Exigimos justicia y alto a la violencia feminicida en México



El sábado 27 de marzo la policía en Tulum, Quintana Roo detuvo; sometió brutalmente y asesinó a Victoria Esperanza Salazar Arriaza, a plena luz del día y en la vía pública. Victoria tenía 36 años, era migrante originaria de El Salvador, con una visa humanitaria permanente y radicaba en Quintana Roo. Este feminicidio muestra la brutalidad policiaca y la violencia institucional que se ensaña contra migrantes y mujeres.


Las víctimas de violencia feminicida son en su mayoría mujeres empobrecidas o habitantes de franjas de miseria, lo que hace evidente que las desigualdades económicas también son factores que determinan el grave incremento de la violencia contra las mujeres. Nuestro país, colindante con Estados Unidos al norte, se vuelve un camino de tránsito o de destino para miles de personas migrantes provenientes de Centroamérica, quienes son expulsadas de sus países debido a la pobreza, violencia, y en el caso de muchas mujeres que viajan incluso con sus familias, huyendo de la violencia de género de sus localidades.


Transitar por México se ha convertido en una travesía envuelta en violencia, corrupción, extorsión, narcotráfico, trata de personas, prostitución y otros peligros a los que se enfrentan quienes, en su calidad de migrantes, deciden emprenderla. Las políticas del Estado mexicano han mostrado la poca voluntad para enfrentar esta situación, debido también, a las grandes presiones económicas ejercidas por Estados Unidos, con quien se tiene cuantiosos convenios comerciales, lo que ha resultado en la construcción de políticas migratorias que poco tienen que ver con atender a las personas migrantes y sus familias, y muchas veces promueven el racismo social mediante políticas institucionales que lo legitiman.


El actuar de la policía, como uno de los órganos del Estado, reproduce estas dinámicas. Los hechos ocurridos durante la detención de Victoria Esperanza Salazar Arriaza son producto de la violencia institucional de un Estado que se ha caracterizado por ser impune, omiso, negligente e indolente ante la gravedad de la pandemia feminicida, y que también se suma a la narrativa presidencial que criminaliza, estigmatiza la organización y la protesta de las mujeres, de las feministas.


En la última semana, vivimos imágenes del dolor, indignación y rabia que deja dicha impunidad en todo el país. Este mismo fin de semana, las múltiples redes feministas del país denunciaron el feminicidio de Karla, en Holbox, Quintana Roo. En el Estado de México, niñas y adolescentes cargaron el ataúd de su amiga y compañera Wendy, de 16 años, quien fue desaparecida desde el 20 de marzo y cuyo cuerpo sin vida fue localizado el 22 de marzo en Xonacatlán. En Coatzacoalcos, Veracruz, la fiscalía entregó a una mujer el cuerpo de su hijo, desaparecido desde abril del año pasado, en una bolsa negra de plástico. Un trato cruel, degradante e inhumano, que se repite en diversas formas y que viven miles y miles de madres y familiares de personas desaparecidas, en todo el territorio nacional. La lista es interminable porque la violencia feminicida cobra la vida de 11 mujeres y niñas al día, porque más de 26 niñas y mujeres son desaparecidas diariamente, como lo recordaron el domingo 29 de marzo las madres y familiares de víctimas de feminicidio en la velada que realizaron frente al Palacio Nacional, proyectando en sus paredes: ¡SOS Nos están asesinando!


El movimiento feminista y amplio de mujeres, las madres de víctimas, todas, nos organizamos y nos movilizamos. Hemos agotado todos los recursos para exigir justicia, todas las movilizaciones no han sido suficientes para detener la ola de violencia machista. Por lo que sabemos que necesitamos transformar conjuntamente profundizando y fortaleciendo cada día más la autoorganización independiente para la erradicación de la cultura de misoginia que permea la sociedad.


Exigimos a las instituciones del Estado cumplan con sus obligaciones y responsabilidades para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia y el feminicidio contra las mujeres, niñas y disidencias. El Estado mexicano y sus instituciones tienen una enorme deuda con las mujeres. Exigimos a los tres niveles de gobierno y de justicia que cumplan con sus obligaciones y responsabilidades. Hasta que esta pandemia feminicida no se detenga no tendrán calma, nos verán en las calles, en las plazas, en las redes. Compañeras nos necesitamos juntas, en clara independencia y autonomía feministas.


¡Justicia para Victoria!

¡Justicia para todas!

¡Ni una menos!

¡La policía no me cuida, me cuidan mis amigas!


Partido Revolucionario de las Trabajadoras y los Trabajadores, PRT

México, 29 de marzo, 2021.