda revolucionaria debe promover posiciones ideológicas solidarias e internacionalistas entre el pueblo trabajador, que vayan a contracorriente del júbilo de algunos sectores obradoristas ante la supuesta defensa de la dignidad y soberanía nacionales por parte del gobierno federal, la cual se basó fundamentalmente en la negociación de derechos humanos. Trump no trata de disfrazar en absoluto el hecho de que no le importa el bien de quienes migran por la pobreza y violencia en sus países, problemas debidos en buena medida a las políticas sangrientas impuestas o solapadas por EE. UU. en Centroamérica. Entonces, cuando Trump está contento, es seguro que son las y los refugiados quienes van a sufrir. 

 

La derecha mexicana aprovecha la oportunidad  para acusar a AMLO de traicionar la soberanía, así como de cargar al pueblo mexicano con el cuidado de miles de personas refugiadas por quienes el gobierno de los Estados Unidos se niega a aceptar responsabilidad alguna. Aunque esta crítica por la derecha contiene un grano de verdad, que esconde el  claro racismo, la xenofobia y su propia hipocresía. Permitir que la amenaza de aranceles lanzada por Trump tenga como respuesta ese nivel de concesiones deja la puerta abierta para que Trump u otros políticos estadounidenses utilicen el recurso de la amenaza a voluntad, y sugiere que AMLO no planea cuestionar la histórica sumisión del gobierno mexicano a Washington.

 

Mientras que la derecha puede censurar esto como una afrenta al nacionalismo mexicano, la izquierda debería estar criticando  el hecho de que AMLO parece más preocupado por proteger a los capitalistas mexicanos de los aranceles que por defender a millones de mexicanos y otros latinoamericanos, documentados e indocumentados. Del mismo modo, actualmente los EE. UU. ya se enfrentan a un aumento de la violencia y discriminación sistemáticas, llevadas a cabo por sectores racistas y xenófobos envalentonados por la retórica vil de Trump y la impunidad con que los arropa. 

 

De hecho, Trump no ha mostrado ningún remordimiento por su demonización de los migrantes y, en cambio, ha señalado que su retórica probablemente será aún más lacerante en su campaña de reelección en  2020, al anunciar a través de Twitter la noche antes de su primer mitin oficial (celebrado el 18 de junio de 2019 en Orlando, Florida) que la Agencia Federal de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) arrestaría y deportaría a “millones” de personas indocumentadas en la semana siguiente. Para poner esta afirmación en perspectiva, el ex presidente Barack Obama, conocido por algunos como el "deportador en jefe", tiene el récord de más deportaciones en un año entero, con aproximadamente 410,000 en 2012. Claramente, Trump simplemente estaba complaciendo discursivamente a los nacionalistas blancos y otros miembros xenófobos de su base electoral, como lo confirmó más tarde al rescindir la orden para proceder con las detenciones.

 

AMLO por su parte, en lugar de desafiar directamente el racismo y el uso de las personas migrantes como chivos expiatorios, ahora presume como “logro” de la negociación con Trump el visto bueno que éste dio al “Plan de Desarrollo Integral para el Sur de México, Honduras, El Salvador y Guatemala”, con el que presuntamente se atenderán los factores regionales que provocan la migración. Habría que cuestionar qué entiende el gobierno de AMLO y, sobre todo, el de Trump por “desarrollo integral”, especialmente con el antecedente del “Plan Puebla Panamá”, directamente relacionado con los megaproyectos que ya se llevan a cabo desde el centro hasta el sur y sureste de México, tales como como el Proyecto Integral Morelos, el Tren Maya, “Sembrando Vida” y el Corredor Ferroviario Transístmico, fundamentalmente orientados al beneficio de grandes empresas. Como ha planteado el geógrafo marxista Milton Santos, el crecimiento económico y una distribución menos desigual de riqueza a través del desarrollo capitalista no solamente no son sinónimos, sino que son antimonios, y los impactos sociales y ecológicos de dichas obras son crecientemente denunciados por comunidades y especialistas, entre quienes ya figuran personas asesinadas en defensa del territorio.

 

Por su parte, la afirmación de que aceptar acoger a los refugiados que esperan decisiones sobre sus solicitudes de asilo impone una carga injusta para México es bastante más deshonesta. Como demostró la generosa ayuda y la solidaridad que muchos volcaron hacia la primera caravana migrante que atravesó el país en octubre de 2018, llegando a Tijuana, los mexicanos están dispuestos y pueden ayudar a los refugiados. Además, aceptar la narrativa que describe a los refugiados centroamericanos como una carga o una amenaza para el bienestar de México corre el riesgo de alentar al mismo tipo de fuerzas neofascistas y de ultraderecha que buscan chivos expiatorios entre los migrantes, y que han llevado regímenes autoritarios al poder en varios países, incluyendo a los propios Estados Unidos.

 

No obstante, existen razones para oponerse al plan de acoger a solicitantes de asilo en México. La más importante de éstas es que la mayoría de estos refugiados han indicado que no desean permanecer en México. A su vez, el hecho de que los narcos han convertido la violencia contra los migrantes y el tráfico de personas en una práctica comercial rentable en distintas latitudes del país también apunta a cuestiones de seguridad hacia quienes pasan por México. Finalmente, el gobierno de los EE. UU. tiene la obligación legal y moral de aceptar a estos refugiados, más allá del papel histórico de este mismo gobierno en la creación de las condiciones que obligan a estos refugiados a abandonar sus hogares. Presionar al gobierno estadounidense para que cumpla con estas responsabilidades podría ser una importante muestra de solidaridad entre las naciones latinoamericanas y sus pueblos, lo que representa un importante obstáculo para la creciente ola de ultranacionalismo en gran parte de la región.

 

Las críticas a esta medida han llegado incluso desde el propio gobierno en voz de Porfirio Muñoz Ledo quien, acertadamente, aunque desde la perspectiva del antiguo priismo nacionalista del que proviene junto con el propio AMLO, ha señalado que esta medida socava la legitimidad moral de cualquier exigencia de que el gobierno de los Estados Unidos respete los derechos de los mexicanos que buscan ingresar ese país, describiendolo como un doble rasero de la frontera norte y la del sur. De hecho, sellar la frontera sur envía el mensaje de que México está más preocupado por mantener contento al gobierno de derecha en Washington que a promover los intereses comunes del pueblo latinoamericano, o del pueblo americano en general. 

 

Desafortunadamente, el plan de AMLO para militarizar la frontera sur con 6.000 miembros de la Guardia Nacional, seguido de la renuncia de Tonatiuh Guillén como titular del Instituto Nacional de Migración y su reemplazo por el encargado de la red de cárceles federales Francisco Garduño, envía el mensaje exactamente opuesto, y desmiente la promesa de AMLO en su campaña que no hará el "trabajo sucio" de aquellos en Washington que buscan continuar usando a México como amortiguador contra los migrantes centroamericanos. 

 

Esto aborda un asunto clave subyacente en la migración forzosa transnacional: la solidaridad internacional de la clase trabajadora. Como observó el geógrafo Joseph Nevins, los llamamientos a la seguridad fronteriza y la criminalización de la migración pueden describirse como una forma de discriminación socialmente aceptable. Por lo tanto, el chivo expiatorio de los migrantes es una herramienta importante para dividir a la clase trabajadora, particularmente con cuestiones de género, etnicidad, sexualidad y otros criterios igualmente arbitrarios a los que se enfrentan cada vez más. En el caso de los Estados Unidos, también permite ocultar el papel histórico del imperialismo y el neocolonialismo en socavar las condiciones de vida de la clase obrera nacional e internacional.

 

Esto no quiere decir que tal discriminación esté respaldada universalmente. En su momento, una gran mayoría del público tanto en EE. UU. como en México favoreció abrir las puertas y brindar ayuda a las caravanas de refugiados, por sobre aquellos que apoyaban el cierre de fronteras y las deportaciones. Aunque todavía es una posición minoritaria, las demandas de apertura de las fronteras nacionales continúan ganando terreno en la izquierda de EE. UU., y otras figuras del establishment han tomado el llamado de la demócrata socialista y diputada de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, a abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Con un gobierno ostensiblemente progresista en el poder, uno esperaría que México se moviera en esta dirección.

 

El hecho de que AMLO se esté moviendo aparentemente en la dirección opuesta, hacia una frontera más militarizada, indica que la migración debe ser uno de los temas que se aborden en la construcción de un polo independiente a la izquierda de MORENA. Es importante destacar que este tema también presenta una clara oportunidad para fortalecer los enlaces de solidaridad internacional, con aquellos sectores que luchan contra el racismo y la xenofobia en los Estados Unidos, aquellos que se ven forzados a abandonar sus hogares debido a la violencia y la pobreza en América Central, y aquellas personas en general que luchan en todas partes por un mundo más humano. En una coyuntura histórica en la que, tanto en Europa como en América, se trata a las personas refugiadas como humanidad desechable, el internacionalismo proletario es más importante que nunca.

 

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