Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

Haití: ¡Ningún muerto solo! ¡Ningún muerto sin importancia!

October 29, 2019

 

 

En enero del próximo año se cumplen diez años del terrible sismo que destruiría buena parte de la capital haitiana, y que daría entrada al país a miles de voluntarios, provenientes de numerosos países, para las actividades de rescate y reconstrucción de las regiones más afectadas, y a efectivos militares de los cascos azules de la ONU; así como a cuantiosos préstamos y financiamientos tanto de organismos internacionales como de bancos privados en el exterior, muy humanitarios todos ellos, como es bien sabido que funcionan estos organismos en el mundo, por supuesto. Todavía en medio del desastre “natural”[1], en 2011 vuelve de su exilio en Francia, para instalarse en la zona más adinerada de Puerto Príncipe, aquel que es símbolo de las mayores pérdidas humanas en conflictos sociales y políticos en Haití desde su independencia, el continuador de la dictadura de François Duvalier “Papá-Doc”, Jean Claude Duvalier también conocido como “Baby-Doc”, quien había sido derrocado por fuertes movilizaciones sociales y huido del país el 17 de febrero de 1986, llevándose una cuantiosa cantidad de dinero del presupuesto nacional para su humilde supervivencia en Europa.

 

En enero de 2017 se celebraba el 213 aniversario del triunfo de la primer y única revuelta exitosa de esclavos negros en el mundo, aquella que conseguiría la primera independencia del subcontinente latinoamericano, y para el 17 de febrero tomaba posesión del gobierno el actual presidente de Haití, Jovenel Moïse. El país llevaba un año sin presidente oficialmente y las elecciones habían sido pospuestas en múltiples ocasiones, además de que el presidente anterior, Michel Martelly, “Tèt Kale” por su nombre artístico de músico que había apoyado a la dictadura duvalierista y cuyo pseudónimo lleva el partido político creado por él mismo en 2012, había abandonado el cargo semanas antes del fin de su mandato que sería en febrero de 2016, desde diciembre de 2015. Curiosidades de la farándula, “Tèt Kale” significa en lengua creole tanto cráneo calvo como cabeza de pene. Michel Martelly había llegado a la presidencia con la promesa de reinstaurar las fuerzas armadas de Haití, que habían sido desmanteladas por Jean Bertrand Aristide en 1995, y luego del mandato de René Préval (2006-2011),  quien había sido electo tras el golpe de estado militar que depuso a Aristide en 2004 y quien además sería el responsable del mantenimiento de la MINUSTAH (Misión para la Estabilización de las Naciones Unidas en Haití), que su antecesor, Boniface Alexandre (presidente interino entre el golpe de estado contra Aristide y la elección de Préval), había solicitado a la ONU.

 

Jovenel Moïse había sido el candidato del partido Tèt Kale para las elecciones a realizarse en noviembre de 2015 y pospuestas hasta su triunfo en 2017. A Moïse antes de su entrada en la política se le conoce por ser un empresario de las plantaciones de bananas, así como partícipe de empresas de producción de energía eléctrica a partir de métodos de obtención de “energía limpia” o “verde”. Esta mención es importante porque es a través de dichas empresas que presuntamente fueron desviados parte de los fondos provenientes de Petrocaribe (Acuerdo de cooperación energética lanzado por Hugo Chávez en 2005) y no se comprende que el dinero dedicado originalmente al desarrollo económico y de infraestructura nacional fuesen utilizados por empresas bananeras, ya sabemos pertenecientes (al menos en parte) a quién, para construir carreteras y hospitales, que dicho sea de paso, ni fueron construidos ni incentivaron el desarrollo económico y turístico del país; aunque se sabe que sí fueron funcionales a la construcción del lujoso hotel Marriot Puerto Príncipe, por ejemplo, entre otras iniciativas dedicadas al turismo de cruceros y playas caribeñas pero cuyas ganancias, desgraciadamente, no se quedan en Haití sino que van a parar a empresas des-localizadas en el llamado primer mundo, sin pagar ni siquiera impuestos, porque se apegan a los proyectos de desarrollo e industrialización por invitación, que les proveen de convenientes acuerdos comerciales en tanto que “invitados” (ya sea por el gobierno local, o por las iniciativas de los organismos internacionales que se permiten emitir recomendaciones y consejos a estos).

 

El escándalo no parece ser que la corrupción opere como mecanismo regulador del otorgamiento de fondos tanto nacionales como extranjeros, ni que los fondos que vienen del extranjero sólo lleguen a Haití previa reducción de impuestos y otra larga cadena de corrupciones y condicionamientos a modo, o que los esfuerzos de voluntarios de buena conciencia sean utilizados para tapar semejantes corruptelas, convirtiéndolos en una presa más de este sistema, y que a su vez estos mismos voluntarios a veces se conviertan en depredadores dentro de la larga cadena alimenticia de semejante sistema ecológico llamado “economía de la recontrucción” (piénsese en los escándalos por violaciones de derechos humanos, tráfico de personas con fines de prostitución, narcotráfico, robo de infantes, prostitución a cambio de alimentos y agua, establecimiento de campamentos provisionales que al paso de 10 años han gastado más dinero que si se hubiese reconstruido cada edificio derrumbado durante el sismo de 2010; todo lo anterior con voluntarios de Organizaciones No Gubernamentales implicados en semejantes actos).

 

El escándalo es que, además de todo lo anterior, el FMI se atreva aún a “proponer” nuevas medidas y hacer recomendaciones que atentan contra la ya depauperada situación de los habitantes de un país que carga con el estigma de haber sido la primera república de negros en el mundo; que la ONU siga manteniendo la MINUSTAH y cascos azules efectivos para garantizar “la paz”, mientras que deja impunes las denuncias de violaciones graves a derechos humanos; que pese al descubrimiento de todo el mecanismo de la corrupción que envuelve al presidente, éste se siga manteniendo en su posición de no dar cuentas del desvío de fondos a su favor y a través de otras empresas prestanombres ¡con nombre idéntico al de aquellas de que es propietario!, y que se niegue a renunciar, utilizando para ello a todo el sistema estatal y, de paso, las recomendaciones de organismos internacionales, como eliminar el subsidio a los combustibles que obtiene y ha obtenido vía acuerdos tipo Petrocaribe (muy muy Castro-Chavista, tampoco parece ser Jovenel Moïse).

 

La impunidad de los crímenes aquí descritos sólo de manera muy breve, y de la feroz represión contra aquellos que se atreven a manifestarse, no hace sino profundizar la crisis social y civilizatoria en Haití; sin embargo, pese a todo pronóstico pesimista, día a día surgen estrategias de resistencia por parte de la población general y los no pocos intelectuales haitianos reconocidos en el mundo que levantan la voz para denunciar el silencio cómplice de los medios internacionales y la “soledad de los muertos sin importancia” como los ha llamado Lyonel Trouillot. Desde el domingo 13 de octubre, doce estudiantes (diez hombres y dos mujeres) de la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Haití se mantienen en huelga de hambre y decididos a morir si Moïse no renuncia a la presidencia. Y desde el 7 de febrero de este año, la oposición lleva a cabo una serie de manifestaciones que se intensifican de tanto en tanto y que han llamado la “operación pays lòk” que literalmente hace referencia al bloqueo de cualquier tipo de actividad económica en mancuerna con las movilizaciones sociales y manifestaciones públicas en el país; se trata del bloqueo de hospitales, escuelas, servicios públicos, comercios, actividades de producción de por sí debilitadas, todo permanece bloqueado pese a las consecuencias que ello produce entre la propia población que se dice dispuesta a asumirlas; desde el 16 de septiembre la población se ha movilizado cada día por la renuncia del presidente. Desde el exterior, nos queda conocer la situación lo más detalladamente posible, aprender de la experiencia del pueblo hermano de desgracias y solidarizarnos con el heroico pueblo haitiano, no dejar solos ni sin importancia a los muertos, asumir como propia la consigna de la primera constitución haitiana: ¡Ahora todos somos negros!

 

 

 

[1] “Natural” entre comillas, porque habría que cuestionarse si en verdad es la naturaleza la que causa la desgracia humana, o más bien las condiciones sociales y políticas, propias de regímenes coloniales, que subsumen a las personas a condiciones de hambruna y miseria, de falta de oportunidades y libertad, las que hacen que la naturaleza parezca como peligrosa y destructiva para quienes habitan esas regiones del mundo que se resisten a la “modernización” y el “desarrollo”.

 

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