Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Contra el colapso, para un pensamiento radical de los mundos posibles

October 29, 2019

 

 

En respuesta a la entrevista con Pablo Servigne, aparecida en Contretemps, publicamos dos contribuciones sobre "Collapsologie", es decir, teorías ecologistas fundadas sobre la idea de un colapso de las sociedades humanas. Esta «ciencia de la catástrofe» tiene implicaciones políticas que se t

 

ratan de discutir, en particular desde un punto de vista ecosocialista. La segunda de estas contribuciones se extiende y responde a la primera contribución de Daniel Tanuro.

 

Me gustaría sacar provecho del último artículo de Daniel Tanuro sobre el colapso ecológico para reaccionar y ahondar la crítica a la idea misma de colapso. Le agradezco por sus múltiples posturas y críticas con relación a la “colapsología” que permiten abrir el debate, en particular con relación a los libros “muy mediatizados” de Pablo Servigne. En su último artículo, Daniel Tanuro reconoce la amenaza del hundimiento, pero afirma que el discurso que le rodea oculta o deforma su verdadera causa: el capitalismo. Tanuro subraya el derrotismo peligroso que lo acompaña, ya que afirma que este colpaso llevará a la desaparición de una gran parte de la población. Daniel Tanuro se distancia pues de los “colapsólogos” afirmando que el colapso no es inevitable, aunque su amenaza sea real. Por mi parte, me gustaría interrogar esta idea de colapso, acoplando a esta crítica "anticapitalista", una crítica epistémica, es decir sobre la visión del mundo que acompaña este pensamiento del colapso.

 

«Ser catastrofista, no es ser pesimista u optimista, es ser lúcido», nos dice Servigne [1]. Parece afirmar que no se puede más que ser catastrofista o estar en negación. Quiero subrayar primero que la radicalidad del discurso no está en la exageración retórica de la catástrofe, en la apuesta de quien tiene la predicción más terrible de futuro, lo que a menudo se encuentra en el posicionamiento de los colapsólogos. Ser radical implica más bien ir a la raíz de los fenómenos sociales, sin naturalizarlos [2]. Más que anticipar el futuro según una realidad implacable, comprender lo impensado de nuestras visiones del mundo, poner en duda lo que nos parece evidente, dado, natural, me parece  un paso crítico mucho más pertinente y radical.

 

Coincido con Daniel Tanuro sobre la necesidad de proporcionar una crítica anticapitalista del colapso. Pero esta no es suficiente según yo. En efecto, hay que poder romper con una visión radical que se apoya únicamente sobre las cifras y universaliza desde ahí la realidad de modo abstracto. Hay efectivamente una realidad objetivable, que es útil para pensar en la realidad social, pero aquella no es determinante en nada de esta última. La crítica anticapitalista sólo es radical si interroga las relaciones sociales en la base del capitalismo, y cómo este las transforma. Si la ciencia es capaz de objetivar una parte de la realidad, no se sitúa por fuera de las relaciones de dominación. La ciencia misma está inscrita en el proyecto de modernidad occidental, que se colocó en una relación de dominación respecto a otros saberes y técnicas. Para mí, el objetivo de este artículo es demostrar de qué manera el pensamiento del colapso reproduce una visión eurocéntrica y colonial de la ecología y de la transformación social.

 

La importancia de los conceptos para la lucha social

 

Los conceptos son esenciales para la capacidad de pensar el mundo.

 

«Las palabras llevan, se lleva en ellas una visión del mundo, una lógica política, marcas de delimitación». [3] Boaventura de Sousa Santos ha señalado la dificultad de pensar hoy en la transformación social emancipadora, particularmente debido a la pérdida de términos críticos [4] que permiten distinguirse del campo hegemónico del poder. No podemos minimizar la importancia de las palabras y las relaciones de poder en las cuales son objeto de la lucha por la hegemonía. El concepto de "colapso" parece por una parte poco pertinente para expresar el análisis que implica y sobre todo, es particularmente pobre en términos críticos. Mientras este formula la idea de una caída brutal, los que reivindican el término afirman que tomará años, incluso décadas. Además, ¿de qué colapso hablamos? Parece que los colapsólogos hablan de un hundimiento de la sociedad, incluso de un hundimiento civilizacional. La noción de colapso parece poco adecuada para expresar la idea de la larga duración que los autores quieren plantear. Si se estudia de cerca a las sociedades del pasado presuntamente "colapsadas", no podemos hablar de un hundimiento total, sino más bien de continuidades, en términos de supervivencia, de resistencias y de cambios [5].

 

Detrás de esta idea del colapso de la sociedad reside una visión del mundo que pone por delante al sistema más que a los actores, actrices y las relaciones sociales de poder. El hundimiento provendría de los "límites” de un sistema que ya no funciona más que de injusticias sociales: así se pretende nombrar un hecho considerado como real, más o menos próximo pero determinado. Para probar este colapso, los colapsólogos se refieren generalmente a datos cuantitativos, nacidos de las ciencias naturales. Haciéndolo, efectúan un deslizamiento entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, estudiando la sociedad como un "ecosistema", y deduciendo de datos "físicos", un colapso social. Esta forma de pensar basada en la existencia de determinismos sociales que se derivan de leyes de la naturaleza lleva un nombre: positivismo. Esta epistemología ha sido criticada ampliamente por corrientes teóricas que afirman que la sociedad no es un objeto observable desde el exterior, y que no es posible, pues, estudiar la sociedad de modo neutro, sin juicios de valores.

 

Entonces, se trata de dejar esta visión positivista, fetichizante (reificante) y funcionalista de la sociedad, para reintroducir allí a los actores/actrices, relaciones sociales, relaciones complejas de poder y de dominación que dejan el futuro siempre abierto, sin leyes determinadas. Así, la diferencia entre los conceptos de resistencia y de resilencia ―cada vez más utilizado―, me parece importante para tomar partido en esta discusión. La idea de resistencia incluye la idea de una relación de fuerza que es la acción de actores/actrices concretos, contraria a la idea de resilencia, que implica la supervivencia a un choque exterior sobre el que no se tuvo mayor responsabilidad y los responsables finalmente importan poco. La resiliencia se interesa por el resultado como tal, en la noción de resistencia se enfocan los procesos de cambio.

 

Asumiendo la flexibilidad del lenguaje, las palabras se vuelven herramientas de lucha, que abren el futuro más que cerrarlo, que devuelven el poder a las luchas de abajo más que a los expertos, que permiten mantener la esperanza más que matarla [6]. Esto es fundamental cuando se habla desde un punto de vista privilegiado [y europeo] sobre el "colapso" que no nos concierne hoy y que no seríamos las primeras víctimas mañana. ¿Cómo podemos defender la idea de un colapso cerca de poblaciones para las que lo cotidiano ya es sinónimo de supervivencia? ¿Esperamos verdaderamente poder dirigirnos a ellas con tal concepto?

 

Volver a poner en juego a las actrices y a los actores: abrir las posibilidades

 

Contra la idea del colapso, entonces la apuesta es volver a poner a los actores/actrices y las relaciones de poder en el centro de la crítica, y pensar en lo posible a partir de las luchas sociales. Para hacerlo, me parece que las críticas feministas y decoloniales son indispensables para complementar la crítica al capitalismo. Estas permiten salir de una racionalidad utilitarista fría de pensar el mundo y de una visión del mundo unívoca, que es la del sujeto moderno europeo. Sin ahondar estas dimensiones aquí, deseo brevemente evocarlas como pistas que hay que ahondar.

Sobre una crítica feminista al colapso y al imaginario apocalíptico que lo acompaña, Bénédikte Zitouni y Emilie Hache proporcionaron un ejemplo de lucha feminista que nos parece particularmente pertinente para repensar en el contexto actual. En una época de alta amenaza nuclear, al principio de los años ochenta, los campos ecofeministas en Estados Unidos de América[7] salieron a la luz. Sobre estos campos, las mujeres luchaban por recuperar una capacidad de acción y la oportunidad de creer en esta, dándose otro espacio y otro tiempo de acción. Bénédikte Zitouni subraya cómo la oportunidad de pensarse en un tiempo de larga duración constituía una fuerza de resistencia para estas mujeres. Lejos de los discursos racionales, ellas utilizaban el lenguaje y posturas en escenas teatrales para poder expresar su alegría y su esperanza para con el futuro, permitiendo así hacerle existir. Oponiéndose de modo físico a las centrales nucleares, ellas creaban nuevos discursos e imaginarios que permitían luchar contra el apocalipsis.

 

Podemos también apoyarnos en las aproximaciones decoloniales para criticar la idea de colapso. Estas nos llevan a concebir la existencia de otras visiones del mundo radicalmente diferentes de la visión de la modernidad racional occidental, y cómo esta establece una relación de dominación que invisibiliza a los otros(as). Es decir, el proceso de colonización es también de orden epistémico [8]. Cuando Pablo Servigne afirma: “Dentro de veinte años, la agricultura industrial se habrá desmoronado y todo el mundo estará en la tracción animal”[9], Servigne borra completamente a los actores/actrices de su discurso. Entonces, la agricultura industrial "no se desmorona" totalmente sola. Nada se dice sobre cómo pasará este cambio radical que concernirá a "todo el mundo", ni sobre quiénes serán los perdedores o los ganadores. Así, esta visión de colapso (a)conflictiva parece acompañarse por una idea de «terra nullius», unas tierras sin actores/actrices, un territorio donde se empezará de nuevo a partir de cero. Sin embargo, no es posible pensar en las sociedades humanas a partir de una tabla rasa. Guillermo Kozlowski mostró bien, en un artículo publicado en La Revue Nouvelle [10], cómo la idea de la conquista del desierto ―todavía presente hoy― contribuye a reproducir el colonialismo. Kozlowski explica que el desierto ―en sentido literal y figurado ―no existe en sí, sino que es una construcción que borra a las poblaciones que viven sobre esos territorios, en provecho de un proyecto novedoso, positivo, que se edifica sin pasado. Es esta idea la que permite la colonización, que está presente en el colapso, lo que implica un mundo "post-apocalíptico" que no toma en cuenta a los actores/actrices de hoy y se emparenta a “la visión de un mundo en el cual la vida se desarrollaría bajo una forma perfeccionada a partir del desierto, al vacío, al homogéneo, sin historia (…).” [11] 

 

Si se está de acuerdo en que los conceptos son esenciales para el combate ideológico, estos puntos nos llevan a afirmar que este colapso aparece como peligroso y vanal para llevar una lucha social emancipadora. Si su fin es "despertar" a los dormidos, suscitar la indignación y la acción, parece necesario utilizar otros conceptos que afirmen otra visión política. La tarea es más bien la de repolitizar la ecología, marcando el origen capitalista, patriarcal y (neo)colonial del cambio climático y del agotamiento de los recursos naturales; de mostrar cómo la crisis ecológica está marcada profundamente por el racismo y la historia de la modernidad colonial [12];  de mantener la oportunidad de otros actores/actrices, en particular que vienen de los países del sur; de llevar esta lucha que les concierne primero, proponiendo otros discursos y visiones del mundo diferentes a la modernidad/colonialidad racional occidental. Más que ver el presente y el futuro de modos determinados, vayamos hacia las luchas que abren lo posible y nos llevan hacia " un mundo donde quepan muchos mundos " [13]. 

 

Elisabeth Lagasse es doctorante en Sociología en la Universidad Católica de Louvain (CriDIS / SMAG).

 

 Publicado originalmente en : https://www.contretemps.eu/effondrement-mondes-possibles/

 

 

Notas

 

[1] http://www.lemonde.fr/idees/article/2018/01/04/etre-catastrophiste-c-est-etre-lucide_5237562_3232.html#FsiPA52CESQ5zigz.

 

[2] Marx lo formuló bien en la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel: “Ser radical, esto es tomar las cosas por la raíz. Y la raíz del hombre, es el hombre mismo.”

 

[3] Olivier Starquit, « Les mots importent », Agir par la culture, 2018 (53). https://issuu.com/pacg/docs/apc_53_hd/12

 

[4] De Sousa Santos, B. (2016), Epistémologies du Sud. Mouvements citoyens et polémique sur la science, Desclée de Brouwer : 48. 

 

[5] McAnany, p. A., y Yoffee, N. (Eds).. (2009). Questioning collapse: human resilience, ecological vulnerability, and the aftermath of emire. Cambridge University Press.

 

 [7] Zitouni, B. (2014). Planetary destruction, ecofeminists and transformative politics in the early 1980s. Interfaz, 6 (2), 244-70.

 

Hache, E. (2016), « Pour les écoféministes, destruction de la nature et oppression des femmes sont liées. », Entretien https://reporterre.net/Emilie-Hache-Pour-les-ecofeministes-destruction-de-la-nature-et-oppression-des 

 

[8] Grosfoguel, R. (2010). 8. Vers une décolonisation des «uni-versalismes» occidentaux: le «pluri-versalisme décolonial», d’Aimé Césaire aux zapatistes. In Ruptures postcoloniales (pp. 119-138). La Découverte. 

 

[9] https://reporterre.net/Tout-va-s-effondrer-Alors-preparons-la-suite

 

[10] Koslowski, G. « Conquérir le désert. De l’actualité du colonialisme », La Revue Nouvelle, 01/2018, 36-44. 

 

[11] Ibid, 44.

 

[12] Françoise Vergès señala que hay que hablar de capitaloceno racial más que de antropoceno, recuperando por ejemplo la historia imperialista y capitalista a partir del tráfico internacional de esclavos, que permite relacionar el trabajo barato a la naturaleza barata, pero que también constituyó la primera gran transferencia de plantas, animales, enfermedades (entre otros) desde Europa, y por tanto  modificó considerablemente los paisajes y el medio ambiente. Vergès, F. (2017), «Racial Capitalocene. ¿Is the Anthropocène Racial?», Reverso Blog, https://www.versobooks.com/blogs/3376-racial-capitalocene

 

[13] Cita del subcomandante Marcos de Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

 

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