El nuevo ascenso del movimiento de mujeres



“Si en realidad queremos trasformar las condiciones de vida, debemos aprender a mirarlas a través de los ojos femeninos.”

León Trotsky “Contra la burocracia, progresista y non progresista” (6 de agosto 1923) Problemas de la Vida Cotidiana, .

Introducción


En los últimos años, hemos notado un nuevo aumento de los movimientos feministas que en varios países han adquirido un carácter masivo y, paralelamente, una mayor participación y liderazgo de las mujeres en movimientos de protesta masivos y levantamientos populares. Desde este punto de vista, consideramos, dados los diferentes paradigmas de estas luchas de las anteriores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX o de los años sesenta y setenta, y su desarrollo al mismo tiempo que otros procesos de movilizaciones internacionales masivas, que estamos viendo una nueva ola del movimiento de mujeres que tendrá un efecto duradero en las formas y demandas de la lucha de clases, notoriamente con la nueva herramienta de la huelga feminista de mujeres.

1. El contexto


En 2020 la pandemia de Covid-19 creó un contexto totalmente nuevo al tiempo que puso de relieve las características esenciales de la situación. Nuestro texto del 17º Congreso Mundial subrayó el caos geopolítico general y las crisis que existen hoy. La pandemia es una ilustración llamativa de la globalización en la rápida propagación del virus en todo el mundo y del caos creado por la incapacidad de todos los gobiernos capitalistas de gestionar las crisis sanitaria, social y económica subsiguiente.


Se creó una tensión entre las urgencias de la economía y las de la salud, con el fin de confundir y engañar a buena parte de la población sobre la gravedad y profundidad de la etapa actual de esta crisis civilizatoria. En gran medida, se ha extendido la idea de que la pandemia sería la causa de la crisis económica, cuando, de hecho, el capitalismo en crisis se escondía detrás de la pandemia buscando reorganizarse. En consecuencia, las posibles medidas contra los efectos sociales de la pandemia se presentan como paréntesis que deben dar paso a las políticas "normales" lo antes posible. Esto esconde, el hecho de que la pandemia surgió en un capitalismo que no había superado en absoluto las crisis combinadas (financiera, socioeconómica, medioambiental, geopolítica) que siguen vigentes después de 2007 y 2008.


Estas crisis interrelacionadas afectan particularmente a las mujeres, esto se ve reforzado por los efectos de la pandemia, y está generando una reacción generalizada contra lo que a menudo se llama la "revolución más larga" que ha llevado al aumento de los derechos de las mujeres durante el siglo pasado.

La contradicción entre las aspiraciones de las mujeres a una vida digna de ser vivida, por un lado, y el empeoramiento de su situación real, por otro, subyace el nuevo aumento de las movilizaciones de las mujeres y explica la naturaleza integral de las plataformas que a menudo han surgido y el desarrollo de la huelga feministas y de las experiencias en los territorios y comunidades como método de acción que simboliza el rechazo del sistema en su conjunto.


1.1 Pandemia de Covid-19


La pandemia de Covid-19 es producto de la intersección de las crisis ecológica y social subyacentes: la distorsión de la relación de la sociedad humana con la naturaleza (deforestación, colapso de la biodiversidad, comercio de animales salvajes, la agricultura industrial, manipulaciones genéticas en la producción de animales y alimentos) y la incapacidad de los gobiernos capitalistas impulsados por el lucro para construir y mantener servicios de salud y otros servicios públicos eficaces. También ha sido una cruda demostración de la desigualdad mundial en el acceso a la atención sanitaria y a los recursos; por ejemplo, el 90% de las vacunas disponibles se asignaron a los países del norte.


Los gobiernos recurrieron a cierres y toques de queda represivos, que a menudo se aplicaron mientras la pandemia continuaba de manera incoherente e injustificable porque los servicios de salud habían sido recortados y no podían hacer frente a la situación. Incluso después de la primera ola no se inyectaron nuevos recursos para prepararse para la inevitable segunda (o tercera) ola. Esta situación también dio la oportunidad para que las teorías de conspiración sobre el virus manufacturado y campañas anti-vacuna comenzarán por sí mismas a convertirse en una amenaza para la salud pública de algunos países.


Las mujeres están soportando la mayor parte del costo social de la pandemia. La pandemia reveló crudamente quiénes son "trabajadores esenciales": personas necesarias para la continuación de la vida humana, como quienes trabajan en la salud y la atención médica, el personal de limpieza, trabajadores y agricultores de la producción y distribución de alimentos, el personal docente y administrativo de la educación, y en el transporte. Las mujeres también predominan en sectores diezmados por los efectos de los cierres y los toques de queda: la hostelería, el comercio y el sector informal. Todos estos sectores están muy racializados y a menudo tienen una alta proporción de trabajadores indígenas. Esta evolución también afecta fuertemente a la comunidad LGBTIQ, centrada de forma desproporcionada en sectores esenciales o precarios.


Cuando las escuelas y las guarderías están cerradas, la carga doméstica para las mujeres aumenta, a lo que se suma el estrés y la ansiedad de tratar de asegurar que lxs escolares sigan la enseñanza en línea cuando se les ofrezca, y cuenten con el equipo y las condiciones necesarias para hacerlo adecuadamente. Se ha incrementado la deserción escolar por falta de condiciones, como internet, computadoras. Las responsabilidades de las mujeres como cuidadoras de familiares enfermos y ancianos han aumentado.


La restricción de otros tipos de atención médica mientras se da prioridad a los pacientes de Covid-19 afecta a muchas personas, a quienes padecen enfermedades crónicas, pacientes de cáncer y otros que necesitan atención periódica, como los que viven con el VIH y las personas trans que necesitan medicación periódica. Las mujeres embarazadas también necesitan atención médica periódica antes, durante y después del parto. Pero afecta particularmente a las mujeres que necesitan ayuda médica inmediata para interrumpir embarazos no deseados y no planificados.


Para los cientos de millones de mujeres que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema, su dependencia desesperada de os préstamos para sobrevivir se ha agravado. De los 250 millones de clientes de microcréditos, más del 80% son mujeres muy pobres que sufren los altos tipos de interés, a menudo usurarios.


Muchos migrantes, tanto internos como internacionales, entre ellxs miles de mujeres que trabajan sobre todo como empleadas domésticas y en el sector textil, han sido expulsadxs de los lugares donde trabajaban antes de la pandemia. Emigraron en primer lugar porque no podían encontrar empleo en su país y con la contracción económica causada por la pandemia su situación se ha agudizado y se quedan, a menudo en las comunidades rurales, sin ningún medio de subsistencia.


Los encierros también planteaban una amenaza adicional para las mujeres confinadas con parejas o, integrantes de la familia que ejercen violencia y en las condiciones exacerbadas, la incidencia de la violencia doméstica aumentó de manera apreciable. En algunos países se adoptaron medidas para que las mujeres pudieran denunciar los casos de violencia y encontrar otro tipo de alojamiento, pero éstas fueron inadecuadas y de corta duración. Muchas personas LGBTIQ, especialmente jóvenes, han sido obligadas a volver a sus familias de origen, lo que a menudo ha dado lugar a la violencia y a una mayor represión contra ellas.


Si bien los gobiernos trataron de hacer frente a la pandemia esencialmente con medidas represivas y autoritarias, a nivel local, y muy a menudo por iniciativa de las mujeres, se establecieron redes de apoyo que se encargaban de tareas como la compra de artículos para los ancianos y personas vulnerables o la fabricación de mascarillas. Así como romper el aislamiento que imponen los cierres y el trabajo en casa, y proporcionar apoyo emocional cuando la gente teme que el virus los mate a ellxs o a sus seres queridxs. Las mujeres productoras rurales apoyaron la producción local y urbana de alimentos.


La crisis sanitaria pone de relieve la centralidad del trabajo de reproducción social de las mujeres y se hace eco de las demandas de revalorización de las profesiones del cuidado. También pone en primer plano la necesidad de solidaridad internacional y de justicia en el acceso a los cuidados y recursos sanitarios.


1.2 Neoliberalismo


La globalización capitalista, la financiarización y la creciente internacionalización de las líneas de producción han reducido la capacidad de los gobiernos para implementar políticas económicas en interés colectivo de las clases dominantes. Los países imperialistas aún tratan de garantizar condiciones favorables para la acumulación de capital, pero el capital global opera de manera más independiente que antes. Las crisis financieras de 1997-1997 y 2007-2008 revelaron las contradicciones inherentes a la globalización capitalista con importantes consecuencias: políticas, sociales y estructurales, incluida la expansión explosiva de la deuda, y la revitalización del crimen organizado, e incluso el resurgimiento de la esclavitud humana. Los grandes bancos privados se han lanzado a la conquista de nuevos mercados y clientes llegando a cientos de millones de personas a través del microcrédito, en particular a las mujeres que no tienen cuenta bancaria.


El desempleo, el subempleo y empleo precario y una reducción masiva de los servicios básicos (vivienda, educación, bienestar, etc.), junto con las crisis en la agricultura, han tenido un impacto masivo en la capacidad de supervivencia de millones de personas.


Como resultado del crecimiento del capital globalizado y no regulado, de la corrupción e incompetencia de los gobiernos y del empobrecimiento de vastas franjas de la población, la delincuencia organizada se ha convertido en un importante agente económico y social en el escenario mundial. No se limita al contrabando y la venta de drogas, sino que se ha ampliado para incluir la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral como su segunda fuente de ingresos más importante, junto con el tráfico ilícito de armas, induciendo a miles de jóvenes a sus filas y trayendo consigo niveles inauditos de violencia a las comunidades.


Todo esto afecta particularmente a las mujeres tanto en el trabajo remunerado como no remunerado. Hay más mujeres en empleos precarios, en el sector informal o en áreas donde el desempleo se ha disparado, y la mayoría las personas traficadas son mujeres. Los recortes en los servicios aumentan la cantidad de trabajo doméstico necesario para reproducir el hogar, una cantidad desproporcionada que recae en las mujeres.


1.3 Ascenso de la extrema derecha, fundamentalismo religioso, autoritarismo, anti "ideología de género"


El surgimiento de las corrientes fundamentalistas de extrema derecha, autoritarias y religiosas, que a menudo están vinculadas, más no siempre son idénticas, tiene consecuencias específicas y desastrosas para las mujeres.


La renovación de la derecha radical fortalece un impulso reaccionario que apunta a socavar los derechos de las mujeres y las personas LGBTIQ; el aborto y los derechos reproductivos en general, el derecho de familia y la caza de brujas contra las personas LGBTIQ.


Mientras que algunos movimientos claramente atacan a las mujeres y a las personas LGBTIQ a menudo presentan la homosexualidad y los derechos LGBTIQ como exportaciones imperialistas, otros, con el pretexto de defender a las mujeres y a las personas LGBTIQ, se dirigen a los inmigrantes y/o a personas musulmanes, afirmando que defienden los derechos de las mujeres al prohibirles el uso de pañuelos o velos, acusándoles de violación o afirmando que el Islam está en contra de la homosexualidad. Como resultado, la extrema derecha puede experimentar tensiones entre quienes desean apelar al sexismo y el heterosexismo de su base y quienes instrumentalizan los derechos de las mujeres y LGBTIQ al servicio de la islamofobia y los prejuicios contra los inmigrantes. Sin embargo, de hecho se refuerzan mutuamente.


Los códigos legales religiosos dependen en gran medida de la unidad familiar y la segregación de los roles de género, imponen relaciones de poder opresivas en los cuerpos que ponen en peligro la vida de las mujeres. Los fundamentalistas suelen considerar prohibida la participación de las mujeres en el trabajo fuera del hogar, especialmente en las fábricas.


Otras corrientes de extrema derecha emergen como fundamentalismo religioso en todas las religiones "grandes" (o fundamentalismo "religioso nacional" como la extrema derecha sionista). Influyen en gobiernos tan importantes como Estados Unidos y Brasil y juegan un papel central en algunos países de Europa del Este. Ya sea como evangelismo o catolicismo romano, las corrientes cristianas extremistas están causando estragos en América Latina y África con políticas profundamente reaccionarias con respecto a las mujeres, en particular sobre la cuestión del aborto y el derecho a elegir, y a personas LGBTIQ, con una ideología anti-género que busca apuntalar los roles tradicionales masculinos y femeninos y atacar los derechos a personas LGB y particularmente a lxs trans. El mundo musulmán tiene una dimensión internacional particular en el fundamentalismo religioso, con movimientos "transfronterizos" como el Estado Islámico o los talibanes. Los movimientos fascistas utilizan la violencia sexual sistemática contra mujeres y menores en los territorios que controlan, principalmente en forma de violación y esclavitud sexual. Usan esto para reclutar miembros y luchar contra otros grupos.


El conservadurismo neoliberal que apunta a fortalecer a la familia patriarcal ha aumentado dramáticamente la violencia contra las mujeres. Además de la impunidad para los perpetradores, los recortes en el apoyo material a quienes experimentan esta violencia crean un ambiente social que fomenta la violencia masculina.


1.4 Desastre climático


El desastre climático anunciado para el futuro ya está presente en muchas regiones del mundo. El cambio climático, la crisis alimentaria, la crisis del agua, el racismo ambiental, el avance de las empresas transnacionales sobre los territorios y sus recursos, extractivismo – la explotación de los recursos naturales con fines de lucro – y la "financiarización de la vida" son partes importantes de la realidad del sur global.


Los pueblos indígenas, lxs campesinxs y jóvenes están a la vanguardia de las luchas ambientales, y las mujeres desempeñan un papel de liderazgo en ellas. Esta situación es producto de su opresión específica, no de su sexo biológico, como han demostrado las ecofeministas no esencialistas. La sociedad patriarcal impone funciones sociales a las mujeres directamente vinculadas al "cuidado" y las coloca a la vanguardia de los desafíos ambientales.


Las mujeres producen la mayoría de los alimentos básicos en los países del Sur, por lo que se enfrentan directamente a los estragos del cambio climático, extractivismo y los agronegocios. Del mismo modo, asumen la mayoría de las tareas de crianza de niñxs y mantenimiento del hogar, por lo que se enfrentan directamente con los efectos de la destrucción ambiental y el envenenamiento en la salud y la educación de sus comunidades. La autoorganización de las víctimas del caos climático y su defensa son parte de la lucha climática, las mujeres en sus comunidades están en el corazón de estas movilizaciones.


1.5 Migración masiva


Hay importantes desplazamientos de población: 250 millones de migrantes internacionales, 750 millones de migrantes internos a menudo debido a cambios económicos estructurales con importantes disparidades regionales. También hay desplazamiento permanente debido a las guerras y la violencia del crimen organizado, y ahora el cambio climático. Dos tercios de la migración internacional se producen entre países con un nivel de desarrollo comparable.


Las mujeres emigran, tanto a nivel internacional como interno, en busca de mejores condiciones de vida para ellas y sus familias, debido a la persecución política, o como consecuencia de guerras y la violencia local, o la violencia doméstica. En un contexto de crisis, la migración aumenta la opresión y repercute en la explotación de las mujeres. Sufren un empobrecimiento extremo y la pérdida de sus derechos, y se enfrentan a la discriminación de género, el racismo y la explotación. Las mujeres también sufren "nuevas" formas de trabajo casi a la par con la esclavitud: el secuestro, la prostitución y la trata.


Los países industrializados necesitan mano de obra inmigrante tanto en el sector formal como en el informal. Sin embargo, las personas inmigrantes son a menudo objeto de campañas xenófobas que las presentan como enemigas. Las leyes represivas que limitan la migración rompen las familias, ya que hacen recaer en las mujeres la responsabilidad exclusiva de su cuidado cuando los miembros masculinos emigran, o por el contrario las obligan a convertirse en trabajadoras migrantes para ganar dinero para sus familias. La cadena de migración impone una carga cada vez mayor a parientes de esas mujeres migrantes para que se ocupen de las familias que quedan en el país de origen.


1.6 Crisis de reproducción


El capitalismo siempre ha tenido que garantizar la reproducción de la fuerza laboral sin la cual no podría funcionar: la reproducción de la fuerza de trabajo es una parte integral del ciclo de valorización del capital.


La forma patriarcal de familia capitalista, reforzada por las nociones del "salario como sostén de la familia", arrojando a las mujeres dentro de la familia la responsabilidad de las tareas de reproducción, permitió al capitalismo asegurar esta reproducción al menor costo.


Este fue un proceso desigual no sólo porque el crecimiento del capitalismo en sí mismo ha sido desigual, por lo que hoy vemos restos precapitalistas en algunas partes del mundo, sino porque, debido a razones económicas y políticas, se desarrollaron diferentes patrones en diferentes situaciones.


Cuando el capitalismo necesitaba que la masa de mujeres fuera parte de la fuerza laboral, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial y en el auge de la posguerra de los países capitalistas avanzados, se vio obligado, de diferentes maneras, dependiendo de la relación de fuerzas y la naturaleza precisa de la economía local, proporcionar algunos servicios a través del Estado: educación, atención médica, vivienda, cuidado de niñxs, etc. Este trabajo, visto como femenino porque corresponde al papel de la mujer en la familia, fue y es mal pagado y abrumadoramente realizado por mujeres, a menudo minorías étnicas y / o mujeres migrantes.


Pero a medida que el capitalismo entró en una profunda crisis económica, se vio obligado a atacar esos mismos servicios y derechos a través de la austeridad, mientras intentaba retener a las mujeres en la fuerza laboral, pero reducir aún más sus salarios y condiciones. Esto ha aumentado la carga sobre muchas mujeres, obligadas a hacer el trabajo que anteriormente el Estado había cubierto. La crisis ha llevado a muchas mujeres a salirse del mercado laboral o hacia un trabajo aún más precario. También se ha creado una demanda cada vez mayor de mujeres peor pagadas y más precarias, incluidas las inmigrantes indocumentadas, para hacer este trabajo y permitir que otras mujeres mantengan su lugar en el mercado laboral.

2. ¿Cuáles son los factores que causaron este auge?


2.1. Ganancias de las olas anteriores.


Las nuevas generaciones han podido beneficiarse de manera desigual pero combinada, de los logros del movimiento de mujeres y LGBTIQ de las olas anteriores: primero, en los derechos formales, cambios en los códigos de familia y jurídicos, el acceso de las mujeres a la educación y la salud, segundo en derechos y libertades sexuales y reproductivos, y tercero, en oportunidades en el mundo profesional, académico, cultural, político y mediático. En varios países, las tendencias feministas socialistas han luchado con éxito en y con el movimiento obrero para mejorar los derechos laborales.


2.2 Feminización del trabajo


Las mujeres trabajan en todas partes más que los hombres pero parte de su trabajo es invisible: las mujeres continúan representando más de las tres cuartas partes del trabajo de cuidado no remunerado.


Aunque la diferencia con respecto a los hombres persiste, las mujeres acceden cada vez más al mercado laboral mundial: en todo el mundo, 4 de cada 10 trabajadores son mujeres. Este aumento se da en todas las regiones, aunque algunas, como el norte de África y Asia occidental, tienen un porcentaje menor (menos del 30%) que otras regiones del Sur global.


En todas partes es más probable que las mujeres se vean obligadas a trabajar a tiempo parcial, una tendencia que ha aumentado con la pandemia de Covid-19. Este subempleo puede alcanzar hasta la mitad del empleo femenino total. A nivel mundial, casi la mitad de todas las trabajadoras se encuentran en lo que la OIT llama "empleo vulnerable", particularmente en empresas agrícolas, artesanías y comercio. En el sur de Asia y África subsahariana, esto supera el 70%.


La globalización neoliberal ha cambiado profundamente la estructura de la economía y el empleo


En general, el empleo se ha trasladado en los últimos veinte años de la agricultura a la industria y luego a los servicios, que ocupan a aproximadamente la mitad de la fuerza laboral.


Una cuarta parte de la fuerza laboral femenina del mundo todavía trabaja en la agricultura, que sigue siendo la principal fuente de empleo para las mujeres en el sur de Asia y África Subsahariana. En América Latina y El Caribe la feminización del campo es un fenómeno que se incrementa cada vez más. Tomando en cuenta que más del 60% de los productos que llegan a las ciudades son producidos por productores y productoras de la agricultura familiar y campesina, el rol de las mujeres es clave en la economía. Pero las políticas económicas favorecen a los sectores orientados a la exportación, en su mayoría hombres, a expensas de los cultivos alimentarios. Como las mujeres constituyen la mayoría de los pequeños agricultores del mundo, su situación sigue siendo frágil.


La presencia de mujeres en la industria ha disminuido desde 1995. En general, se concentran en sectores como el textil y la confección. En las zonas económicas especiales (zonas de libre comercio), las industrias de exportación emplean a una mayoría de mujeres, a menudo muy jóvenes, y combinan salarios bajos con falta de protección social, condiciones de trabajo dramáticas y violencia de género.

De 1995 a 2015, la proporción de mujeres que trabajan en los servicios se hizo predominante a escala mundial. Las mujeres en todas partes se concentran en ciertos sectores de actividad: comercio en países de ingresos medios, salud y educación en países de ingresos altos. En general, la alta presencia de mujeres se asocia con una alta frecuencia de trabajo a tiempo parcial y salarios relativamente bajos, especialmente en ventas, limpieza y restauración. Su sobrerrepresentación en salud, educación y trabajo social está directamente relacionada con los estereotipos de género que devalúan las competencias requeridas en estos campos.


Pero en términos más generales, la flexibilidad y las condiciones especiales de dificultad, incluida la capacidad de realizar una variedad de tareas y la participación emocional, requieren "cualidades típicamente femeninas" que dan forma a nuevas formas de servidumbre.


La brecha salarial entre mujeres y hombres, en un promedio global, se estima en 23%. Casi el 40% de las mujeres no se benefician de los regímenes de protección social debido a su trabajo: en el sector informal, no declarado, ocasional, en el hogar. Como resultado, 200 millones de mujeres que han alcanzado la edad de jubilación no tienen ninguna pensión. Un total del 70% de los pobres del mundo son mujeres.


Durante la pandemia, el uso masivo del teletrabajo, que reúne en un mismo lugar el trabajo doméstico, el trabajo remunerado y el hogar, está aumentando la carga física y mental de las mujeres. Muchas se ven obligadas a dimitir debido al agotamiento causado por el exceso de trabajo, son despedidas o se les impide trabajar, y por lo tanto se ven privadas de los medios para mantenerse de forma independiente.


Todavía no disponemos de suficientes estadísticas para evaluar plenamente lo que esto significa para el lugar que ocupa la mujer en el mercado laboral, pero podemos afirmar con certeza que las desigualdades existentes se han profundizado. La "feminización" del trabajo concierne a todxs lxs trabajadores: significa tanto una creciente participación numérica de las mujeres en el mercado laboral, como que, bajo el impacto de las políticas neoliberales, las condiciones características de la situación de las mujeres en el trabajo (precariedad, inestabilidad, vulnerabilidad, subempleo, falta de derechos y protección social, bajas tasas de sindicalización) tienden a extenderse a todo el proletariado.


La precariedad del empleo aumenta constantemente y representa casi la mitad del empleo total. También lo hace la participación de la economía informal, que afecta a más de seis de cada diez trabajadores.


Los límites entre el trabajo remunerado y el ocio tienden a desdibujarse, como en el trabajo reproductivo, (debe estar al servicio de los patrones las 24 horas del día), así como entre la vida personal y profesional. Se requiere el uso de capacidades y características feminizadas como una hermosa presencia, seducción, cuidado de la relación, empatía, multitarea al servicio de la empresa.


2.3 El aumento de la violencia de género


La violencia contra la mujer, construida socialmente y luego normalizada por el estado, goza de impunidad. Las muertes violentas ocurren en una compleja red de discriminación y explotación de mujeres, por género, y también por clase, etnia, situaciones de riesgo múltiple, marginalidad, inseguridad, militarización, migración, entre otras.


Más de un tercio de las mujeres del mundo experimentan violencia sexual o física en sus vidas. La mayoría de las mujeres asesinadas en un acto de violencia de género son asesinadas por una pareja o ex pareja. Hay una escalada de crímenes de género agravados desde la crisis de 2008, con destrucción de los servicios públicos y de protección social, aumento de las responsabilidades y tareas de cuidados hechas por las mujeres, reduciendo las oportunidades para escapar de la violencia, mientras que las políticas de austeridad reducen los fondos para centros y refugios para mujeres víctimas de violencia. La creciente independencia económica, psicológica y sexual de las mujeres jóvenes las convierte en objeto de "represalias" por parte de los miembros masculinos de sus familias. Crímenes de odio para "corregir" el comportamiento de mujeres, lesbianas, personas trans y heterosexuales que "traicionan" los códigos conservadores son legitimados por los formadores de opinión políticos y religiosos de derecha.


El feminicidio, hoy reconocido como una de las formas extremas de violencia de género, es el asesinato y la muerte de mujeres como resultado de diversas formas de violencia sólo porque son mujeres: física, sexual, psicológica, familiar, laboral, institucional. Esta forma de violencia comenzó a notarse en la década de 1980 y fue documentada en Ciudad Juárez en México a partir de 1993; luego fue trazada en todo el país y ahora se reconoce como un fenómeno global y regional en América Latina. El eslogan ¡Ni Una Más! acuñado por mujeres mexicanas, el eslogan Ni Una Menos de las mujeres argentinas 22 años después, hoy retomado en todo el mundo, es la evidencia palpable de la persistencia y el aumento de esta forma de violencia misógina y machista y de la impunidad y la violación. de los derechos humanos. Las mujeres de muchos países se organizan para buscar a sus hijas desaparecidas y exigir justicia estatal en casos de feminicidio. Al tomar el nombre de las víctimas, estas campañas a menudo se convierten en casos emblemáticos.


El movimiento #MeToo, que detonó en los Estados Unidos, ha tenido un impacto global. Las mujeres han denunciado públicamente el acoso sexual en diferentes ámbitos culturales, profesionales y sociales y el acoso en el trabajo, rompiendo así el silencio y al mismo tiempo mostrando los obstáculos que enfrentan al hacerlo, denuncian en un marco formal y defienden la legitimidad de la denuncia pública.


Una nueva generación de jóvenes feministas ha respondido y reaccionado a la violencia sexual en las universidades confrontando a las autoridades universitarias y exigiendo respuestas y mecanismos para enfrentar las agresiones sexuales.


En muchos países, las mujeres desaparecen para ser utilizadas como esclavas sexuales y para el trabajo forzoso por parte de las redes internacionales por el tráfico y del crimen organizado. En muchos conflictos, la violación se usa como arma de guerra. Persigue una variedad de motivos, desde la humillación de la comunidad hasta la limpieza étnica y el terror de las poblaciones civiles.


Las condiciones de migración de las mujeres las hacen más vulnerables a convertirse en víctimas de violencia sexual, desapariciones, prostitución, tráfico, extorsión, separación de sus familias (muchas viajan con niñxs), detención arbitraria, enfermedades, accidentes y feminicidios. Como a menudo son responsables de lxs niñxs que viajan con ellxs, se convierten en objetivos dobles y las dificultades aumentan porque su condición de personas trabajadoras indocumentadas hace que sea más difícil obtener empleo o servicios para ellxs y sus hijxs.


En las últimas dos décadas, bajo la presión del movimiento feminista que exige que el Estado asuma la responsabilidad y establezca nuevos marcos legales para enfrentar la violencia, muchos países han introducido legislación y políticas públicas para enfrentar la desigualdad y abordar la violencia contra las mujeres y el feminicidio. Sin embargo, en la práctica no han podido totalmente financiada o ejecutada, mucho menos erradicar la violencia con la acción del gobierno contradiciendo su discurso. Por el contrario, aumenta a la vez que se hace más visible a través de la energía y la determinación de las mujeres al denunciarlo.


Los obstáculos que enfrentan las mujeres que experimentan violencia al acceder a la justicia están relacionados con la discriminación de género, los prejuicios de inferioridad de las mujeres y los estereotipos que sostienen una cultura e ideología sistémicas. Las mujeres activistas, defensoras de los derechos humanos, feministas que luchan por la defensa de las mujeres víctimas de violencia enfrentan hostilidad y amenazas, son criminalizadas y, en algunos casos, forzadas al exilio.


2.4 El papel cada vez mayor de las mujeres en la sociedad y los movimientos sociales


Las mujeres siempre han participado activamente en movimientos que desafían el orden establecido, las revueltas por el pan (o su equivalente), las batallas contra la explotación y las tiranías. Pero es en las últimas décadas que las mujeres como sujetos políticos han emergido claramente a la vanguardia de las movilizaciones de todo tipo. Desde las batallas por la defensa ambiental y territorial, lideradas por mujeres campesinas e indígenas, pero también dentro de los movimientos urbanos, contra la acción depredadora y devastadora de las multinacionales en cuestiones de tierra y agua; en las luchas por los derechos humanos y contra la represión estatal y paramilitar, las movilizaciones contra el racismo y la criminalización y exclusión de los migrantes.


Solo por nombrar algunos: Máxima Acuña y su batalla contra la minería en Perú; Berta Cáceres, activista ecologista y de los derechos humanos en Honduras; Alaa Salaah, líder de la revuelta democrática en Sudán; Alicia Garza, Patrisse Culors, and Opal Tometi de Las vidas negras importan en los Estados Unidos; Greta Thunberg en el movimiento global juvenil contra el cambio climático; Dayamani Barla, Jharkhand, India, liderando una movilización masiva contra la mayor empresa siderúrgica del mundo ArcelorMittal, el Consejo Pastoral de Mujeres Masai en Loliondo, que lidera las luchas por la tierra; y Mujeres Unidas y Activas (MUA), una organización de base de mujeres inmigrantes latinas en la Bahía de San Francisco que desempeñó un papel clave en la aprobación en 2013 de la ley sobre los derechos de las trabajadoras domésticas.


Las mujeres lideran la resistencia comunitaria, como la marcha de las mujeres que exige la protección de la tierra, la salud y la educación que pertenecen a más de 100 pueblos indígenas en Brasil, o el papel principal de las mujeres indígenas en el Ecuador, indignadas por las medidas económicas que buscaban terminar con los subsidios al combustible, impactando sus vidas cotidianas. Las mujeres de las Primeras Naciones canadienses y las mujeres nativas americanas en Estados Unidos que han logrado detener la explotación de los recursos naturales en sus territorios.


Las jóvenes y estudiantes en Chile, que han sido parte de una impresionante revuelta que develó que el país que se presentaba como el modelo neoliberal a seguir en la región, era una falacia total al revocar la constitución de Pinochet. La 8M Coordinadora Feminista en particular a través de su organización de asambleas y su desarrollo de un programa feminista fue fundamental en el proceso.


En la región de Medio Oriente y Norte de África, las mujeres que lideran los movimientos contra las tiranías y la descomposición social se ven obligadas a librar la batalla ideológica contra el fundamentalismo religioso que impregna la sociedad y el aparato estatal.


En Brasil y los Estados Unidos, las mujeres han estado al frente de las protestas contra el desastroso manejo de la pandemia por parte de sus gobiernos, encabezados por los presidentes machistas y autoritarios Bolsonaro y Trump.


En dos países del antiguo bloque soviético, las mujeres están dirigiendo la lucha de las masas populares contra los regímenes autocráticos y corruptos. En Polonia, movilizaron a millones de personas desafiando el ya limitado derecho al aborto, creando el espacio para un trascenso democrático general de las demandas. En Belarús, están a la vanguardia de las luchas populares para que se respeten los resultados de la votación y para expulsar al gobierno usurpador.


El nuevo auge feminista y el creciente papel importante de las mujeres en los movimientos sociales han permitido la aparición de un nuevo tipo de figuras políticas femeninas. La elección de Ada Colau y nuestra compañera Teresa Rodríguez en el Estado español, los nuevos oradores (no blancos) de la izquierda del DP en EE. UU. Como Alexandria Ocasio Cortez y Rashida Tlahib, o Marielle Franco y su compañera Mónica Benicio en Brasil, son algunos ejemplos.


Por lo tanto, nos enfrentamos a un notable fenómeno de creciente protagonismo de las mujeres en el movimiento social y político, entrando plenamente en el proceso político nacional, que resisten el empobrecimiento de amplios sectores de la población provocado por las políticas neoliberales. Vemos que estas son en realidad luchas vinculadas a la cuestión de la defensa de la vida, de la reproducción social en el sentido ecológico, económico, social, cultural y, a veces, espiritual. Estas luchas van de la mano con una mayor conciencia entre los protagonistas de la desigualdad de género y la violencia patriarcal predominantes en su propio entorno y en la sociedad en general.


2.5 Los antecedentes internacionales de la nueva ola


Durante la ola anterior del movimiento de mujeres se llevó a cabo cierta coordinación internacional. A fines de la década de 1970, se fundó la Campaña Internacional por los Derechos al Aborto, que evolucionó y se convirtió en la Red Global de Derechos Reproductivos de las Mujeres, aún activa. El primero de los Encuentros feministas bianuales latinoamericanos y caribeños en curso se celebró en Colombia en 1981. Esa conferencia decidió conmemorar el 25 de noviembre como un día contra la violencia contra las mujeres, esto fue adoptado en 1995 por la ONU como el Día Internacional para la Eliminación de La violencia contra las mujeres.


La Marcha Mundial de las Mujeres contra la Pobreza y la Violencia nació en 1998 a raíz de la Conferencia de Mujeres de la ONU en Beijing en 1995, e inspirada en las manifestaciones de las mujeres en Quebec, Canadá, en este mismo año pero se dirigió a las mujeres de base y a la acción callejera con 17 reclamaciones y propuestas para la eliminación de la pobreza y de la violencia en contra de las mujeres. Tuvo cierto éxito durante el período de los Foros Sociales y todavía existe en algunos países.


Estos intentos de coordinación internacional coincidieron con momentos del surgimiento de movimientos sociales aspiracionales a nivel internacional y sufrieron el mismo declive que esos movimientos. Sin embargo, a pesar de los aspectos negativos de la ONGización, estas estructuras han permitido que continúe una cierta coordinación internacional. Ha habido reuniones internacionales de mujeres rurales sobre el tema de la soberanía alimentaria (Nyeleni - Mali 2007); y se ha desarrollado el creciente posicionamiento feminista de Vía Campesina, la principal red campesina internacional.


Al mismo tiempo, todas las revueltas sociales o revoluciones que han estallado en las últimas décadas han visto una fuerte participación de mujeres que han desarrollado su propio marco para el análisis y la acción dentro de sus movimientos: desde la ley de mujeres en el movimiento zapatista hasta la presencia de mujeres en los movimientos de la Plaza Tahir, Occupy, 15M, en la "primavera árabe" y, por último, pero no menos importante, el sorprendente ejemplo de mujeres combatientes kurdas.


En todos estos movimientos, ya no se trata de priorizar las luchas, anticoloniales, anticapitalistas, democráticas, antirracistas y antipatriarcales, sino, por el contrario, empieza a surgir claramente un feminismo interseccional que aborda toda opresión de manera combinada.


2.6 Otras corrientes del feminismo


Mientras tanto, en los países altamente industrializados que habían experimentado un cierto grado de estado de bienestar durante el auge de la posguerra, el feminismo liberal y reformista ha surgido como un subproducto de la segunda ola del feminismo.


El feminismo reformista se caracteriza por la incorporación de demandas feministas y, a menudo, activistas en partidos socialdemócratas y otros partidos reformistas, especialmente cuando están en el gobierno local o nacional, adoptando políticas y otorgando fondos para proyectos inspirados por el movimiento de mujeres pero con poco o ninguna autoorganización. Los planes de austeridad dejan poco espacio para este tipo de feminismo.


El feminismo liberal se centra en la feminización de las empresas, las administraciones y la cultura dominante, sin cuestionar su clase y carácter racial, y por el contrario actúa como una coartada para la explotación de otras clases sociales: inmigrantes, racializadas, pobres. Este feminismo burgués liberal ha trabajado como freno para las nuevas generaciones y otras capas de mujeres no privilegiadas que se identifican con el feminismo. Condujo a muchas ilusiones sobre la idea de la integración gradual de las mujeres, ¿de qué mujeres? - en los órganos de gobierno, rompiendo el famoso "techo de cristal".


En el Sur global se ha desarrollado el fenómeno de la “ONGización”, es decir, el condicionamiento y la neutralización progresiva de los movimientos de mujeres dentro de las ONG y en el marco de las reuniones de la ONU, financiadas y profesionalizadas por ellas en detrimento de su radicalidad y autogestión.


Dado el empeoramiento de las condiciones de vida y la precariedad después de la crisis de 2008, en contraste con estas ilusiones gradualistas, los movimientos nacidos en la década de 2010 se han desarrollado en clara oposición a estos enfoques.


El resurgimiento de una corriente de feminismo basada en el determinismo biológico y más visible en las campañas reaccionarias para restringir los derechos de las mujeres trans a los espacios públicos es otro obstáculo problemático.

3. ¿Cuáles son las especificidades de este movimiento?


El ciclo actual de movilizaciones tiene sus propias características, derivadas del contexto en el que está ocurriendo. Por un lado, encontramos preguntas que son específicas del período histórico (de la crisis de la izquierda, de los sujetos políticos, del invidualismo neoliberal que se arrastra en todas las esferas, de la desconfianza hacia lo político, de la pérdida y el reencuentro con la estrategia, etc.,) y, por otro lado, nos encontramos con nuestras propias formas de lucha, con una nueva gramática del movimiento feminista. Partimos de la idea de que en este momento el movimiento feminista es un movimiento creativo que puede promover nuevos debates y nuevas herramientas para cambiar el mundo.


3.1 Creciente extensión geográfica, ampliación de contenidos


Las movilizaciones se han extendido por todo el planeta, adquiriendo mayor resonancia en América Latina y la periferia de Europa. Argentina, Brasil, España y recientemente México lideran estas movilizaciones que se han extendido y se están extendiendo a otros lugares. Las enormes protestas por el derecho al aborto en Polonia en 2020 - que comenzó de nuevo en 2021 - tras los intentos del gobierno polaco de criminalizar casi por completo el derecho de la mujer a elegir también forman parte del mismo desarrollo. La histórica victoria de las mujeres argentinas en la legalización del aborto a finales de 2020 es un motivo importante de celebración en todo el mundo. La lucha por el derecho al propio cuerpo, por el derecho a decidir y la legalizacion del aborto, así como la lucha contra la violencia machistay en particular contra el feminicidio y la violencia sexual, han sido los ejes principales de la movilización.


La huelga feminista se ha convertido en un eje articulador central del movimiento feminista a nivel internacional, extendiéndose a todo el planeta, pero lo más importante es entender cómo esta huelga feminista se conecta con un momento en el que las mujeres están en la primera línea, como vanguardia de las luchas contra las políticas neoliberales, y entender que estas luchas tienen su propia forma en cada país. En los Estados Unidos, se ha articulado en torno al rechazo de Trump. En el norte de África y la región árabe, el papel que juegan las mujeres en las movilizaciones sociales y políticas es innegable.


La lucha contra la violencia machista también ha logrado articular el movimiento a nivel internacional, creando vínculos, desde América Latina hasta India, África y Europa. Aunque se destacan iniciativas como #MeToo debido a la cobertura obtenida de los medios, esta identificación con otros y el enfoque en la violencia sexual ha ido más allá de estas iniciativas, en una actividad continua para hacer visible, denunciar y autoorganizarse ante tal violencia.


También es importante dar a conocer internacionalmente otras formas de resistencia que no utilizan la huelga: levantamientos, ocupaciones pacíficas y luchas culturales.


3.2 Nuevas generaciones y nuevos sectores


La irrupción de las mujeres jóvenes en las movilizaciones está creciendo y estas nuevas generaciones traen consigo una nueva forma de entender el feminismo y el trabajo político, a partir de su propia experiencia personal de violencia machista diaria. En muchos casos, esta irrupción acompaña un desafío a la hegemonía del feminismo institucional dado que las movilizaciones surgen de una crisis de las respuestas dadas por ese feminismo a los problemas y necesidades de las mujeres.


Esto a partir de lo personal no es nuevo en el movimiento feminista, donde lo personal siempre ha sido político, pero se conecta a cómo las generaciones más jóvenes se relacionan con la política y se construyen como sujetos, cómo reafirman su identidad personal y colectiva, lo que exigen de los espacios de autoorganización del movimiento, construir espacios de apoyo mutuo feminista, etc. Todo esto expresa la necesidad de un sujeto feminista que responda a los desafíos actuales, que incorpore estas demandas, que se cuestione a sí misma, que reinvente ella misma, etc. También implica la necesidad de forjar una expresión política colectiva de la renovada rebelión de las mujeres, lo que implica que el movimiento necesita estructuras y espacios para que las mujeres debatan democráticamente sobre cómo construirlo, cómo promulgar eficazmente el cambio y atraer a un número cada vez mayor de mujeres. Cuando estos espacios no existen, o se limitan al ámbito académico, por ejemplo, las posibilidades de crear un pensamiento verdaderamente estratégico son limitadas.


3.3 Nuevas preocupaciones


Esta atención a lo personal se expresa en renovado y reforzado preocupaciones como la necesidad de cuidados en espacios de autoorganización, en el cuidado de los detalles que tienen que ver con la toma de decisiones y la forma de debatir, de construir espacios inclusivos y participativos, etc. y también con lo que nos concierne: la relevancia de los aspectos afectivo-sexuales, de las identidades de género, de la expresión de nuestra forma de vivir nuestra identidad, de la necesidad de valorar nuestra vida cotidiana, de repensar la forma en que nos relacionamos entre nosotros , etc., en la última instancia de poner nuestras vidas en el centro, de la importancia del afecto, del cuidado. Debates sobre la maternidad, sobre todo lo que tiene que ver con nuestros cuerpos y sexualidad, sobre cómo usamos nuestro tiempo, etc. Estas reflexiones pueden llevar a una polarización sobre la experiencia y la reacción individuales más que sobre la identificación y la acción colectivas, pero en otras ocasiones ayudan a poner en primer plano cuestiones que han estado presentes, pero no demasiado destacadas, en el feminismo y generalmente ausentes en otros movimientos sociales y políticos.


Nuevos sujetos han irrumpido en la escena social y política, provocando la determinación de incluir y dar visibilidad a estos sujetos hasta ahora invisibles incorporando el problema racial y étnico junto con sexualidad e identidad de género, así como otros problemas como discapacidad, enfermedad mental, ancianos, rural o ciudad, etc.


El papel de las mujeres, en particular de las jóvenes, dentro del movimiento Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) ha sido muy notable, así como las movilizaciones específicas que afirman que los Black Trans Lives Matter (Las Vidas Negras Trans Importan).


El movimiento de ayuda mutua, dirigido mayoritariamente por mujeres, opera sobre los principios de autocuidado para el cuidado mutuo que las feministas, principalmente las nuevas generaciones de feministas, las campesinas, indígenas y otras que se organizan en sus territorios, han valorado anteriormente. Promueven principios conscientes de antidiscriminación y resistencia colectiva. En el contexto del desafío a