Llaman zapatistas a accionar juntas contra la violencia

SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MUJERES QUE LUCHAN


Alicia Mendoza Guerra y Melisa Esteva


Fotos: Alicia Mendoza



El Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, convocado y organizado por las zapatistas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, llamó a accionar juntas contra la violencia contra las mujeres y las niñas este año y específicamente este 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, realizó un llamado para estar juntas, con todas nuestras fuerzas, encontrándonos en el pensamiento y en el accionar para seguir defendiendo la vida, nuestras vidas, y mantener prendida la lucecita que nos dieron en 2018.

Este Segundo Encuentro se realizó en el Semillero “Huellas del caminar de la Comandanta Ramona”, Caracol Torbellino de nuestra palabra en las montañas zapatistas en resistencia y rebeldía. Dio inicio el 26 de diciembre, fecha de registro e instalación de las asistentes en los distintos espacios que las zapatistas destinaron para cientos de casas de campaña en las que habitaron unas 4 mil mujeres provenientes de 49 países del mundo, y culminó el 29 de diciembre.

Después de tres arduos días de abordar la violencia contra las mujeres, al término del Encuentro, las zapatistas nos propusieron llegar a acuerdos, como encontrarnos en un año nuevamente, con propuestas para parar la violencia contra las mujeres, acudir al llamado y proteger a las mujeres que sufran violencia, tejer redes para accionar juntas y que el 8 de marzo portemos un moño negro, todas en todo el mundo, para recordarle al sistema que las extrañamos, que nos las olvidamos y que seguiremos luchando por la justicia para todas las mujeres.


8 meses después


El Segundo Encuentro sucedió con más de 8 meses de retraso. El 8 de marzo de 2019 era la fecha en que debía suceder, según se dijo durante la clausura del Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan realizado del 8 al 10 marzo de 2018 y al que asistieron más de nueve mil mujeres de 35 países y más de cinco mil mujeres zapatistas.


Entonces, el Segundo Encuentro sería a 3 meses del inicio de la nueva administración de Andrés Manuel López Obrador, quien después de 12 años logró llegar a la Presidencia de México junto con Morena, su proyecto político partidario que inició su proceso organizativo después de julio de 2006, cuando se dio el primer fraude electoral en su contra.


El escenario político del nuevo gobierno rápidamente evidenció que la Cuarta Transformación generaría nuevos pactos políticos, buscaría la consolidación de un nuevo régimen y daría continuidad a la política neoliberal que se ha impuesto por más de 30 años (por más que declare que el 01 de diciembre el neoliberalismo se acabó) a través de, por ejemplo, la imposición de macroproyectos extractivistas que se buscan legitimar mediante un discurso del “bien común”, en el que los únicos beneficiados realmente son los empresarios, las grandes industrias transnacionales y grupos financieros nacionales y extranjeros, la firma del T-MEC y el mantenimiento de la militarización del territorio mexicano a través de la recién creada Guardia Nacional.


Así, a menos de un año del Primer Encuentro, el territorio zapatista se volvió, nuevamente, una zona de guerra, como lo denunciaron las zapatistas, el 11 de febrero de 2019, con una carta en la que informaron que el Segundo Encuentro no podría realizarse en marzo. En ella explicaron los motivos: la zona zapatista estaba siendo sujeta a acciones de violencia y acoso por parte del gobierno debido a la resistencia frente a la planificación del Tren Maya, el proyecto del tren transístmico, la siembra de árboles para mercancía de maderas y frutas, las concesiones de zonas para la explotación de minas y su plan agrario, por lo que asistir representaba, en ese momento, un riesgo para la seguridad de todas. Era necesario tomar medidas determinantes, por lo que el Segundo Encuentro sería pospuesto.


El llamado. Mujeres contra la violencia patriarcal y el capitalismo


El 19 de septiembre de 2019, las zapatistas difundieron la convocatoria para el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. En la invitación nos propusieron abordar un solo punto: la violencia contra las mujeres, dividido en dos partes, una de denuncia y otra sobre qué vamos a hacer para parar esa masacre. A manera de saber qué se hizo para mantenernos vivas, acuerdo del Primer Encuentro. El objetivo, sería compartirnos qué se hace, qué se hizo o qué se puede hacer para detener esos crímenes. Nos propusieron encontrarnos nuevamente para escucharnos, escuchar las diferentes formas para luchar de cada quien, organización, colectivo o grupo y hacer propuestas conjuntas. Un encuentro para dejar claro a “los de arriba” que los vidrios y paredes no valen más que nuestras vidas, y que nuestros derechos no nos lo ha regalado el sistema, sino que históricamente se los hemos arrebatado.


A finales de diciembre pasado, por cuatro días y tres noches, mujeres de diversas latitudes, se concentraron para encontrarse. El lugar fue el mismo caracol que el año anterior. Pero colocaron más cocinas, comedores colectivos, lonas, templetes, micrófonos y bocinas, lugar para cargar los teléfonos celulares, basureros para separar la basura, reciclarla o reutilizarla, agua para beber y lavar trastes, etc. Así durante esos días, las zapatistas nos garantizaron la infraestructura y seguridad para la convivencia y la compartición de luchas y experiencias de las casi 4 mil mujeres que asistimos. Un reto para cualquiera, pero las zapatistas nos dieron, otra vez, una lección de autonomía de la organización de las mujeres y de su disciplina en la coordinación de aspectos políticos, de seguridad, logísticos y comunicación.


Desde la inauguración, en la voz de la Comandanta Amada, el 2019 se nombró como un año marcado por el incremento de las violencias machistas, pero también se reconoció que, a lo largo de él, las mujeres continuaron con procesos de acuerpamiento y sanación para convertir todo ese dolor y rabia en indignación y autoorganización, tejiendo redes, formando colectivas, reuniéndose con amigas o solidarizándose con otras mujeres para mantenerse seguras y con vida. Y también enfatizaron que en su territorio autónomo no ha sido asesinada ni una sola mujer en muchos años, que sí hubo casos de violencia contra mujeres, pero que se castiga o castigará a los culpables.


El discurso inaugural fue coronado por las jóvenes milicianas e insurgentas zapatistas que con su demostración representaron la defensa de la niña Esperanza. Es justo esa cosmovisión con la que los pueblos zapatistas han luchado desde su levantamiento, “nunca más un México sin nosotras”, y ahora, en este mar de violencia en el que las mujeres estamos sumergidas, gritar por nuestro derecho a la vida, tomar el salvavidas que otras mujeres avientan hacia nosotras y sobrevivir para exigir una vida digna, plena y libre de violencia.


A lo largo de tres días la diversidad se hizo presente y el llamado a reconocernos en ella fue permanente. Reconocer nuestros trabajos, esfuerzos, procesos, pero sobre todo nuestras diferencias. Ese ejercicio de escucha se vuelve fundamental en un momento en el que nuestras formas y métodos han tenido desencuentros que nos han confrontado en nuestras distintas realidades y en momentos coyunturales, en los que la prioridad tendría que ser mantenernos juntas.


El llamado al respeto y a escucharnos marcó la convivencia. Quienes se dejaron tocar por las otras probablemente encontraron coincidencias en los debates o las charlas en las carpas, la fila para compra de comida, los baños, las regaderas, con las habitantes de las casas de acampar vecinas, en la vendimia, las fiestas o en los múltiples círculos y espacios de convivencia entre nosotras y el diálogo con las zapatistas que fueron posibles durante el encuentro.





Las violencias nos atraviesan a todas


El eje del Segundo Encuentro fue el de la violencia. La realidad que vivimos y la experiencia de cada una de las mujeres que participamos, aunque distinta, se hila con las demás pues en nuestras vidas y cuerpos se expresa la violencia estructural.


Entonces, la idea fue escucharnos y aprender de todas las luchas, “no se trata de competir a ver cuál es la mejor lucha, sino de compartir y compartirnos”, “por eso te pedimos que siempre tengas respeto a los diferentes pensamientos y modos”, respetar otros dolores, rabias y otras luchas dignas, enfatizó la Comandanta Amada en la inauguración.


Por más de 20 horas, durante dos días, porque uno no fue suficiente, las asistentes de todas las edades, de distintas experiencias y geografías, tomaron la palabra y alzaron la voz para denunciar a sus violentadores y describir las violencias que han vivido y contra las que han luchado. Con un abrazo colectivo se recibió a cada compañera, después de compartir, muchas por primera vez, su historia de violencia, un abrazo que mostró la certeza de estar con las otras y que la historia de una es la historia de todas. Fueron crónicas de dolor y también de mucha fuerza en la lucha contra la impunidad; la violencia de Estado; intento de feminicidio; feminicidio; acoso sexual; violencia laboral; violencia política; violencia familiar; violencia económica; violencia psicológica; violencia patrimonial; y un doloroso etcétera.


También se escuchó la voz de Sacrisanta Mosso, madre de Karen y Erick Alvarado Mosso; Lidia Florencio, madre de Diana Velázquez Florencio; Araceli Osorio Martínez, madre de Lesvy Berlín Rivera Osorio; Patricia Becerril, madre de Zyanya Figueroa Becerril, Irinea Buendía Cortés, madre de Mariana Lima Buendía; Gilberta Mendoza, tía de Aideé Mendoza; Lourdes Arizmendi, madre de Norma Dianey García, y muchas otras mujeres que como ellas se han convertido en defensoras y que por años han levantado la voz por sus hijas por justicia y memoria.


La palabra es una fuerte arma de potencial político que las mujeres hemos buscado fortalecer siempre para transformar la realidad. Denunciar públicamente en este espacio también fue una forma de re encontrarse y encontrar en las otras apoyo y sororidad. Para quienes usaron el micrófono, los procesos de sanación que cada una necesita probablemente iniciarán o esto será parte de ella; pues se vuelve indispensable lograr llegar, en ese camino, a asumir también la responsabilidad con nosotras y entre otras dentro de este proceso.

Los cantos, las risas, las miradas, el acompañamiento y toda la complicidad generada en medio de y en camino hacia las montañas será una experiencia incontable. Una pausa en el tiempo que nos permite ver que otras formas de vivir y relacionarnos son posibles, pero que todas implican trabajo, organización, voluntad y constancia. Porque transformar la realidad requiere cambiar de raíz el sistema, buscar erradicar el capitalismo y el patriarcado, y esa tarea, si estamos dispuestas, será ardua e implicará de toda nuestra fuerza.

Escuchamos ese espacio de denuncia, como lo analizan las compañeras de Praxis, como la negación al estado actual del país. Y las propuestas que surgieron del diálogo, del encuentro, como la negación a la negación del sistema a actuar para erradicar las violencias, pues éstas fundamentan al sistema capitalista y patriarcal. La propuesta, como la afirmación para todas de que una transformación radical, social y política es posible.


Las propuestas y los acuerdos entre nosotras y con nosotras


El acuerdo del Primer Encuentro fue estar vivas. Y como año con año la violencia feminicida aumenta terriblemente, como consecuencia de un sistema capitalista y patriarcal que ha emprendido una guerra contra nuestras vidas, cuerpos y derechos. A más de un año del primer encuentro, y como dijeron las zapatistas, no hay buenas cuentas que dar sobre mantenernos vivas a todas, pues cada día nos arrebatan a 10.


Así que, durante el segundo día, en realidad durante todo el Encuentro, hubo charlas, mesas de trabajo y reuniones autoorganizadas por las mujeres asistentes para compartir las estrategias de nuestra lucha por la vida, en distintos campos, contra los megaproyectos, madres y familiares de mujeres víctimas de la violencia feminicida y de desaparición forzada, arte feminista, periodistas, abolicionistas, mujeres con discapacidad, maternidad, textiles, acoso laboral y familiar, pederastia, migración, violencia ginecológica y obstétrica, educación, salud. Las propuestas que surgieron de esos espacios fueron múltiples, en su mayoría operativas, como seguir comunicadas. También hubo una marcha encabezada por madres y defensoras; así como la presentación de dos videos para exigir justicia por el feminicidio de Diana Velázquez Florencio y la presentación con vida de Norma Dianey García García.


A la par de las denuncias y mesas de trabajo hubo, como en el anterior encuentro, pero en menor número, talleres de yoga, danza, plantas curativas y medicinales, defensa personal. Porque para las mujeres que luchan el autocuidado y la sanación es un acto político prioritario también.


El tercer día fue dedicado para las expresiones feministas desde la cultura, danza, teatro, música, bailes, video, pintura, murales, jugar futbol. Después de terminar el programa cultural daría inicio la exposición de las propuestas de las diversas mesas, seguido de la clausura, pero hubo fallas en la corriente eléctrica que no permitieron la escucha de las propuestas. Así que el punto de dar a conocer las propuestas que tengamos fue retomado por la Comandanta Yesica en el discurso de clausura.





La clave está en la organización


Entonces, la primera propuesta que leyó la Comandanta Yesica fue “que todas hagamos y conozcamos las propuestas según llegue en nuestro pensamiento sobre el tema de violencia contra las mujeres. O sea, propuestas de cómo hacer para parar este grave problema que tenemos como mujeres que somos”. Y adelantaron que tenemos un año para pensar y avanzar en las propuestas de cómo parar la violencia, para compartir estas ideas al siguiente año, 2020 en las montañas del sureste mexicano.


Sobre las denuncias compartidas durante el encuentro resaltaron la importancia del abrazo colectivo, pero también la necesidad que tenemos de verdad, justicia, libertad y vida, y eso, dijo, “tal vez podremos conquistarlo si es que nos apoyamos, nos protegemos y nos defendemos”.


Al finalizar esta propuesta las milicianas e insurgentas, que nos protegieron esos días, con sus arcos y flechas en mano repitieron el acto donde protegen y arropan dentro de una gran caracola humana a la niña Esperanza.


Así, la segunda propuesta fue que acudamos al llamado de toda mujer que pida ayuda. “Si cualquier mujer en cualquier parte del mundo, de cualquier edad, de cualquier color pide ayuda porque es atacada con violencia, respondamos a su llamado y busquemos la forma de apoyarla, de protegerla y de defenderla”, con todo lo que tengamos. Y para protegernos debemos estar organizadas, porque “si cada organización o grupo o colectivo de mujeres que luchan se mueve por su lado, no es lo mismo si es que se mueve con acuerdo y coordinación con otros grupos, colectivos y organizaciones”, leyó la Comandanta.


Por lo que la tercera propuesta fue que “todos los grupos, colectivos y organizaciones de mujeres que luchan que quieran coordinarse para acciones conjuntas nos intercambiemos formas de comunicarnos entre nosotras, sea por teléfono o internet o como sea”.


Finalmente, las zapatistas propusieron una acción conjunta de mujeres que luchan en todo el mundo para el próximo 8 de marzo de este 2020.


“Proponemos que ese día cada organización, grupo o colectivo haga lo que piense que es mejor. Y que cada quien portemos el color o señal que nos identifique, según el pensamiento y modo de cada quien”, pero que “todas llevemos un moño negro en señal de dolor y pena por todas las mujeres desaparecidas y asesinadas en todo el mundo. Para que así les digamos, en todos los idiomas, en todas las geografías y con todos los calendarios: Que no están solas. Que nos hacen falta. Que las extrañamos. Que no las olvidamos. Que las necesitamos. Porque somos mujeres que luchan. Y nosotras no nos vendemos, no nos rendimos y no claudicamos”.


Con estas propuestas de organización, unir la lucha y la voz, y de tejer redes entre todas nosotras para unir la lucha en la defensa de la vida, de nuestras vidas, finalizó el Segundo Encuentro, y antes de que la comandancia se retirara, las mujeres presentes gritamos “¡gracias, gracias, gracias!” y “¡viva el EZLN!


Después, esa misma noche algunas emprendimos el viaje en caravana de regreso a nuestras geografías para comenzar a preparar la resistencia para el 2020 y muchas otras se quedaron para la conmemoración del 26 aniversario del levantamiento del EZLN el 01 de enero y que sería la conclusión una serie de actividades políticas en la zona zapatista que incluyó el Festival de Cine Puy Ta Cuxlejaltic, el Festival “Báilate otro mundo”, el Encuentro en defensa del territorio y la madre tierra, y el Segundo Encuentro de mujeres que luchan.

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