Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional

POR LESVY, POR TODAS. 2 AÑOS, 5 MESES Y 15 DÍAS DESPUÉS

Cuando sucede un feminicidio, el acceso a justicia y la exigencia de reparación integral del daño, se vuelven, para la familia y comunidad, los recursos a través de los cuales se busca zurcir el tejido social que se deshila cuando a una mujer le es quitada la vida con saña y tintes de violencia machista.El caso del feminicidio de Lesvy Berlín Rivera Osorio, una joven de 22 años con cabellos largos, estudiante del CCH Sur de la UNAM; una ciudadana del mundo, como su madre, Araceli Osorio Martínez, la describe, mostró que la justicia feminista en nuestro país se construye colectiva y estratégicamente a fuerza de tirabuzón.

 

Dos años, 5 meses y 15 días después, Jorge Luis González Hernández, entonces pareja sentimental de Lesvy, fue declarado culpable por el feminicidio que cometió durante la madrugada del 3 de mayo de 2017 en Ciudad Universitaria. Después de un agotador juicio que culminó con 11 audiencias, tres jueces lo condenaron a 45 años de  prisión, pues, aún con las casi 60 pruebas, los argumentos, testimonios y el arduo trabajo de las abogadas Sayuri Herrera Román y Ana Yeli Pérez Garrido, la justicia mexicana consideró que solo existía un grado de culpabilidad media, por lo que no se contemplaron los 60 años que se pedían, pena máxima para este delito.


 

"Grupo de Acompañamiento Político a la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio frente al Reclusorio Oriente al término de la Audiencia donde se emitió, por unanimidad, el Fallo condenatorio del TSJ en el que se acredita que Jorge Luis González cometió feminicidio agravado y se le condena a 45 años de prisión. 11 de octubre de 2019"

 

 

Dos días después del feminicidio, el 5 de mayo de 2017, mujeres universitarias, jóvenes, feministas, trabajadoras, activistas de movimientos sociales y políticos, se reunieron en una marcha en CU, para abrazar, extender, tejer solidaridad y exigir justicia ante el feminicidio de quien, para ese momento, aún no era identificada. En medio de la filtración de información, difamación y estigmatización, en contra de quien después supimos era Lesvy Berlín Rivera Osorio, iniciaría un proceso de sororidad y acompañamiento a Araceli Osorio, Lesvy Rivera Calderón, el padre de Lesvy, y toda su familia, en el camino de la búsqueda de justicia en un país donde son asesinadas 9 mujeres cada día.

 

Casi al final del camino

 

El pasado 11 de octubre, cuando los jueces determinaron la culpabilidad de Jorge Luis González en el feminicidio de Lesvy, Araceli Osorio rememoró el camino que ha transitado en la exigencia de la verdad y justicia, pese a la obstaculización y constantes violaciones a sus derechos humanos durante el largo proceso.

 

"Eso es lo que pasa cuando nos escuchan, cuando nos creen. Cuando el beneficio de la duda es para las víctimas, eso es lo que pasa y sí, efectivamente, el hecho de que hoy se dictara una resolución condenatoria por unanimidad contra el asesino de mi hija, Jorge Luis González Hernández, tuvo que ver definitivamente con nuestra defensa. Con la presión que ejercimos, con la presión no solo en las calles, sino también con la presión que ejercimos nosotras al venir aquí desde nuestro coraje y nuestra rabia, desde nuestro dolor hablar por ellas, darles voz y decir que efectivamente “no estamos solas””, así sostuvo frente a los medios de comunicación Araceli Osorio, abrazada por el Grupo de Acompañamiento Político a la Familia de Lesvy Berlín Rivera Osorio.

 

En una sociedad golpeada por la violencia feminicida, además de una sentencia de cárcel para los culpables, para un real acceso a la justicia son necesarias una serie de medidas de reparación integral del daño para las víctimas directas y para la comunidad afectada por el feminicidio, además de medidas que garanticen la no repetición de las violaciones y omisiones, un tema que sigue pendiente en la justicia mexicana. 

 

Las medidas de reparación necesarias, para el caso de Lesvy, abarcan cuatro dimensiones de acuerdo con los estándares establecidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La primera es la rehabilitación, es decir que la familia tenga atención psicológica, médica y reconstrucción de su proyecto de vida. El segundo rubro abarca las medidas de satisfacción, esto es dignificar la memoria de Lesvy Berlín y la lucha de sus familiares en búsqueda de verdad y justicia, tener una sentencia emblemática, sancionar a los servidores públicos que obstruyeron el acceso a la justicia, crear un memorial para la joven y otras víctimas de feminicidio en México. La tercera dimensión está integrada por las medidas de no repetición, estas son de alcance estructural, que las instituciones generen protocolos de atención para víctimas indirectas del feminicidio, y protocolos para el manejo de casos de feminicidio por parte de medios de comunicación. Y finalmente, la cuarta dimensión es la compensación o indemnización económica.

 

Desde el dolor, la rabia y la indignación, las mujeres en México caminan encontrándose y juntándose con otras que, desde otros dolores y otras luchas, también levantan la voz ante la violencia más descarnada que se expresa en los cuerpos de sus hijas, que han sido mancillados y de los cuales, la vida les fue arrebatada con violencia feminicida.

 

Mientras tanto, las instituciones que sostienen esta sociedad, actúan indolentemente ante la guerra desatada contra las mujeres. La omisión, desinterés, incompetencia, pero también el encubrimiento con el que operan ante actos machistas o de violencia sexual, deja a la vista una crueldad institucional cuyo pacto patriarcal demuestra estar en pie.

 

En ese sentido, el silencio de la UNAM, dentro de cuyas instalaciones se cometió el feminicidio de Lesvy, colocó en el escenario social un mensaje que expresa el menoscabo por la vida de quienes se albergan o transitan en sus instalaciones educativas, así como la complicidad con quienes cometen actos violentos de carácter sexual o de género, en este caso al ser el acusado un trabajador de la misma Universidad, creando un clima hostil y de inseguridad para estudiantes, trabajadoras y profesoras, atentando directamente contra su derecho a una vida libre de violencia.

 

A 896 días, en los que, si diariamente son asesinadas 9 mujeres, a más de 8 mil mujeres les fue quitada la vida, se logró justicia parcial para una compañera. Entonces ¿qué es y de qué trata la procuración de justicia para este Estado que deja en el olvido y la impunidad los crímenes contra tantas mujeres?

 

Por Lesvy y todas las mujeres

 

El caso de Lesvy ha estado lleno de sororidad, dignidad y vida. La lucha alrededor de la exigencia de justicia para ella, también ha sido por todas aquellas que han quedado en la impunidad y ha logrado sentar un precedente sobre perspectiva de género en la forma de juzgar, tal como fue en su momento la Sentencia Campo Algodonero emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2009 o el Fallo de la Suprema Corte de Justicia en el caso del feminicidio de Mariana Lima Buendía en 2015, cuya madre, Irinea Buendía Cortés sigue exigiendo justicia y justicia.

 

Nuestra experiencia, y la de mujeres antes que nosotras, nos reafirma que la justicia patriarcal, que otorga hasta 6 abogados a los hombres acusados de ser quienes asesinan; que utilizando el discurso de los derechos humanos se vuelve cómplice; que simula que trabaja, pero no en favor de las mujeres; que intimida para evitar que se interpongan denuncias y que desestima por falta de pruebas; es la misma que hará lo mínimo ante la exigencia de una sentencia digna, una ejemplar reparación del daño o de garantizar la no repetición.

 

Sin embargo, también sabemos que la justicia la construimos nosotras juntas, desde la colectividad y con toda la dignidad de las mujeres a las que les ha tocado rascar hasta que les sangran las uñas, para hacer un agujero en ese modelo de justicia patriarcal por donde entrar a rastras, y están ahí, terrosas pero firmes, para voltear y darse cuenta que no van solas, atrás vienen otras haciendo el agujero cada vez más grande y lograr entrar de pie juntas. 

 

Las madres de mujeres víctimas de feminicidio que dan estas luchas sientan precedentes fundamentales para lograr justicia. Son también quienes levantan movimientos y codo a codo, con otras mujeres, construyen propuestas o iniciativas diversas que les permiten ir zurciéndose poco a poco y encontrar en la colectividad también la forma de sanarse y repararse. 

 

El hueco que deja un feminicidio en la comunidad, en todos sus niveles, es irreparable. Lograr restituir un entorno familiar o social implica contemplar distintos aspectos, pues las vidas de quienes están alrededor son impactadas a niveles materiales, físicos y psicológicos. La restructuración de estos entornos implican medidas drásticas de transformación que van más allá de medidas paliativas superficiales. Se requiere atender  las estructuras, trastocar y llegar a las profundidades e implementar, desde ahí, acciones que garanticen realmente la vida y dignidad de las mujeres.

 

La lucha contra el feminicidio en México es una lucha por la vida, es una lucha por las mujeres que todos los días se enfrentan a la desigualdad, el sexismo, la misoginia y la indiferencia. La lucha de las madres y familiares, también es contra el cansancio, el desgaste y el agotamiento en este andar pantanoso en el que se deja la vida propia para hacer por las hijas, justicia. 

 

Los procesos de organización alrededor de esta lucha por justicia van de a poco, porque frente a la corrupción e impunidad, se vuelven procesos largos, que la mayoría de las veces implican años. Acompañarlos responsablemente se vuelve un compromiso asumido o adquirido que se manifiesta a través de miles de expresiones y desde la cercanía o la lejanía. Lo cierto es que la solidaridad feminista crece y se teje todos los días y se fortalece a través de vínculos que trascienden luchas, movimientos, fronteras y geografías. Porque todas somos una en el grito de ¡Justicia para Lesvy, justicia para todas! ¡Ni una menos! Así que la lucha continúa hasta que se obtenga una sentencia digna, la pena máxima de prisión para el asesino, y medidas ejemplares de reparación para la familia de Lesvy.

 

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