#UNAMnoPaga: la consigna que empezó un movimiento contra la precarización laboral en la UNAM




Diego Luz

Profesor Adjunto de la Facultad de Economía de la UNAM


Una ola de paros en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) está poniendo en evidencia las condiciones laborales que permean a cerca de 30.000 profesoras y profesores de asignatura y ayudantes que trabajan para esta institución educativa; una realidad laboral que mantiene en condiciones de precarización al 74% del total de la planta académica de la UNAM.[1] Detonados por el tema de la falta de pago, pagos incompletos o descuentos excesivos (llegando a pagar dos pesos en una quincena) que se reportaron en varias escuelas, están impulsando la movilización de miles de estudiantes, profesoras y profesores de la UNAM


En el centro de esta movilización están las profesoras y profesores de asignatura y ayudantes quienes han comenzado a cuestionar los problemas estructurales que sostienen la precarización salarial, la falta de estabilidad laboral, las condiciones de trabajo, entre otras. La crisis sanitaria y la crisis económica han profundizado y hecho visibles las cargas de trabajo que sostienen el proceso pedagógico en la UNAM, las cuales son remuneradas por un conjunto de salarios que, 1) no pagan las horas efectivas que se necesitan para preparar las clases, pues solo se paga el tiempo frente a grupo; 2) no alcanza para comprar una Canasta Alimentaria Recomendada -que contempla 40 alimentos básicos-, pues de acuerdo con el reporte del CAM citado arriba, de 2001 a 2019 hay una pérdida acumulada del poder adquisitivo de poco más del 45%, esto quiere decir que si en 2001 se podían comprar un kilo de tortillas, ahora solo se pueden comprar 550 gramos con el mismo salario; 3) no aumentan con respecto al incremento anual de la inflación, es decir, cada año el salario base pierde poder adquisitivo; 4) está desagregado en un conjunto de prestaciones que si bien suman al ingreso quincenal, por otro lado dejan el salario base en un nivel muy bajo, lo cual nos enfrenta a una cotización baja para temas como pensiones o vivienda.


Entonces, a las cargas de trabajo y los niveles salariales se le van sumando un conjunto de complicaciones producidas por la modalidad de las clases virtuales, que también impactan directamente entre la comunidad estudiantil, principalmente lo que deriva del ritmo de trabajo que ha mantenido la UNAM para “recuperar” el semestre que se vio interrumpido por la declaratoria de emergencia sanitaria a nivel nacional -la cual duró de marzo a junio-. En siete meses, de septiembre del 2020 a marzo del 2021, hemos tenido dos semestres con dos periodos de descanso de quince días en año nuevo y en el cambio de semestre, en condiciones de incertidumbre e improvisando el uso de las plataformas virtuales para cubrir las actividades académicas. Cabe mencionar que en medio de estas condiciones complejas, como comunidad enfrentamos múltiples casos de contagios y muertes por COVID-19, además de la pérdida de trabajos en las familias de nuestras y nuestros estudiantes. La dimensión personal y de desgaste físico, psicológico y emocional es evidente.


Sería aventurado asegurar que ese es leitmotiv del movimiento de profesoras y profesores, sin embargo es parte del diagnóstico de las condiciones sociales que han posibilitado estos niveles de hartazgo, rabia, solidaridad, empatía que permea a la comunidad universitaria. Hemos acumulado tanto desgaste que la falta de pago a profesoras y profesores se convirtió en el movimiento que está en ascenso actualmente.


Estamos ante un movimiento de profesoras y profesores, expresión de los tiempos que transcurren y reflejo de la profunda crisis económica, sanitaria y social. No está escrito que por su propia dinámica el movimiento vaya a trascender a demandas que dignifiquen el trabajo académico, ni que logremos conseguirlas. Necesitamos participar activamente para conseguirlo y reconocer los retos que tenemos enfrente, tanto inmediatos como de largo plazo.


En lo inmediato, frente al periodo vacacional tenemos el reto de no desgastarnos -principalmente en las escuelas donde se mantendrán los paros- volver el lunes 5 de abril con mayor fuerza, creatividad y propuestas. Por otra parte, existe la necesidad de articular las demandas y propuestas que coinciden en los distintos pliegos petitorios existentes por escuela, es decir, tenemos el reto de conformar un pliego petitorio general que recoja las principales demandas y funcione como una plataforma de lucha.


Las demandas que comienzan a destacar se podrían concentrar en cuatro grandes grupos: 1) la demanda administrativa del pago inmediato y la regularización de los mismo; 2) la demanda de aumento salarial y aquellas propuestas que buscan fortalecer el salario base -integración de las prestaciones en el salario base, bono covid, etc.-; 3) la demanda de estabilidad laboral, que implica la basificación inmediata mediante medias plazas, tiempos completos, apertura de concursos, etc., aquí se ubica también la demanda de reconocer y remunerar al profesor y profesora adjunto/ayudante en las escuelas donde no existe esa figura; y 4) las demandas políticas que nos permitan apuntalar al movimiento, que incluyen democratización de las estructuras de gobierno, transparencia en el uso del presupuesto, erradicar cualquier tipo de violencia contra las mujeres en los espacios universitarios, ampliación de la matrícula, espacios universitarios libres de acoso, ampliar el acceso a la educación superior, pensiones dignas, entre otras.


A largo plazo, tenemos el reto de construir organizaciones que nos permitan mantener la lucha por defender, consolidar y obtener. Actualmente existen tres sindicatos en la UNAM: el Sindicato de Trabajadores de la UNAM (STUNAM), la Asociación Autónoma del Personal Académico de la UNAM (AAPAUNAM) y el Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores Académicos de la UNAM (SITTAUNAM); los cuales no bastan para darle cauce a las demandas del movimiento actual. El STUNAM no tiene la titularidad del contrato colectivo del personal académico y no tiene un posicionamiento para recuperarlo; el AAPAUNAM es el símbolo de un sindicato patronal que realiza negociaciones en favor de la política institucional y a espaldas de la mayoría del personal académico; recientemente se creó el SITTAUNAM como una apuesta organizativa impulsada por un conjunto de profesoras y profesores que nos enfrentamos a la precarización laboral, sin embargo, apenas se está en proceso de construcción, con la posibilidad de aparecer en esta coyuntura como una opción organizativa. Es necesario que frente a este reto de largo plazo se tomen en consideración por lo menos tres puntos de partida para un debate profundo sobre el tema organizativo: 1) la necesidad de construir organizaciones sindicales independientes, combativas y democráticas, pero también la necesidad de impulsar/apoyar los proceso de democratización al interior de los sindicatos existentes, no dejemos ningún espacio vacío; 2) la necesidad de recolocarnos como trabajadoras y trabajadores de la educación, reinventando así nuestras luchas a la luz de estas redefiniciones; y 3) la necesidad de revivir el debate sobre el modelo de universidad que necesita el pueblo actualmente, de cara a los tiempos de crisis que estamos viviendo.


A propósito de esto último, y para concluir, citemos las palabras que José Revueltas le escribió al movimiento estudiantil en 1968, siendo profesor de la Facultad de Filosofía y Letras y miembro del Comité de Lucha de la misma:


“Que nadie pretenda llamarse a engaño. No estudiamos con el propósito de acumular conocimientos estáticos y sin contenido humano. Nuestra causa como estudiantes es la del conocimiento militante, el conocimiento crítico, que impugna, contradice, controvierte, refuta y transforma, revoluciona la realidad social, política, cultural y científica. No se engañen las clases dominantes: ¡Somos una Revolución! Ésta es nuestra bandera.”

[1] Recomiendo ampliamente consultar el Reporte de investigación especial 135. El poder adquisitivo del salario de las profesoras y los profesores en la UNAM. 2001-2021 publicado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM el 24 de marzo del 2021. Puede encontrarse en el siguiente link: https://cam.economia.unam.mx/reporte-de-investigacion-especial-135-el-poder-adquisitivo-del-salario-de-las-profesoras-y-los-profesores-en-la-unam-2001-2021/