8M 2021: Nuestra lucha no se confina, ¡aquí estamos!


Foto: @ Brenda Arriaga

La pólvora diamantada regada por el mundo sigue flameando. Unos días antes de que los confinamientos y medidas sanitarias impusieran una nueva cotidianidad, en México, el 8 de marzo pasado, miles de mujeres pisamos el asfalto de las calles y las plazas resonando con un grito disonante ante una realidad en la que la violencia es una constante. Durante la crisis resultado del avance del COVID-19 el eco de las mujeres permaneció. Nuestros cuerpos han resistido por un año más la tensión de las triples jornadas de trabajo. Nos convertimos en educadoras, cuidadoras, enfermeras y trabajadoras más explotadas. En medio de este escenario las mujeres sobrevivimos.


A lo largo del 2020 el trabajo de cuidados se convirtió en el eje articulador alrededor del cual se sostuvo la vida y este sistema. La carga física y mental de los trabajos que llevamos a cabo han mermado nuestras vidas empobreciéndolas aún más y sobrecargando nuestros días con jornadas de trabajo extenuantes en las que el pago no existió. La violencia contra las mujeres y niñas se hizo más visible, pero esto no significó una mayor y eficaz atención gubernamental.


Además, debido a la pandemia, las mujeres, sobre todo, hemos perdido nuestros trabajos remunerados ante la presión de atender una mayor demanda de cuidados en las casas. Los discursos volvieron a fomentar roles y estereotipos que buscaron sumergirnos en el mar de la invisibilidad. Nuestras vidas resultaron, nuevamente, una preocupación sólo de nosotras y protegerla se volvió un combate diario.


En el centro de esta realidad pandémica las mujeres encontramos, una vez más, la oportunidad de librar la batalla de la desnaturalización de la discriminación y desigualdad que implica que estos trabajos recaigan y afecten de manera desproporcionada a las mujeres y a las niñas, y de exigir la redistribución justa y equitativa de los cuidados en nuestros hogares. Trabajos imprescindibles para el sistema que no se reconocen y para los que no hay políticas públicas que garanticen los derechos que deberían acompañar estas labores.


Nos negamos a que se nos considere esenciales sólo para seguir explotadas y oprimidas y por ello nos mantenemos unidas. Frente a esta crisis económica, social y sanitaria el sistema capitalista y patriarcal sobreexplota más las vidas y los trabajos de las mujeres reiterándonos lo que ya sabemos: que sus ganancias importan más que nuestras vidas. Las profundas desigualdades y la violencia machista precedían a la pandemia y esta nueva normalidad repite convenientemente lo peor de la previa. La participación laboral femenina retrocedió más de una década en América Latina y el Caribe, lo que ya afecta la vida y oportunidades de millones de mujeres cuyo rezago impactará en sus proyectos de vida actual y futuro. Ante esta catástrofe no hay respuestas gubernamentales que busque solucionarla realmente.

Vivimos el recrudecimiento de las múltiples caras de la violencia contra mujeres y niñas con la pandemia en todo el orbe. En México, la violencia feminicida es alarmante y se sigue confirmando la ineficiencia y negligencia de las instituciones del Estado para atenderla. Todos los días más de 10 mujeres son asesinadas en el país. De enero 2018 a diciembre de 2020 fueron asesinadas 11 mil 217 mujeres y niñas. Tan sólo en 2020 fueron asesinadas 3 mil 752 mujeres y únicamente el 26% de los casos se investigaron como feminicidio. Diariamente son desaparecidas más de 26 mujeres y niñas. Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020 fueron desaparecidas 20 mil 431 mujeres y niñas. Sólo de enero a agosto de 2020, 5 mil 223 mujeres fueron desaparecidas en 12 estados del país, de ellas la mitad son menores de edad, de acuerdo con cifras oficiales e información de fiscalías y procuradurías proporcionadas al Observatorio Nacional Ciudadano de Feminicidio.


En materia de salud y salud reproductiva, las mujeres seguimos enfrentando un continuum de violencia que deriva en muertes prevenibles, lo que agrava la crisis de violencia que se vive en el confinamiento en el país. Debido a la pandemia, el aborto seguro cayó 44%, porque se complicó ejercer este derecho por la falta de atención que se desplomó tras la declaración de la pandemia y el miedo a contagiarse, por lo que las redes de mujeres y feministas cubrieron las tareas que deberían hacer las instituciones de gobierno. El Consejo Nacional de Población advirtió, en octubre pasado, que, en México, habrá 145 mil embarazos no planeados, de los cuales 21 mil serán de niñas y adolescentes tras haber sido víctimas de violencia sexual. La muerte materna aumentó 46% en los primeros nueve meses de la pandemia, según datos oficiales de la Secretaría de Salud.


Ya lo apuntábamos el año pasado: el gobierno de la Cuarta Transformación se niega a reconocer que las medidas tomadas no están garantizando vidas libres de violencia. La realidad sigue revelando la gravedad e incremento de la violencia, discriminación, desigualdad e injusticia. Las medidas gubernamentales confirman que nuestras vidas no les importan. Las políticas de austeridad ante la contingencia se suman a los recortes presupuestales o desaparición de programas que atienden derechos y violencia contra las mujeres y niñas, hechos desde el primer año de gobierno.


Además, en medio de la pandemia, vivimos un ambiente (motivado desde la Presidencia) de criminalización, hostigamiento, represión, descalificación y estigmatización de la organización y manifestaciones feministas en el país. También sufrimos algunos retrocesos e impedimentos de que nuestros derechos, como el aborto, sean reconocidos en varios estados, como acaba de suceder en Quintana Roo. Denunciamos la violencia institucional que todas éstas medidas gubernamentales y legislativas reflejan; además que los gobiernos municipales, locales y el federal tampoco han logrado prevenir que ocurran más casos de feminicidio, desaparición y violencia contra las mujeres y niñas. Como si fuera poco, la narrativa presidencial de Andrés Manuel López Obrador de minimizar y desestimar esta otra pandemia, que es la violencia, no abona a la comprensión social ni a que en su administración se retomen con urgencia la atención y solución de los problemas de las mujeres, niñas y disidencias dentro de la agenda política nacional.


Tenemos cuentas pendientes con este sistema y este gobierno: la despenalización y legalización del aborto, la libertad de las presas por abortar; la garantía de mejores condiciones laborales y trabajos dignos, y la resolución a los conflictos laborales actuales; la creación de un sistema nacional de cuidados que redistribuya el trabajo que actualmente recae principalmente en las mujeres; justicia para las víctimas de feminicidio y la presentación de nuestras desaparecidas; el cese de la militarización del país, la guerra y saqueo de nuestros pueblos y territorios; el tránsito libre y seguro para quienes se desplazan a lo largo del país; un sistema de salud integral, gratuito y de calidad para todas, todos y todes; la atención a nuestro sistema educativo que ha dejado a millones de niñas, niños y adolescentes rezagadas en medio de la pandemia, coartando sus presentes y futuros; viviendas seguras y dignas; la libertad de los y las presas políticas; y justicia para los crímenes del pasado. La lista es larga y las mujeres no la olvidamos.


En un mundo masculinizado en crisis y con una ola dolorosa de muerte que el COVID-19 ha dejado, las mujeres volvimos a apostar por la vida y reaccionamos acuerpándonos y recreándonos. Apostamos por una salida feminista a esta doble crisis. Nos organizamos y construimos redes, reinventamos formas de manifestar nuestras demandas, aprendimos a usar nuevas herramientas para mantenernos conectadas y experimentamos con proyectos autónomos que volvieron sostenible la vida de miles de mujeres. Nuestro trabajo ha sido titánico, agotador y desgastante, pero aquí seguimos y este 8 de marzo volvemos a hacer presencia, en medio de la contingencia, con cubrebocas, geles, caretas y conscientes del riesgo de un posible contagio de coronavirus, no sólo para nosotras, sino para quienes dependen de nosotras y nuestro cuidado.


Las revueltas feministas y de mujeres no se han detenido. Las mujeres hoy revolucionamos la vida a lo largo y ancho del planeta mediante las múltiples expresiones de nuestras luchas que refractan hacia nuevos caminos que vamos abriendo. Nuestra lucha busca transgredir, cuestionarlo todo y decapitar a la hidra de dos cabezas, por ello sabemos que cada una de nuestras fuerzas, desde donde sea que estemos será fundamental.


Este 8 de marzo, Día internacional de la mujer trabajadora, desde el Partido Revolucionario de las trabajadoras y los Trabajadores (PRT) llamamos a seguir construyendo la Huelga de mujeres en contra de la explotación de nuestro trabajo productivo y reproductivo, en contra de la explotación de los territorios y en contra del sistema capitalista patriarcal. Llamamos a hacer de la Huelga de mujeres, también, una herramienta para reconocer nuestras luchas empujando las fronteras que han buscado separarnos y volverla una articulación con potencialidad expansiva transfronteriza e internacional, anticapitalista, antirracista y anticolonial. La llama ha sido prendida, sigue viva y busca quemarlo todo.


¡La organización es nuestra arma!

¡La huelga feminista va!

¡Paramos, marchamos y nos organizamos!

¡Con y sin pandemia, nuestro trabajo es esencial!

¡Aborto legal, seguro y gratuito en todo el país!

¡El patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar!



Partido Revolucionario de las trabajadoras y los trabajadores (PRT),

marzo 2021.