Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Ni la policía ni el ejército nos cuidan

August 17, 2019

 

 

¿Qué se espera de una mujer en México después de ser víctima de violencia de género? Pareciera que lo lógico es que decida hacer una denuncia formal, es decir, que asista a las instancias de procuración de justicia correspondientes, haga una declaración con lujo de detalle, sea sometida a pruebas y exámenes, regrese a ratificar su denuncia y espere a que ministerios, jueces y policía hagan justicia. Sin embargo, en nuestro país es real que quienes tienen por obligación garantizar nuestra seguridad y salvaguardar nuestra dignidad, en muchos casos, son también los perpetradores de la violencia en nuestra contra, convirtiéndose en nuestros victimarios o formando parte de la cadena de impunidad que no se ha querido (ni podido) erradicar.

 

Al vivir en una sociedad patriarcal, las condiciones en que las mujeres nos desenvolvemos están constantemente en nuestra contra. La cultura de violación, el machismo y sexismo imperan en todos los espacios donde nos desarrollamos. Cuando las mujeres deciden denunciar legalmente esta violencia se enfrenten a posibles “fallas” en las investigaciones, filtraciones de información, pérdida de carpetas o pruebas, e incluso “errores” en las cadenas de custodia , desanimando que las denuncias sean ratificadas, desestimándolas y las mujeres son revictimizadas. 

 

La violación a una mujer menor de edad en la madrugada del pasado sábado 10 de agosto en Azcapotzalco por parte de 4 miembros de la policía preventiva de la Ciudad de México, nos recuerda (como si se necesitara) el riesgo al que estamos expuestas por el hecho de ser mujeres en este país, al mismo tiempo que recoloca en el centro de nuestra atención que la violencia machista y patriarcal está también dentro del Estado y sus instituciones, quienes la ejercen sin titubeo, generando altos niveles de opacidad en la impartición y acceso a justicia para las mujeres. 

 

 

La respuesta de las mujeres y feministas

 

La acción del día de lunes 12 de agosto frente a la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México tuvo siempre por objetivo exigir justicia. Los vidrios rotos o la confrontación a Jesús Orta, Secretario de Seguridad Ciudadana, por su incapacidad para dar una respuesta efectiva, fueron expresiones del hartazgo ante el desinterés institucional respecto a la vida de las mujeres.

 

Esta ha sido parte de nuestra historia también, pues hemos sido las mujeres quienes organizadas, juntas y en las calles, mediante diversas acciones, estrategias o alianzas, apostamos por cambiar la correlación de fuerzas. Hemos cuestionado, atentado contra el orden impuesto, exigido derechos, mejores condiciones de vida, mayores atenciones a nuestras necesidades específicas y ahora, también acceso a justica.

 

Las respuestas del Estado ante estas situaciones no han sido suficientes ni están a la altura de las problemáticas. Las lamentables las declaraciones de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la CDMX, el mismo 12 de agosto, muestran la poca voluntad para  asumir el problema de fondo y antepone a la indignación de las mujeres frente a la impunidad para con los responsables de la violencia (en este caso los integrantes de la policía capitalina), el interés político por criminalizar  la protesta social y a las mujeres que participaron de la acción.

 

Dos días después, el 14 de agosto,  el gobierno de la Ciudad convocaba al diálogo "Cero impunidad y justicia absoluta para las mujeres y niñas víctimas de violencia” en el que participaron integrantes del gabinete, la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, la presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado de la República y algunas organizaciones de la sociedad civil invitadas seleccionadamente, teniendo como único objetivo legitimar las declaraciones de la jefa de gobierno de días pasados y respaldar las acciones a favor de las mujeres de su actual administración, las cuales fueron leídas a manera de lista, sin autocritica, cuestionamiento, ni diálogo alguno.

 

La insistencia, durante el evento, en el llamado a confiar y trabajar conjuntamente con el actual gobierno a lo largo de las participaciones, parecía venir de una perspectiva alejada de la realidad de millones de mujeres. Comentarios como el que la “protesta es aceptable siempre y cuando sea con mesura y respeto”, “las violaciones pueden corregirse”  y señalar que al gobierno debe dársele toda la confianza,  son una falta de respeto y burla hacia las mujeres para las que cada día es un combate, viven el incremento de  la violencia en carne propia y la justicia sigue sin llegar para aquellas que asisten a Ministerios Públicos o Fiscalías buscando acceder a ella.

 

La búsqueda por legitimar las instituciones, ahora con la llegada de Morena al gobierno federal a través de Andrés Manuel López Obrador y con Claudia Sheinbaum al gobierno de la Ciudad de México, no nos convence, pues siguen dando muestra de que el pacto de impunidad sigue implacable. No bastan los discursos conciliadores con entonaciones condescendientes enumerando los programas, campañas o buenas ideas para prevenir, atender y erradicar la violencia contra las mujeres, si en los hechos las respuestas del Estado siguen mostrando que las mujeres no somos prioridad, que proteger nuestras vidas no es imprescindible y hacer justicia para los casos de violencia de género no es parte de la política nacional. 

 

No estamos dispuestas a aceptar las acusaciones de ser provocadoras. La provocación no ha venido por parte de la movilización o la organización de mujeres que han hecho uso de todas las herramientas y vías posibles para salvaguardar sus vidas. La provocación es de un sistema de impartición de justicia patriarcal y de gobiernos que siguen en deuda con las mujeres.

 

En estos momentos, en los que la Guardia Nacional se ha impuesto por todo el territorio mexicano militarizando nuestros espacios cotidianos, nosotras no olvidamos a las mujeres torturadas sexualmente en Atenco en 2006 por la policía municipal, estatal y federal o a las 13 trabajadoras sexuales que ese mismo año fueron violadas por militares en Coahuila. Tampoco  olvidamos el papel del ejército, la policía y la marina en múltiples casos de desapariciones, tortura, detenciones arbitrarias o la forma en que siguen utilizando nuestros cuerpos como botín de guerra. 

 

Las mujeres llevamos siglos creando redes para acompañarnos, sanar y salvarnos. Hoy, cada vez más mujeres pasamos de la frustración al hartazgo e intransigencia con la violencia cotidiana y logramos darnos herramientas para hacernos fuertes. Hacemos de la rabia posibilidades de organización y  reinventamos estrategias  para incidir y hacernos escuchar.

 

Nosotras no confiamos en la policía, el ejército ni en los cuerpos represivos del Estado para sentirnos seguras. A nosotras no nos cuida la policía, a nosotras nos cuidamos entre nosotras.

 

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