Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Sobre Ecuador

Imagen: Diseños a pincel 

 

A lo mejor exagero, pero me parece que, en embrión es verdad, en Ecuador estaba ocurriendo algo muy similar a un proceso revolucionario (un bosquejo, claro): las comunidades indígenas organizadas se movilizaron, ocuparon la capital y llamaron a luchar -y pelearon y pelean- contra el FMI y el decreto y las disposiciones del gobierno del señor Moreno y compañía. A este llamado se sumaron ciudadanas, ciudadanos, jóvenes, ancianos, trabajadores, mujeres, profesionales, estudiantes que arroparon solidariamente a los y las indígenas. Fue una movilización que movilizó. Fue un verdadero abrazo del campo y la ciudad. Un abrazo plebeyo, rostro a rostro, voluntad a voluntad. Un verdadero acontecimiento. Un abrazo que implicó un valiente desafío a la sangrienta respuesta del gobierno del señor Moreno, quien aplicó todo un diseño contrainsurgente, brutal, despiadado, que buscaba aplastar la movilización hermanada. No faltó nada: toque de queda, represión a la prensa, desaparecidos, asesinados, baleados, golpeados, gaseados, campañas de desinformación y de tergiversación, uso de infiltrados para culpar al movimiento, difamaciones, etc.

 

Para mí el momento de inflexión fue el cacerolazo del sábado 12 de octubre en la noche -verdaderamente conmovedor- y el inicio de las movilizaciones en otras ciudades: cuando el gobierno esperaba silencio y resignación, los hermanos y hermanas del campo y la ciudad se negaron a quedarse callados, ratificaron en actos su decisión de luchar. A pesar de la represión, de la violencia, la voluntad combativa, solidaria, erótica (en el sentido amplio de la palabra), se negó a plegarse a la oscuridad tanática del gobierno. Y esta voluntad estaba ya abriendo grietas -pequeñas, no hay que magnificar, pero significativas- en las bases del ejército y la policía: algunos soldados y policías se reconocieron en sus hermanos de clase, de barrio, de etnia,de lucha. Añadamos que la digna movilización del pueblo ecuatoriano estaba ya empezando a tener ecos en la escucha solidaria de otros países (y a Moreno lo avalaron gentes de tan alta calidad moral como Bolsonaro, Duque, Vicente Fox, Felipe Calderón, y la dirigencia política del gobierno español...). Creo que el gobierno sopesó la profundidad, la densidad, la verdad, la decisión del pueblo (los pueblos) ecuatoriano(s),y, sobre todo, el crecimiento que estaba teniendo ya la lucha entre más hermanos, hermanas, más sectores sociales, mas ciudades... y decidió dar un paso atrás. El señor Moreno llamó a negociar, se vio obligado.

 

En la mesa del domingo, los y las compañeros indígenas pusieron muy en alto la dignidad, la inteligencia, la sabiduría política, el compromiso ético de sus comunidades y de los y las trabajadores y ciudadanos y ciudadanas de Ecuador. Fueron la sabia soberanía popular hablando frente a la nación y evidenciando la pequeñez de nuestras clases dominantes. La derogación del decreto 883 es un triunfo innegable. El gobierno tuvo que recular (por lo menos, momentáneamente). No es poca cosa. Es una gran cosa. Sin embargo, no se me olvida que el rencor, el miedo, el desprecio a la vida del que es capaz el núcleo duro de la clase gobernante ecuatoriana ya se apareció sin máscara y no quiero olvidar tampoco que el señor Moreno es alguien muy capaz de traicionar.

 

Ya sabemos de lo que es capaz ese núcleo duro gobernante. Habrá que estar atentos.

 

Pero también ya sabemos (mi admiración, amor y respeto inmensos) de lo que son capaces los y las plebeyos hermanados hermanos y hermanas ecuatorianos.

 

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