La falta de pagos es la punta del iceberg


Diego Luz

Profesor Adjunto de la Facultad de Economía, UNAM


El 16 de marzo pasado, las profesoras y profesores -tanto de asignatura, como ayudantes- de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) decidieron iniciar un paro de labores por la falta de pago salarial de al menos 700 profesores y profesoras, aunque en su pliego petitorio existen otro número de demandas, la falta de pago es el detonante de este movimiento. Días después, como un alud de indignación, se fueron visibilizando más y más casos de falta de pago en otras escuelas, la cuales nos hemos ido al paro de labores: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza, Facultad de Química, Facultad de Ingeniería, Facultad de Arquitectura, FES Iztacala, FES Aragón, Facultad de Economía, entre otras (todavía hoy, 23 de marzo, se están realizando asambleas).


La demanda central de este naciente movimiento es el pago salarial inmediato a profesoras y profesores de asignatura y ayudantes, que no les han pagado o que su pago ha sido incompleto. Se han registrado casos de profesoras y profesores que se les deben un semestre completo de salario; en otros casos los pagos son parciales, sin prestaciones y por lo tanto incompletos; otros más registran adeudos de quincenas pasadas. Sin embargo, aunque esta es la demanda central, comienzan a levantarse otras demandas, que vinculadas o no con el tema salarial, apuntan a las condiciones precarizadas en las que labora la mayoría de la planta académica de la UNAM.


Pese a que cada escuela está redactando un pliego petitorio que responda a sus demandas inmediatas y particulares, hay temas centrales en los que se podría coincidir de manera general como es el caso de salarios dignos y mejores condiciones laborales. En el caso de los salarios, además de que se pague de inmediato a las profesoras y los profesores que se les deben salarios (una demanda que probablemente sea cumplida por la autoridad), se han ido agregando demandas como exigir aumentos salariales, integrar en el salario base las prestaciones (de esta forma el salario base sería mayor), el pago de bonos por laborar en el marco de la contingencia por COVID-19, el pago de servicios para la cobertura de clases en línea (pago de internet o luz) entre otras. Por otro lado, con respecto a la mejora de las condiciones laborales, se han planteado demandas como la basificación del personal docente mediante definitividades o medias plazas, contrataciones anuales para adjuntas y adjuntos, mejoras de los equipos de trabajo, etc.


Con el #UNAMnopaga, el movimiento ha encontrado bastante simpatía en redes, principalmente entre la comunidad estudiantil, la cual se ha volcado a expresar su solidaridad con sus profesoras y profesores de distintas maneras: compartiendo la información en distintas redes sociales, iniciando asambleas informativas, realizando paros solidarios, en algunas clases virtuales han mostrado carteles denunciando que la UNAM no paga, entre otras acciones.


El movimiento de profesoras y profesores de la UNAM ha logrado conectar con la empatía y solidaridad de la comunidad estudiantil. El reto ahora está en que las profesoras y profesores logremos plantear un programa de cambios estructurales y profundos para salir de la precarización laboral. Y que estos cambios abran paso a otras demandas que la comunidad universitaria ha levantado en procesos pasadas, porque la universidad se encuentra en una crisis profunda, que se ha acelerado con la pandemia, de la que no ha salido y no saldrá pues a partir de la imposición de la educación virtual se han ido visibilizando problemáticas que ahí se encontraban, pero que no veíamos o que sentíamos nos afectan de manera individual. Es indudable que un año de confinamiento y de clases en línea hayan generado el clima propicio para esta explosividad, pero también es parte de una cantidad, acumulada, de demandas no resueltas que han denunciado a las estructuras de gobierno de la universidad: la rectoría, el patronato, la junta de gobierno, el consejo universitario e incluso a los sindicatos.


Recordemos que las autoridades de la UNAM han tenido que enfrentar dos grandes movimientos en los últimos tres años: el movimiento estudiantil contra la represión y el movimiento feminista. El primero movilizó a cientos de miles de estudiantes y de profesor@s, sus demandas se centraron en los temas de seguridad, presupuesto y democracia. Por otro lado, el movimiento feminista recurrió a las tomas de las escuelas para exigir sanciones y justicia para varios casos de denuncias por agresiones sexuales, poniendo el dedo en los temas de justicia, incorporación de la perspectiva de género a los planes de estudio, protocolos para la prevención de violencia, entre otros temas. Frente a estos movimientos la actitud de las autoridades universitarias fue mantenerse sin cambios estructurales y resolviendo superficialmente a las distintas demandas, mientras apostaba al desgaste de la movilización, para volver a la “normalidad”.


De nueva cuenta se comienza a movilizar la comunidad estudiantil, en un escenario más complicado, pues se imponen condiciones nuevas: clases, asambleas y votaciones virtuales; y las redes sociales como el principal espacio de expresión. Pese a ello, el descontento es generalizado, siguen vivas las experiencias pasadas, los paros se han ido multiplicando y el 25 de marzo habrá una primera demostración pública con un mitin en rectoría. Las profesoras y profesores tenemos por delante enormes y difíciles retos, sólo se ha asomado la punta del iceberg.


Para concluir, y para dimensionar los retos que tenemos, quisiera recordar el mensaje que nos compartió María de Jesús Patricio Martínez “Marichuy”, vocera del Concejo Indígena de Gobierno, cuando vino a Ciudad Universitaria durante la campaña por la candidatura independiente a la presidencia el 28 de noviembre de 2017:


“Hoy más que nunca, necesitamos que la educación sea crítica, científica y acorde a la realidad de esta nación multicultural en la que las culturas originarias siempre han sido negadas; lo anterior para que deje de ser el adiestramiento para instruir operadores del despojo, de la producción desmedida, de los justificadores del desastre social, político y ambiental a que nos ha sometido este sistema capitalista, que deje de ser la educación el semillero de la enajenación de los pueblos en nuestras comunidades y en las ciudades. O sea que deje de ser parte de los engranes que hacen funcionar al sistema capitalista.”

Partido Revolucionario de los Trabajadores
Sección mexicana de la IV Internacional