Declaración de la IV Internacional sobre la crisis de COVID-19



La crisis de Covid 19 amenaza la vida de millones de personas, acelera la transformación políticay enciende la llama de la agitación social.



Declaración del Buró de la Cuarta InternacionalDeclaración del Buró de la Cuarta Internacional

1. Introducción


Pandemia, depresión económica, visibilización de la desigualdad estructural y de las opresiones generadas por el neoliberalismo, enfrentamiento geopolítico por la hegemonía en el sistema-mundo, y una visión de cerca del inminente colapso ambiental... Todo esto se ha juntado en 2020, cuando la humanidad en su conjunto se ha enfrentado a una pandemia mundial sin precedentes para nuestra generación.


La pandemia ha causado más de 400.000 muertes en todo el mundo (401.000 el 8 de junio), con más de 6,8 millones de casos registrados oficialmente en 216 países. En la segunda mitad de marzo, antes de que se levantara el confinamiento en Asia, más de 3.000 millones de personas habían estado confinadas en sus hogares.


Es imposible juzgar en este momento hasta qué punto habrá una segunda oleada de casos y si el virus mutará.

2. Mucho más que un problema de salud


Es un momento de convergencia de fenómenos a largo plazo, que se desarrollaban de forma relativamente autónoma y que ahora convergen de manera explosiva: la crisis ecológica, los límites y la desigualdad del neoliberalismo y la lucha geopolítica por la hegemonía entre el antiguo imperialismo y China. Los procesos que están alterando estructuralmente el mundo configurado en 1945 están manifestándose e interactuando entre sí. Se trata sin duda de un momento de bifurcación en el camino de la historia, y de grandes apuestas para todos los actores políticos.


Estamos en una convergencia de crisis llena de peligros, en una crisis de la civilización capitalista, la más grave desde las guerras mundiales del siglo XX. Esto es lo que Gramsci llamó una crisis orgánica: empiezan a aparecer grietas en el propio edificio del poder burgués, su pretensión de universalidad empieza a desmoronarse, y las afirmaciones anteriormente hegemónicas se revelan como lo que realmente son: medios para asegurar la estabilidad capitalista. El consenso social se deteriora, y las asporaciones de los capitalistas ya no parecen corresponder al bienestar general. Se está produciendo una polarización política, abriéndose un espacio político que podría ser conquistado por los anticapitalistas ecosocialistas, pero también por la extrema derecha, ya que empiezan a aparecer "síntomas mórbidos".


Cuando presentamos una propuesta de política sanitaria solidaria, es evidente que las reivindicaciones van más allá del marco establecido por el capitalismo. Nuestra salud depende de las condiciones en las que vivimos. Depende de si respiramos aire limpio, si bebemos agua no contaminada, si somos capaces de proveernos de alimentos de alta calidad, si nuestras ciudades son un entorno habitable, etc. En resumen, depende de si vivimos bien y si nuestros salarios son suficientes para garantizarnos una buena vida. La salud es una cuestión física, social, cultural y ambiental que es la base de una vida humanamente rica. Dado que las condiciones de vida creadas por el capitalismo no nos permiten vivir una buena vida, ni social, ni cultural, ni ecológicamente, una política sanitaria basada en la solidaridad va más allá de los límites establecidos por el capitalismo.

3. La crisis ecológica


La deforestación, el extractivismo, la productividad capitalista, la devastación de los ecosistemas y el aumento de los animales en cautivisad y del consumo de carne han facilitado y aumentado el salto de las barreras de las especies por los virus. Las tres cuartas partes de las nuevas enfermedades que han aparecido desde 1960 son por zoonosis. Entre ellas se encuentran el Ébola, el SIDA, el SARS, el MERS y el Covid-19. La globalización del comercio ha llevado a una rápida proliferación mundial del virus. El crecimiento de las megalópolis y sus barrios marginales periféricos aumenta la velocidad de transmisión entre los seres humanos. Así pues, la pandemia de Covid19 es una consecuencia de la intersección de los efectos de la globalización.


El IPCC predice un aumento de las temperaturas medias mundiales de hasta 6ºC para 2100, lo que implica aumentos mucho mayores de la temperatura en la mayoría de las regiones continentales y en el Océano Ártico, una elevación significativa del nivel del mar y un aumento general de la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como olas de calor, incendios forestales, sequías, inundaciones y huracanes/tifones devastadores. Esto llevaría a que 3.500 millones de personas tuvieran que abandonar el 19% de la superficie terrestre, incluidas las zonas costeras y las regiones tropicales. Esta catástrofe climática, junto con otros puntos de inflexión ambiental, en particular la pérdida de biodiversidad, la deforestación y la falta de agua limpia, tendría consecuencias aún más terribles que las de Covid19, pero la pandemia nos da una idea de lo que podría ocurrirle a un mundo víctima de estos desastres.


En algunas partes del mundo, el momento de la pandemia está siendo utilizado por la agroindustria para avanzar en el proyecto capitalista de destrucción de la naturaleza. Un ejemplo donde esto ha estado ocurriendo es Brasil, donde en marzo y abril la deforestación de la selva amazónica creció un 29,9% en relación con el mismo período del año pasado. Este avance destructivo sobre la selva es también un avance del genocidio sobre sus pueblos, especialmente los indígenas, que han sido de los más afectados por COVID-19. Es fundamental que las organizaciones eco-sociales se hagan eco de la defensa internacional de la selva amazónica y de la salud de los pueblos indígenas durante este período de pandemia.

4. El impacto geopolítico y geoeconómico en la situación mundial


La disputa por la hegemonía está formalizada y es belicosa, en una bipolaridad trabajada agresivamente tanto por los EEUU como por China.


China ha crecido durante medio siglo en una asociación estratégica con los Estados Unidos. La administración Obama ya había intentado responder al amenazante crecimiento de China tratando de socavarlo a través del Tratado de Asociación Transpacífico firmado en 2015. Pero como parte del reajuste geopolítico promovido por el proyecto Trump, su gobierno rechazó el acuerdo en enero de 2017, dejando el espacio para el protagonismo de Beijing, que comenzó a situarse como campeón del libre comercio y la globalización económica frente al proteccionismo nacionalista de Washington.


La ruptura de esta alianza ha repercutido en todas las esferas de la sociedad mundial. Así pues, los Estados Unidos y la Unión Europea (UE), están saliendo debilitados de esta fase. La UE, que ya ha sido golpeada por Brexit, será la más perjudicada. La incapacidad de movilizar una respuesta sanitaria paneuropea a la crisis ha supuesto un duro golpe: los Estados miembros no actuaron de forma concertada cuando estalló la crisis en Europa, sino de forma unilateral, cerrando las fronteras, suspendiendo la libre circulación y deteniendo las conexiones de transporte de manera descoordinada. Durante semanas, Italia no recibió ninguna ayuda ni de los Estados vecinos, como Francia o Alemania (que también bloquearon las exportaciones de suministros y equipos médicos), ni a nivel de la UE. China hizo más en lo que respecta a los suministros de equipo. Cuba, a pesar del bloqueo criminal de los Estados Unidos, envió brigadas médicas a más de 20 países.


A los países endeudados como España, Grecia o Italia se les dirige al EFSM (Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera) con una ayuda especial por la crisis de 240.000 millones de euros. Este mecanismo obliga a aplicar medidas de austeridad y recortes de servicios públicos a cambio de préstamos.


Con 40 millones de solicitudes de subsidio de desempleo a principios de junio, se espera que la economía de EEUU tenga un descenso del 5,8% (FMI) a finales de año. En el contexto de la crisis social (y de una ola de levantamientos raciales actualmente en curso), el país ha programado elecciones en noviembre, que marcarán el rumbo de la situación política interna y externa. Trump utilizará todos los medios posibles para ser reelegido, incluido el fraude, pero su objetivo es difícil de alcanzar. Su prestigio entre la mitad de la población se ha visto muy afectado. El actual estallido de movilizaciones radicales y amplias en los Estados Unidos surge en el contexto de la histórica desigualdad social y racial, el descontento político y la experiencia de lucha acumulada por las nuevas generaciones y la desastrosa gestión de la pandemia por parte del gobierno de Trump, que ha conllevado un impacto desproporcionado en las comunidades negras.


En los países más pobres, la gente sufrirá al mismo tiempo el perjuicio sanitario y los efectos económicos. En el Brasil, el Perú, Chile y México, hay un aumento importante del número de casos. En el Brasil, los expertos en materia de salud prevén una explosión de Covid-19 en junio, incrementada por las acciones delictivas de Bolsonaro. Este país combina de manera explosiva una crisis sanitaria cada vez más grave con una recesión económica y una grave crisis institucional. Bolsonaro está más aislado y apela a su base radical de ideología fascista, apoyada por sectores de la policía estatal, el ejército y las milicias, para que cierre el Congreso y el Tribunal Supremo a fin de gobernar de manera explícitamente dictatorial.


En África y en Oriente Medio hay un nivel de sistemas de salud de lo más bajo, agravado por las situaciones de guerra e, incluso con cifras bajas de enfermos, los riesgos de una epidemia se añaden a los ya existentes: en África, por ejemplo, el paludismo mató a 380.000 personas en 2018, la tuberculosis a 607.000 y la malnutrición a entre 2 y 3 millones.


Los pueblos se verán seriamente confrontados a una mayor austeridad y a una profundización del subdesarrollo, de la dependencia alimentaria, del endeudamiento, del dominio de las multinacionales y de los grandes capitales locales sobre la economía y los recursos. Estas son las mismas causas que desencadenaron el proceso revolucionario en la región árabe y que le darán un nuevo impulso para un nuevo ciclo después de Covid-19.


La total incertidumbre sobre una recuperación en forma de V tiende a hacer más agresivos a los grupos capitalistas y a sus gobiernos. Mientras el capitalismo no sea derrotado, cualquier idea de un "próximo mundo" diferente y mejor será pura utopía: el que viene será aún más desigual. La lucha por una alternativa anticapitalista es cada vez más urgente.

5. Una crisis del modelo neoliberal


Esta crisis tiene sus raíces en la globalización, y todas las crisis preexistentes se incrementarán después de esta pandemia. Además, el Covid-19 ha revelado la fragilidad de un sistema capitalista de producción globalizado profundamente determinado por la búsqueda de la máxima producción de valor (a través de las cadenas de valor y la adaptación de las producciones de los países dominados a los intereses de los grandes grupos capitalistas) y de una tasa de ganancia ampliamente desvinculada del crecimiento. No obstante, los objetivos capitalistas en los próximos meses serán los de seguir adelante con el "business as usual" lo antes posible.


La acentuación de la globalización y las políticas de austeridad ya habían encontrado sus límites en los últimos años: desde la crisis financiera de 2008, los principales bancos centrales, entre ellos la Reserva Federal de los Estados Unidos, el BCE y el Banco de Inglaterra, han inyectado enormes cantidades de dinero en los bancos privados para mantener a flote todo el sistema económico. Al mismo tiempo, con tasas de interés real cero o negativas, el endeudamiento de los países y las empresas capitalistas se ha disparado tanto en Estados Unidos como en Europa.


Los medios financieros que los bancos centrales han distribuido en profusión no han sido utilizados por los bancos y las grandes empresas capitalistas de los demás sectores para la inversión productiva, sino para para adquirir activos financieros. Esto ha producido una burbuja especulativa en el mercado de valores, en el mercado de bonos (es decir, bonos de deuda) y, en algunos lugares, en el sector inmobiliario. Todas las grandes empresas se sobreendeudaron al principio de esta crisis.

6. Una profunda crisis social


Los efectos del Covid19 han supuesto una fuerte perturbación de la producción, el transporte de mercancías y la demanda.


Incluso en las zonas menos afectadas por la pandemia, como por ejemplo en África (5125 muertes el 7 de junio, de la cuales 3800 en Argelia, Camerún , Egipto, Marruecos, Migeria, Suádfrica y Sudán)) la crisis en China, Estados Unidos y la UE está teniendo efectos profundos a nivel económico y social: el PMA prevé para 2020 una duplicación del número de personas afectadas por la inseguridad alimentaria aguda, especialmente en África y el Oriente Medio (era de 135 millones en 2019 debido a las guerras y al cambio climático).


El efecto de esta crisis es el retorno del espectro del hambre a los sectores más pobres de la clase obrera en varios países, especialmente a los excluidos del mundo del trabajo, o insertos en él de manera precaria, sin derechos laborales, poblaciones generalmente racializadas y excluidas por su condición étnica y social. Por ello, las iniciativas de los movimientos sociales para organizar iniciativas de solidaridad de clase para luchar contra el hambre son fundamentales y tienen efectos directos en la capacidad de organización política de los barrios pobres. Los movimientos de comunidades de negros y migrantes (especialmente en el Brasil, los Estados Unidos y Europa) han sido los protagonistas de esas iniciativas, que desempeñan un papel fundamental en la organización de la resistencia popular a la pandemia.


La producción de alimentos está actualmente muy centralizada, con un puñado de grandes empresas que dominan cada sector. Gran parte de lo que se produce es activamente perjudicial para la salud humana y la comida basura contribuye de manera significativa a la obesidad y a las enfermedades que más afectan a los pobres porque es barata y llena.

7. Efecto sobre los empleos y las condiciones de vida de las clases trabajadoras


Las clases trabajadoras, entre las que se incluyen los campesinos pobres, son las principales víctimas del Covid-19 directamente por el número de muertes, e indirectamente por los despidos, las pérdidas de empleo o de actividad y los recortes salariales.


Todos los primeros estudios en EEUU, Brasil o Francia, por ejemplo, muestran que las clases populares son las principales víctimas de las muertes de Covid-19. De una población activa de 3.300 millones de personas, más de cuatro de cada cinco se han visto afectadas por el cierre total o parcial de los lugares de trabajo, según estimaciones de la OIT. En los Estados Unidos, 20 millones de puestos de trabajo fueron destruidos en abril, 30.000 millones de nuevos registros de desempleo en marzo. En Gran Bretaña, 950.000 nuevas inscripciones entre el 16 y el 31 de marzo - es diez veces más alto de lo normal. En Europa, la proporción de trabajo a jornada reducida se disparó. En Alemania, casi 500.000 empresas lo implementaron en marzo, veinte veces más que después de la crisis financiera de 2008.


Una proporción significativa de la fuerza de trabajo trabaja en la economía informal en África, América Latina y Asia, hasta el 90% en la India. Estos trabajadores perdieron sus ingresos con el Covid-19, y prácticamente no tienen protección social, ni prestaciones de desempleo y tienen poco acceso a los servicios de salud. En muchos países una proporción significativa de estos trabajadores son migrantes, ya sea internos del campo a la ciudad (India, grandes partes de África) o de otros países (en los Estados del Golfo de Asia, en los Estados Unidos de América del Sur y Central, etc.). Estos trabajadores son doblemente vulnerables no sólo a la devastación económica sino también a los chivos expiatorios racistas. La OIT predice que 1.600 millones de personas en todo el mundo (tres cuartas partes de los trabajadores informales del mundo) corren el riesgo de perder sus medios de vida en el segundo trimestre. Estima que el 6,7% de las horas de trabajo en el mundo podrían perderse en el segundo trimestre, es decir, 195 millones de equivalentes de tiempo completo para una semana de 48 horas, de los cuales 125 millones se encuentran en Asia, 24 millones en América y 20 millones en Europa. En un estudio de la Unión Africana se plantea la cifra de 20 millones de empleos perdidos en el continente y un aumento drástico de la deuda.

8. El Covid-19 ha exacerbado las discriminaciones


En general, los más precarios de la clase obrera fueron los más afectados directa o indirectamente por el virus. En Nueva York, los negros residentes en el Bronx, en todo el territorio de los Estados Unidos, los nativos americanos y los negros; en la región de París, las poblaciones racializadas de Seine St Denis; en Brasil, los negros de las favelas. En la India, un enorme porcentaje de los que viven en la calle o en barriadas son musulmanes que fueron desplazados rápidamente por los terratenientes y el Estado cuando Modi impuso un confinamiento muy rápido y draconiano, lo que dio lugar a un vasto movimiento de personas. En el caso de Filipinas, se estima que más de 70.000 trabajadores migrantes en el extranjero se verán obligados a regresar, tras haber perdido sus empleos como consecuencia de la pandemia. Algunos de ellos trabajaban en la construcción, pero la mayoría en la hostelería, incluidos los cruceros. Todas estas poblaciones han sido víctimas de mayores tasas de mortalidad, condiciones de alimentación y vivienda más precarias y de la necesidad de desplazarse para poder trabajando.


- En todo Europa, Estados Unidos y Canadá, América Latina, India, China y Oriente Medio, la violencia contra la mujer y los feminicidios ha aumentado entre un 30% y un 100% en comparación con la situación anterior.


- En los Estados Unidos, el Caribe y América del Sur (el Brasil en particular), las poblaciones de origen africano sufren mucho más, dada la situación de pobreza de la mayoría, con la pandemia, el desempleo, la pérdida de ingresos del sector informal y la violencia del Estado.


- Todas las poblaciones deportadas, los refugiados, como los sirios, palestinos, uigures y rohingyas en Bangladesh se ven aún más afectados por esta situación.


- En el Golfo Arábigo, millones de trabajadores migrantes del Asia meridional se encuentran hoy en una situación sumamente precaria, sin trabajo ni medios.


- Los estudiantes escolares y universitarios de entornos desfavorecidos son los que más han sufrido por el cierre físico de los establecimientos de enseñanza y la enseñanza en línea, sin que se haya garantizado a todos computadoras y acceso a la Internet. En el caso de los niños más pequeños en particular, es más probable que sufran de un apoyo insuficiente en el entorno doméstico.

9. La pandemia facilita los ataques a las libertades democráticas


Muchos países han introducido restricciones a los derechos democráticos en el contexto de la contención de los estados de excepción. En muchos países se han promovido leyes de excepción y se ha detenido a los opositores. En Filipinas, por ejemplo, Duterte se ha servido del Covid-19 para intensificar una política represiva de control de la población. Lo mismo ocurre en Hong Kong, donde el gobierno de Pekín está introduciendo nuevas restricciones a los derechos democráticos. En América Latina, es el caso de Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Bolivia, por ejemplo. En muchos países, las medidas de contención y control aplicadas son una oportunidad para probar nuevos métodos policiales con nuevas tecnologías de rastreo o vigilancia.


Evidentemente, el objetivo será hacer que esas medidas sean permanentes. Tanto más cuanto que el Covid-19 ha llegado a muchos países tras numerosas movilizaciones sociales contra las consecuencias de las políticas capitalistas. Por ejemplo, fue el caso de Hong Kong, Argelia, Chile, Francia. Habiendo exacerbado estas situaciones de injusticia social, las clases dominantes temen con razón un resurgimiento de las movilizaciones sociales. Por lo tanto, se preparan para ello tratando de reforzar sus arsenales represivos. Sin embargo, ya, a pesar del Covid-19, en Hong Kong la gente está en la calle contra las leyes antidemocráticas del gobierno de Beijing y en el Brasil se está organizando un amplio movimiento para exigir la destitución de Bolsonaro. Podemos esperar muchas movilizaciones sociales y políticas en los próximos meses.


La actual erupción en los Estados Unidos en respuesta a la ejecución de George Floyd por la policía de Minneapolis (una fuerza con un largo historial de racismo particularmente flagrante) se produce en el contexto del movimiento Black Lives Matter, así como del impacto desproporcionado de las políticas de Trump hacia el virus en la comunidad negra.

10. Los movimientos sociales y anticapitalistas deben organizarse contra la violencia de los ataques


Mientras que los riesgos para la salud siguen estando muy presentes y el único objetivo de la clase dirigente es remontar sus beneficios, las amenazas para las clases trabajadoras son dobles. No sólo aumentarán los cierres de empresas y los despidos, se bloquearán o reducirán los salarios, sino también la legislación laboral (cuando existe) que ha sido ampliamente cuestionada durante las medidas de emergencia. En la India, por ejemplo, el gobierno de Modi está impulsando a los estados en esta dirección, y en Uttar Pradesh y Madhya Pradesh se han suspendido los derechos sindicales, así como las normas de higiene y seguridad y se han facilitado los despidos.


En diferentes países, como Alemania, el Estado español, Estados Unidos y Brasil, grupos de extrema derecha organizaron manifestaciones contra el encierro con un contenido racista y xenófobo, mezclando teorías de conspiración, nacionalismo o supremacía blanca. En otras partes de la India, los musulmanes (200 millones) han sido víctimas de campañas racistas que los acusan de ser responsables de la epidemia. Estos grupos xenófobos parasitan la crisis social y política que existe en muchos países durante y después del cierre.


Pero, en numerosos países, a pesar del bloqueo, los movimientos sociales, los sindicatos, las comunidades populares se han mostrado activas, en continuación de numerosas acciones y movilizaciones llevadas a cabo antes del confinamiento por los sindicatos, las organizaciones políticas o los movimientos sociales, como por ejemplo las movilizaciones contra la violencia sexual o racista, las del derecho a la vivienda, las luchas obreras como las de los trabajadores de la salud en Francia, los movimientos antiautoritarios y democráticos en Chile, Líbano, Argelia, Hong Kong, y todas las movilizaciones climáticas llevadas a cabo en los meses anteriores. En algunos países esto ha dado lugar al crecimiento de nuevos movimientos de ayuda mutua (que plantean interesantes cuestiones de funcionamiento "en y contra el Estado" en la situación actual) y tal vez a más largo plazo la construcción de organizaciones comunitarias allá donde antes no existían en la misma medida. El Covid-19 y lo que ha revelado sobre la sociedad en la que vivimos no puede sino reforzar la voluntad de estas movilizaciones y movimientos de continuar su acción y lograr victorias.


Durante el confinamiento se han dado muchas iniciativas auto-organizadas de la gente trabajadora, de los territorios en resistencia, en el campo y en las ciudades. Hay ejemplos de estas iniciativas de la población o de sectores organizados, como los campesinos, los indígenas, los desempleados, las personas y comunidades de la periferia de las grandes ciudades, la red de solidaridad feminista, entre otros. Estas iniciativas están forjando alternativas muy interesantes, como la fabricación colectiva de máscaras de tela para donar a la población con el fin de asegurar la prevención de contagios, la donación y producción alternativa de alimentos, la defensa del sistema de salud pública y la demanda de acceso universal al mismo, la denuncia del aumento de la escalada de violencia contra las mujeres y el agotador trabajo de cuidados que realizan durante el aislamiento en el hogar, entre otros.


Una de las consecuencias de la crisis es la forma en que ha revelado a capas mucho más amplias de la población los tipos de trabajo que son necesarios socialmente (trabajos esenciales) y los que existen sólo para generar beneficios. Se ha demostrado que el trabajo de reproducción social en el ámbito de la salud y la atención sanitaria es vital, ya sea en el hogar o (mal) pagado en el sector público o privado, tanto de forma general como más específica mediante acciones que marcan el valor que las comunidades de la clase trabajadora dan a este trabajo vital. En muchos países las acciones (aplausos) que comenzaron en reconocimiento de los trabajadores de la salud ampliaron su alcance para incluir a todos los trabajadores esenciales, específicamente los de los servicios postales, de transporte y de distribución y venta de alimentos. Se ha subrayado la elevada proporción de mujeres y de trabajadores negros y migrantes en estos sectores.


Al mismo tiempo, la muy significativa reducción de los viajes por vía aérea y, en menor medida, de los viajes por carretera ha traído consigo ganancias inesperadas. La reducción de la contaminación atmosférica en miles de ciudades "normalmente" estranguladas por el smog, y de la contaminación acústica que está llevando a muchos a escuchar el canto de los pájaros por primera vez en décadas o en la vida.


Los debates están comenzando en muchos movimientos sociales y parte del movimiento obrero bajo el lema #buildbackbetter- cuestionando la "normalidad" de la pobreza entre la riqueza ostensible, de la falta de vivienda, de las condiciones de trabajo inseguras, de la violencia contra las mujeres, de la discriminación contra las poblaciones negras y migrantes, de la contaminación y otros aspectos de la catástrofe ambiental.


Durante el confinamiento y después de su levantamiento, también se han producido muchas acciones y huelgas de trabajadores por demandas de seguridad, el cierre de la producción no necesaria, la demanda de garantía de los derechos laborales y el pago de los salarios. Por ejemplo, en muchos países los empleados de Amazon o los empleados de los sectores de la restauración, el transporte o el reparto a domicilio.


Por lo tanto, las tareas esenciales de los movimientos sociales en los próximos meses serán organizar a las clases populares para la defensa de su salud y sus derechos frente a una ola de ataques sociales que afectarán paralelamente al empleo, los derechos sociales y las libertades democráticas y recrear una relación sostenible entre las poblaciones humanas y el medio ambiente.

11. Frente a la pandemia, las demandas relativas al sistema sanitario, al empleo y los salarios de la vivienda, la educación, la acogida de migrantes y el medio ambiente son demandas de urgencia.


- En todas partes, y especialmente en las regiones afectadas por la pandemia, inyección de medios suficientes para la disponibilidad masiva de equipos de detección, la multiplicación de camas de reanimación y respiradores. Generalización a toda la población de máscaras protectoras y pruebas biológicas adecuadas.


- Reanudación de las actividades económicas sólo con la protección de la salud de los trabajadores: suministro de medios de protección (máscaras, geles, gafas, guantes) para todos los empleados, que permitan su protección y el ejercicio inmediato del derecho de retirada si no se respetan las condiciones de seguridad.


- Asunción al 100% de la responsabilidad por parte de las empresas y/o el Estado de los salarios de los trabajadores que han suspendido su actividad, incluidos los trabajadores migrantes, los trabajadores precarios, los trabajadores temporales, los trabajadores domésticos, los trabajadores autónomos y los trabajadores de temporada, sin ninguna obligación de tomar días de descanso o de recuperar posteriormente las horas no trabajadas. Obligación de los Estados de pagar los salarios de los empleados cuyos empleadores se nieguen a pagarlos durante la crisis. El gobierno debe entonces recuperar el costo de esta intervención multando a la empresa culpable de no pagar los salarios.


- Provisión por parte del Estado de un ingreso mínimo garantizado suficiente para vivir decentemente para los trabajadores del sector informal, para los desempleados no remunerados, para los estudiantes, para todos los que lo necesiten.


- Prohibición de todos los despidos y cierres de empresas por parte de los grupos capitalistas, reincorporación de los empleados despedidos desde el comienzo de la pandemia.


- Apertura de escuelas en condiciones seguras para los estudiantes y los maestros. Ninguna penalización a los estudiantes por la pérdida de horas lectivas.


- Rechazo de toda medida autoritaria y excepcional de suspensión de los derechos sociales, incluido el derecho de huelga, y especialmente el mantenimiento de estas medidas después del levantamiento del confinamiento.


- Suspensión de todos los desahucios, suspensión de los alquileres, préstamos personales y facturas de agua y energía, provisión de viviendas adecuadas para todos aquellos que viven en precariedad o sin alojamiento, requisición de viviendas vacías.


- Prestación de una atención social adecuada a los discapacitados, a los ancianos y a todos los que están o han estado socialmente aislados por el encierro.


- Establecimiento de medidas inmediatas de protección de emergencia para las mujeres y los niños que son víctimas de la violencia, con decisiones rápidas para retirar a los cónyuges violentos o proporcionar una vivienda alternativa a las víctimas, garantía de acceso a la anticoncepción y al aborto como procedimientos médicos vitales.


- Conversión de los centros cerrados para refugiados en centros de recepción abiertos con instalaciones sanitarias. Regularización inmediata de todos los inmigrantes indocumentados y refugiados para dar acceso a todos los sistemas de protección social, y poner fin a todas las expulsiones. Cierre inmediato de los campamentos de detención de migrantes, que están muy superpoblados, especialmente el de Moria en Lesbos y a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México.

12. Luchar contra la organización capitalista de la sociedad, poner en primer plano los intereses de las clases populares y las necesidades sociales en una serie de decisiones urgentes:


1. Todos los ámbitos esenciales del sistema de salud, incluidos los seguros, la industria farmacéutica y biotecnológica y toda la investigación y el desarrollo médico y farmacéutico deben ser desprivatizados y puestos bajo control público. Deben abolirse las patentes de medicamentos, conocimientos y productos médicos. La investigación médica debe realizarse en el plano internacional y con un espíritu de solidaridad y dedicarse únicamente al servicio de la humanidad. Los conocimientos y las tecnologías deben ponerse libremente a disposición de todos los países.


2. Esto debe ir acompañado del desarrollo de una infraestructura social gratuita para el cuidado, la crianza y la salud. Los trabajos esenciales de la reproducción social, ocupados mayoritariamente o incluso exclusivamente por mujeres, deben ser reconsiderados socialmente y mejor remunerados.


3. Es evidente que en el marco de esta reestructuración del sistema de salud, todos los hospitales privados deben ser puestos bajo control público y transferidos a la propiedad social. Un sector sanitario y clínico unificado es absolutamente esencial.


4. La limpieza y otros servicios necesarios para el funcionamiento de los hospitales y otras instalaciones de atención deben volver a ser tareas públicas. Los empleados que realicen el trabajo correspondiente deben ser remunerados decentemente y debe garantizarse su integridad sanitaria en el lugar de trabajo.


5. Para poder hacer frente a todo esto, hay que detener toda producción de armas, convertir su fabricación en producción socialmente útil e invertir los fondos que se liberen al mismo tiempo en el desarrollo del sistema sanitario.


6. Financiar los costos de la expansión del sistema de salud por medio de impuestos especiales sobre los altos ingresos, beneficios y activos. Debe hacerse todo lo posible para que los costos de la crisis sean asumidos por quienes han obtenido enormes beneficios y han acumulado riqueza a expensas del público en general en los últimos decenios.


7. Las condiciones de trabajo no deben enfermar a las personas y deben ser propicias para su desarrollo y su salud. Esto es particularmente urgente para los trabajadores no cualificados de la industria cárnica, la agricultura, el cuidado de los ancianos y los servicios de reparto. Debe garantizarse la seguridad en el trabajo y medidas adecuadas de saneamiento e higiene. Se deben reducir las horas de trabajo y mejorar la organización de los descansos.


8. Absorción de viviendas precarias con planes urbanísticos para la construcción de viviendas públicas de calidad.


9. Fortalecimiento y extensión del sistema educativo público, rechazo de la privatización mediante el desarrollo de empresas que propongan planes de enseñanza por internet.


10. La transferencia a la propiedad pública de las principales plataformas de medios de comunicación social. Facebook, WhatsApp, Amazon y Zoom, que se están beneficiando masivamente del cierre, y están recogiendo datos que generarán enormes beneficios futuros. Deberían ser expropiados (sin compensación, ya han acumulado demasiado), y funcionar como servicios públicos transparentes y sin ánimo de lucro.


11. En todos los países, transferencia a la propiedad pública de los servicios funerarios. No se debería permitir que las empresas privadas se beneficien de la muerte y traten de manipular el dolor de las personas en un intento de maximizar sus ganancias.


12. Agricultura sostenible y justicia alimentaria mundial, reorganizando los circuitos de producción y distribución de acuerdo con las necesidades sociales. Reducción de la distancia en el transporte de alimentos y del consumo de carne.


13. Fin de la deforestación, especialmente la impulsada por la agroindustria.


14. Expropiación de los bancos privados sin compensación a los principales accionistas y socialización del sistema financiero bajo control ciudadano, suspensión de todos los cargos bancarios en las cuentas privadas y concesión a las clases trabajadoras de préstamos sin interés para satisfacer sus necesidades inmediatas, congelación de las deudas bancarias de las familias, microcréditos y alquileres, garantizar el agua, la electricidad, el gas e internet para todos;


15. Suspensión inmediata del pago de las deudas públicas perm, lo que de permitir la movilización de fondos suficientes que los países necesitan para satisfacer las necesidades populares durante la pandemia. La suspensión del pago de la deuda debe combinarse con una auditoría con participación ciudadana para identificar la parte ilegítima y cancelarla.


16. Apertura de las fronteras para la admisión segura de migrantes, con estatus legal y acceso a los servicios de salud y atención social.


17. Lucha contra la discriminación en la prestación de servicios públicos para las personas indígenas, migrantes, negras, mujeres, LGBTIQ y discapacitadas, mediante programas de acción positiva para combatir siglos de discriminación institucional y de consulta permanente y participación de esas comunidades en la adopción de decisiones para crear servicios que satisfagan verdaderamente las necesidades de todos.

13. Otro mundo es necesario y urgente!


La actual convergencia de crisis, al poner en peligro los fundamentos de la vida humana, exige una política anticapitalista con una perspectiva ecosocialista. Muestra la urgencia de una sociedad basada en las necesidades sociales, organizada por y para las clases trabajadoras con propiedad pública de los bancos y los principales medios de producción. Y esta crisis muestra la urgente necesidad de frenar las causas del cambio climático, de detener la depredación ambiental que está destruyendo "nuestra casa común", reduciendo la biodiversidad y abriendo el camino a las plagas contemporáneas, como los síndromes respiratorios severos de naturaleza viral.


Si en la primera década del neoliberalismo hubo aspiraciones y sectores sociales que se unieron para decir "otro mundo es posible", hoy debemos unirnos para decir "otro mundo es necesario y urgente". Necesitamos una acción internacionalista común que nos indique los caminosmarque el camino hacia un mundo en el que la vida valga más que los beneficios, en el que la naturaleza deje de ser una mercancía. La crisis actual muestra claramente que una parte importante de la producción capitalista es puramente depredadora, totalmente superflua y derrochadora.


A principios de la década de 2000, el movimiento de justicia global reunió a millones de personas, de movimientos sociales, sindicatos, con la participación de organizaciones radicales de izquierda. Hoy en día, necesitamos construir tales reuniones, presentando demandas para luchar contra el capitalismo, el cambio climático y las discriminaciones. En la búsqueda de este objetivo, en diferentes países, o a nivel internacional, algunas iniciativas están comenzando a darse. Las organizaciones y los activistas de la Cuarta Internacional dedicarán sus esfuerzos para su éxito. Es urgente que las organizaciones y corrientes sociales, anticapitalistas y revolucionarias coordinen, debatan y establezcan acciones conjuntas a nivel regional e internacional.



Será imposible volver al llamado estado normal antes de la crisis de Covid-19, que era una "normalidad" capitalista que amenazaba el futuro de la humanidad y del planeta. Es urgente pasar a una nueva sociedad basada en las necesidades sociales, organizada por y para las clases trabajadoras con propiedad pública de los bancos y los principales medios de producción. Por eso es necesaria una perspectiva de transformación socio-ecológica radical.

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